Desde la antigüedad, la relación entre ciencia y religión ha sido objeto de estudio y aunque algunos la han calificado como armónica, otros la consideran conflictiva. Las teorías del astrónomo, físico e ingeniero Galileo Galilei entraron en conflicto con la Iglesia católica y fue acusado de herejía por apoyar la teoría del astrónomo Nicolás Copérnico de que el Sol y no la Tierra, como dice la Biblia, era el centro del Universo.

En 1610, en su libro «El Mensajero Celestial», Galileo apuntaba a que era el Sol el que se encontraba en el centro del universo y alrededor de él giraban todas las estrellas y planetas, una teoría propuesta casi 100 años antes por Copérnico. La Inquisición condenó estas ideas por oponerse abiertamente a las enseñanzas de las Escrituras. A causa de esto, Galileo fue confinado, bajo custodia, en su villa de Arcetri hasta 1633. Ya ciego, pasó a Florencia, en donde siguió trabajando hasta su muerte en sus escritos.

El filósofo, matemático y astrónomo Giordano Bruno, que presentó sus teorías en cosmología acerca del modelo de Copérnico le valieron la condena a muerte enviándolo a la hoguera por herejía.

Religión en la escuela

Un perpetuo enfrentamiento entre ciencia y religión

Al pensar en un enfrentamiento con la Iglesia se viene también a la cabeza del nombre de Charles Darwin, cuya teoría proponía una nueva concepción que rompería con las ideas de la aparición de la vida en la Tierra y su desarrollo que se tenían hasta el momento, y en la cual señalaba que el hombre desciende del mono mientras la Iglesia consideraba que las especies fueron creadas por Dios.

Isaac Newton describió el Universo como «el sensorio de Dios», que sugería que Dios era el espacio y el tiempo mismo. Para el filósofo alemán Gottfried Leibniz investigar científicamente a Dios era abominable y por ello acusó a Newton de contribuir al declive de la «religión natural».

Las posturas filosóficas de Aristóteles acerca de la eternidad del universo y el papel de Dios en el mundo contradecían a las doctrinas de las religiones monoteístas. Las obras de Aristóteles jugaron un papel importante en la institucionalización, sistematización y expansión del concepto de razón que en la cristiandad se consideraba subordinada a la revelación, que contenía la verdad última y esta verdad no podía ser cuestionada.

Miguel Servet también fue perseguido por la Iglesia y condenado por negar la Trinidad de Dios al describir la circulación de la sangre y cómo se mezclaba con el aire en los pulmones. Después de ser capturado en Ginebra, fue enviado a la hoguera.

Lucilio Vanini, que hacía llamarse Giulio Cesare Vanini para protegerse de las condenas de la Iglesia y cuyos esfuerzos fueron en vano, había planteado la idea de que los hombres eran descendientes de los monos y que la inmortalidad del alma era algo poco pausible.

El médico, escritor, filósofo y astrónomo Pietro d´Abano difundió ideales que propiciaron varias acusaciones por parte de la Iglesia y, después de dos juicios por herejía y nigromancia, fue enviado a prisión, donde falleció años más tarde.

Ciencia y religión: el eterno negacionismo
Ciencia y religión: el eterno negacionismo

El negacionismo en nuestros días

Y es que el enfrentamiento entre ciencia y religión es un clásico que ha resurgido por la pandemia que estamos viviendo. Según el científico Carl Sagan, el primer defecto de la humanidad fue la fe y la primera virtud fue la duda.

La fe incita a la creencia en algo cuya existencia es indemostrable y la duda es lo que ha hecho que el hombre avance y progrese, pese el freno de la religión al avance científico.

La Iglesia católica a lo largo de la historia se opuso a las vacunas, la investigación médica, la higiene y rompiendo cuarentenas impuestas por médicos a los afectados por epidemias que se produjeron en Europa en el siglo XVIII, que consideraban castigos divinos.

Durante años la Iglesia se opuso a la vacunación de la viruela y como consecuencia murieron miles de niños. También rechazó el uso de profilácticos en África lo que contribuyó a la propagación del SIDA y provocó millones de muertos.

En pleno siglo XXI se siguen escuchando cosas como que la vacuna del coronavirus se hace con fetos abortados o que el demonio existe en plena pandemia, intentando llevar a cabo investigaciones para vacunas y curaciones.

Han sido muchos los mártires de la ciencia cuyo único crimen fue pensar distinto a los demás y cuyo destino ha sido el exilio, la cárcel o la muerte.