Unos quinientos de filipinos protestaron hoy contra la creciente presencia de China en su territorio, tras la incursión en aguas territoriales disputadas y la concesión de préstamos a Filipinas para proyectos de infraestructura.

Cientos de personas se congregaron frente al Consulado de China en el distrito de Makati, corazón financiero de Manila, con motivo del Día del Valor, en el que se conmemora la rendición durante la II Guerra Mundial de tropas filipino-americanas ante la ocupación de Japón.

La fecha se ha convertido en un símbolo de la resistencia del pueblo filipino a las fuerzas colonizadoras o injerencistas, un papel que para muchos desempeña China en la actualidad.

Los manifestantes marcharon pacíficamente hacia el consulado chino con carteles en los que se leía «China fuera», «Filipinas no está a la venta» o «Duterte traidor», ya que muchos filipinos acusan al mandatario de estar regalando el país al gigante asiático.

La marcha estuvo convocada por la plataforma «P1nas», formada por organizaciones de defensa de los derechos humanos, sindicatos, grupos ecologistas y varios partidos de la oposición, para reivindicar la defensa de la soberanía filipina frente a China, país hacia el que el presidente Rodrigo Duterte está orientando su política exterior.

«Filipinas no está a la venta. Filipinas es nuestra», clamó el secretario general del partido Bayan Munan, Renato Reyes.

La semana pasada, el Departamento de Asuntos Exteriores mandó una nota de protesta a China por la presencia de unas 200 pesqueros chinos cerca de la isla filipina de Pagasa, en las aguas disputadas del Mar de China Meridional, lo que consideraron «ilegal» y una «violación de la soberanía nacional».

«No es acertado decir que la guerra es la única opción para defender nuestra soberanía», indicó Reyes.

Aunque el clamor popular contra la presencia de China cada vez es mayor, incluso dentro del gobierno, el presidente Rodrigo Duterte alega que defender la soberanía filipina en esas aguas abocaría al país a una guerra y ha optado por recibir una generosa inyección de préstamos e inversión china.

Los manifestantes también protestaron contra los proyectos de construir dos grandes presas con financiación china, por su impacto ambiental, porque implica expulsar a indígenas de sus tierras ancestrales y por la «deuda desorbitada» que acarrearán.

El Tribunal de Arbitraje de La Haya atribuyó en 2016 a Filipinas la titularidad de varios territorios en ese mar, como el atolón Scarborough o parte del archipiélago Spratly, ocupados por China, que nunca reconoció el fallo y continúa su actividad en el área.

Exfuncionarios del Gobierno filipino interpusieron hace el mes pasado una demanda contra el presidente chino, Xi Jinping, ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de Lesa Humanidad y daño medioambiental por sus actividades en esas aguas, que afectan a miles de pescadores filipinos.