Charles-Geneviève-Louis-Auguste-André-Thimothée d’Éon de Beaumont, también conocido como Chevalier d’Éon o Mademoiselle Beaumont fue un diplomático, espía, oficial y una persona de letras al servicio de Luis XV, que despertó la fascinación de sus contemporáneos.

Destacó por sus misiones de inteligencia, decisivo para que Rusia pasara al bando francés al comienzo de la Guerra de los Siete años, pero especialmente se recuerda por el enigma que constituyó su verdadero género. Pasó sus primeros 49 años identificándose como hombre, mientras que a partir de 1777, pasó sus últimos 33 años como una mujer.

D’Éon vivió abiertamente como hombre y como mujer en Francia e Inglaterra en diferentes etapas de la vida, atrayendo el interés público y la atención de Corona francesa.

Charles-Geneviève d’Éon comenzó sus estudios en Tonnerre y en 1743 se traslado a París, a casa de su tío Michel d’Éon de Germigny, para continuar en el prestigioso colegio Mazarin,​ licenciándose en derecho civil y canónico en 1749, a los veintiún años y coinvirtiéndose según la tradición familiar en abogado del parlamento de Pría en 1748, con una dispensa de edad.​ Pensó entrar en las ordenes demostrando su talento en la equitación y la esgrima llegando a ser reconocido como uno de los primeros espadachines de Francia.​ Al mismo tiempo, escribió mucho y comenzó a publicar, en 1753, «Considérations historiques et politiques».

Chevalier d'Éon, el espía transgénero reclutado por Luis XV
Chevalier d’Éon, el espía transgénero reclutado por Luis XV

Además destacaba en lo social, creando una red de relaciones entre los cuales se encontraba el príncipe de Conti, primo de Luis XV, que le nombró censor real de Historia y bellas artes como responsable de la censura real. D’Éon se ganó especialmente el favor del príncipe, editando o haciendo, sus coplas y madrigales.

«Secret du Roi»

Charles-Geneviève d’Éon fue reclutado en el «Secret du Roi», un gabinete negro, creado por Luis XV, considerado como la primera estructura de servicio secreto verdaderamente organizada y permanente de Francia. Llevó a cabo una política exterior paralela a la diplomacia oficial y, en ocasiones, muy diferente a ella. Los demás consejos reales desconocían su existencia, incluido el de «Asuntos Exteriores». También en el extranjero, por supuesto.

El Chevalier d’Eon es, por tanto, considerado uno de los primeros espías franceses. Estos agentes eran libres de conseguir sus fines por los medios que eligieran, aunque fueran ilegales. El gabinete estaba encabezado por el Príncipe de Conti y luego por el Conde de Broglie. Entre ellos, el mariscal de Noailles, Vergennes, Breteuil y Beaumarchais.

Según algunas fuentes, el propio rey, conoció a d’Éon en un baile de disfraces mientras  llevaba la apariencia de una dama. Cuando se dio cuenta de que era un hombre, pensó que con este disfraz podría acercarse a la zarina Isabel I sin atraer sospechas. La misión de Chevalier d’Éon consistió en convencer a la soberana de formar una alianza con Francia. Bajo el nombre de Lia de Beaumont, logró acercarse a ella, se convirtió en su lectora y consiguió defender la causa francesa en la corte rusa con más eficacia que los embajadores oficiales.

D’Éon se convirtió rápidamente en amigo de muchos de los familiares de la zarina, así fue como poco a poco fue sumando consejeros anglófilos a la causa francesa, mientras que los diplomáticos franceses que llegaban en delegaciones oficiales eran recibidos con desconfianza y rechazo desde hacía meses.

Regresó a Francia con la noticia de que Rusia se uniría a la alianza franco-austríaca. Como oficial establecido, sirvió brevemente en la segunda mitad de la Guerra de los Siete Años, pero con la alianza franco-austríaca sufriendo pérdidas catastróficas, el rey le ordenó que se fuera a Londres para negociar los términos de un tratado de paz con los británicos.

Reel Philippe Luyt, descendiente de D’Éon, le contó a la BBC que «como Luis XV jamás esperó obtener la paz tras tal derrota, dijo: ‘No sólo D’Éon es mi mejor ministro secreto, sino también mi mejor oficial de la Guerra de los Siete Años’, y le dio la Cruz de San Luis». «En ese momento, y desde entonces, Charles D’Éon se convirtió en Chevalier D’Éon».

El 4 de octubre de 1763, D’Éon recibió una solicitud oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores francés para renunciar a su posición y regresar a Francia, pero se negó a hacerlo. Se quedó en Inglaterra y perdió su puesto diplomático, pero conservó el papel de espía y comenzó a chantajear al rey francés con ese rol».

Desde finales de 1777 en adelante Chevalier D’Éon comenzó a presentarse permanentemente como mujer

En 1770, comenzaron a circular rumores de que el exiliado Chevalier D’Éon era en realidad una mujer. Durante mucho tiempo, tanto en Reino Unido como en Francia, se venía especulando que Chevalier era mujer y la prensa británica estuvo plagada de historias sobre el verdadero sexo biológico del Chevalier y los corredores de apuestas de Londres incluso comenzaron a apostar por su género. Desde finales de 1777 en adelante comenzó a presentarse permanentemente como mujer.

En 1774, Luis XVI ascendió al trono deseoso de cesar el Secret du roi y limpiar la historia diplomática de su abuelo, así que finalmente empezaron las negociaciones entre D’Éon y la nueva corte francesa. A cambio de entregar sus documentos diplomáticos secretos, D’Éon exigió que el tribunal francés le proporcionara una pensión y lo reconociera oficialmente como mujer.

D’Éon quería ser reconocida como mujer, vivir como mujer, pero también conservar el derecho a usar el uniforme militar de un oficial francés, pues no le gustaba la ropa de mujer. El rey, convencido de que D’Éon era biológicamente mujer, aceptó los términos de D’Éon, pero con una condición. Luis XVI dijo: «Pagaremos por un ajuar pero tienes que vestirte esas prendas femeninas».

Encarcelamiento y exilio

En un homenaje en Versalles a Luis XVI, D’Éon se presentó vestido con un traje de Maria Antonieta, pero no se afeitó y se dejó puestas las botas, algo que a la gente le encantó, por lo que el rey le ordenó que nunca se quitara la ropa de mujer. D’Éon se negó y lo encarcelaron en Dijon hasta que cambiara de opinión.

Después de un año, D’Éon claudicó y lo exiliaron a Tonnerre como mujer por 7 años. D’Éon aceptó a regañadientes. Se ponía la ropa de mujer, pero también la medalla de San Luis, su más alto honor militar, lo que para un espectador del siglo XVIII era absurdo.

Tras años de exilio, finalmente le permitieron regresar a Londres, siempre que continuara con la vestimenta femenina y seguir teniendo derecho a recibir una pensión anual, algo que perdió cuando ocurrió la Revolución Francesa y todos los nobles perdieron sus pensiones. Aún así, D’Éon siguió vistiéndose con ropa de mujer porque así lo eligió.

En sus manuscritos autobiográficos no había duda de que era trans o transgénero. D’Éon veía la feminidad como algo que tenía que lograr, como una purificación moral.

Cuando se suspendió su pensión francesa anual y el dinero escaseó, D’Éon comenzó a hacer exhibiciones de esgrima vestida de mujer, asombrando al público y convirtiéndose en una celebridad.

Sin embargo, a pesar de la fama D’Éon murió en la pobreza en 1810, a los 81 años, tras haber vivido durante 15 años en Londres como mujer, compartiendo alojamiento con una amiga viuda, la señora Cole.

Cole encontró su cuerpo sin vida y al desnudarlo se asombró y se le escapó un grito de asombro al ver que tenía genitales masculinos normales. La anciana decidió que era necesaria la corroboración médica de su descubrimiento y llamó a un comité de expertos, incluido un anatomista, dos cirujanos, un abogado y un periodista, que examinaron el cuerpo y lo diseccionaron para determinar si podía haber alguna duda genuina sobre la masculinidad biológica del Chevalier.

Dibujo para dejar constancia del sexo de d’Eon

Antes de la disección, se llamó al artista Charles Turner para realizar un dibujo en el que se dejase constancia del sexo de d’Eon. No se sabe cuántas impresiones se hicieron de la placa, ni si estaba destinada a un público especializado o para la venta al público, pero fue entonces cuando el público europeo se enteró por primera vez de que la historia que creían cierta de hecho era la inversa de lo que pensaban.

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