Alrededor del 90% de los chinos son propietarios de su vivienda, y al menos el 20% posee varias viviendas.

Tom Clifford – A l’encontre

Los motores de la economía china se van quedando sin aire mientras buscan un impulso para salir del atolladero. El sector inmobiliario está endeudado. Los edificios de apartamentos vacíos, unos 65 millones de unidades en todo el país, lo que representa algo más del 20% de las viviendas en las ciudades chinas. Parece una burla a los millones de chinos que necesitan desesperadamente una vivienda mejor.

El Banco Mundial calcula que el 61% de la población china vive en ciudades, cuando a principios de siglo era del 36%. Es una sociedad propietaria. Alrededor del 90% de los chinos son propietarios de su vivienda, y al menos el 20% posee varias viviendas.

Además, se calcula que alrededor de 100 millones de propiedades han sido compradas, pero no están ocupadas. En octubre, los precios de la vivienda nueva bajaron un 0,2%, la mayor caída desde febrero de 2015. 1

El mercado está saturado y la población envejece, lo que significa que el número de viviendas recientes debía disminuir de todos modos antes de esta saturación. La construcción de viviendas contribuyó a impulsar la economía. Con la hostilidad creciente entre China y los EE.UU. y el giro hacia la empresa estatal en lugar de la privada, la vitalidad económica parece agotarse. Los grandes cortes de electricidad en las ciudades y los casos de Covid influyen también en este sentido.

El Covid frenó la demanda internacional de productos fabricados en China. Y el país ya no ofrece la respuesta a la pregunta: ¿de dónde vendrá el crecimiento mundial? En las ciudades chinas proliferan los servicios de mensajería, que reparten de todo, desde comidas calientes a medicamentos, con muchas horas de trabajo y bajos salarios. Pero eso significa que la gente gasta menos en las tiendas. El consumo disminuye.

En Pekín, hay mucho que admirar y apreciar de la vida. Las calles están limpias y son seguras y, para una ciudad de 21 millones de habitantes, el funcionamiento es más que eficiente. Pero, siempre hay un «pero», hay excepciones. La contaminación es un problema. Menos que hace cuatro años, pero sigue siendo un problema. Las librerías que venden libros de calidad, cerraron. La mejor de todas, Bookworm, en la zona comercial de San Li Tun, cerró hace un año. Por supuesto, las librerías no son un indicador económico evidente. Pero son un índice importante.

Las bicicletas eléctricas, que funcionan sólo con aplicaciones para teléfonos celulares, invaden las aceras, lo que obliga a los peatones a caminar por la calzada y a esquivar el tráfico. Un peligro extra que provoca accidentes y lesiones a cientos de personas por año. Las bicicletas eléctricas mal estacionadas en aceras muy transitadas son el problema evidente y actual de la inversión excesiva.

Según el Banco de Pagos Internacionales (BRI), la deuda de China se multiplicó por 13 en los últimos 15 años, alcanzando unas tres veces el tamaño de toda la economía. Una gran proporción de estos préstamos, alrededor del 30%, nunca podrá recuperarse. El PIB per cápita es de 10.500 dólares, aproximadamente una sexta parte del equivalente estadounidense.

Los Chicago boys se frotarían las manos ante la perspectiva de dejar enteramente libres las fuerzas del mercado, sabiendo que el pueblo no recibiría ningún beneficio de todo eso. Pero incluso una reforma económica limitada sería ferozmente rechazada por el presidente Xi Jinping, que la vería como una forma de pérdida de su control.

Más vale una economía más débil y un partido más fuerte, en su opinión. El milagro económico de China era sencillo. Liberar el capitalismo, con dientes y garras rojas. El sector estatal, derrochador de recursos e inversiones, sabe que es el modelo económico preferido de Xi. Cuatro décadas después de la reforma, la población sigue siendo relativamente pobre, sobre todo en el interior del país.

Las restricciones estadounidenses a las exportaciones están empezando a hacer mella. Las campañas de «autosuficiencia» pretenden remplazar las tecnologías extranjeras por alternativas caseras. Pero esto también podría significar un lastre para la economía.

Si la China no va a superar económicamente a Estados Unidos, Washington debe recalibrar y reaccionar en función de ello. Xi podría utilizarlo a su favor, pero de otra manera: una economía que se debilita puede necesitar una distracción. ¿El nacionalismo? Desde luego. ¿Una crisis en Taiwan? Es probable. Un país que pierde peso, en lugar de ser más fuerte, implica un desafío para el Occidente, y también para sí mismo. (Publicado en Counterpunch, 10-12-2021)

 

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