Joaquín N., y Elena Chercasova

Circassia es territorio situado en el Cáucaso abarcándolo casi en su totalidad, hoy en día comprende las repúblicas de la Federación Rusa de Karacháyevo-Cherkesia, Adigueya y Kabardi-Balkaria. Para casi cualquier lector occidental del siglo XXI el desconocimiento sobre estas tierras y estas gentes es casi total.

Este texto pretende hacerles un homenaje y situarlos, a mi juicio justamente, en el mapa de la historia política del mundo actual, nada más y nada menos, y seguramente otra asignatura pendiente de quienes amamos esas tierras que van de Europa oriental del Cáucaso a ambas orillas del Mar Negro.

Corría el año 1762 cuando el Zar de Todas las Rusias Alejandro II día tras día tenía que escuchar las siguientes reflexiones: “Oriente debe pertenecernos por derecho. Debemos no relajar nuestras actividades en esa dirección las puertas de Asia deben estar en nuestras manos y al tomar posesión de ellas tomaremos la parte más importante del mundo, Gran Bretaña es la dueña de los mares y esto aísla a la Madre Rusia, debemos tomar la costa del Mar Negro, el Bósforo y los Dardanelos. El Cáucaso debe ser nuestro por completo.”

Este planteamiento de la real politique germana va a desencadenar los mayores genocidios cometidos por todos los imperios coloniales. La mayoría los conocemos y nos repugnan. Situamos sin dificultad las limpiezas étnicas en América Latina, los nativos de América del Norte, en la India a manos de Gran Bretaña o en África, pero se nos escapó uno, que quizás sea el más sangrante de todos: la limpieza étnica sistemática del Imperio Zarista en el Cáucaso y especialmente sobre el pueblo circasiano, posiblemente el pueblo peor tratado por la historia y al que más se le debe colocar en su lugar por los historiadores.

Si el mundo le debe mucho a estas gentes, Rusia en especial muchísimo más. La fecha inicial del conflicto es difícil de definir, los primeros registros de hostilidades se empiezan a documentar sobre el año 985 cuando fuerzas rusas al mando del príncipe Sviatoslav invadieron la región. Son varias la teorías históricas que argumentan el principio y duración del conflicto. El historiador A.A Gaspari indicara que el conflicto realmente abierto con el fin de la conquista total de las tierras del Cáucaso para el Imperio ruso comenzara en 1817 con la llegada del general ruso Aleksei Yermolov aunque ya en 1763 como indicamos antes los planes de la Rusia zarista eran claramente anexionarse la región para tener el control de la rivera oriental del Mar Negro.

Conviene aquí indicar otra de las falacias que han llegado hasta nuestros días sobre el pueblo circasiano:  su supuesto islamismo radical y la niebla provocada desde la propaganda rusa, antes y ahora, de una guerra de religión, pues a pesar de que el pueblo circasiano en parte practicó y practica el islam, hoy en día, sobre todo porque gran parte de su diáspora está en países musulmanes. No abandono nunca su religión o mejor dicho sus creencias basadas en un código moral muy estricto, en el cual los antepasados son sagrados y sus enseñanzas y conductas deben ser imitadas, este conjunto de creencias se llaman Habza y poco tienen que ver con las religiones monoteístas mayoritarias, en todo caso encontrara el lector interesado varias páginas circasianas, sobre todo publicadas desde la diáspora que generalizan al pueblo entero y sus 12 diferentes tribus, como musulmanes sunnís, definición a mi juicio demasiado arriesgada y hasta poco veraz.

La realidad del mundo circasiano contemporáneo se ha formado, pues, en medio de grandes eventos geopolíticos, como el constante conflicto entre los Imperios Ruso y Otomano en los siglos XVIII y XIX, la Revolución Bolchevique, la caída del Imperio Otomano, la Segunda Guerra Mundial y el conflicto del Oriente Medio, entre otros. Lo que ha servido para utilizar a estas gentes a favor o en contra según conviniera al Estado poderoso de turno sin importar realmente cual era la esencia, la historia y la antiquísima cultura de este pueblo.

Volviendo al drama del genocidio debemos situarlo en un contexto histórico de lucha de Imperios coloniales donde el exterminio de cualquier grupo étnico que mantuviera una oposición activa a la potencia imperial era básicamente atacado hasta poder asimilarlo y si no era posible simplemente destruido sin importar vidas de niños, mujeres ancianos. Esta lógica del genocidio sobre pueblos no europeos se aconteció prácticamente por todas las potencias coloniales durante el siglo XIX. En el caso particular que nos ocupa el de este valiente pueblo del Cáucaso la lógica establecida desde Moscú fue la normal. Acoso a los grupos más beligerantes, intento de pacto con los caudillos posiblemente más fáciles de corromper, asimilación de la mayor parte posible del pueblo a someter, repoblación de las tierras con colonos rusos, favorecer el mestizaje entre los circasianos y otros pueblos caucásicos y rusos y por último imposición de una cultura eslava empezando por la persecución del idioma y de las tradiciones circasianas.

El punto culminante del conflicto se dará en Sochi, en «La Colina Roja de Sochi», donde los últimos jinetes circasianos que seguían combatiendo al Imperio Ruso cayeron en combate como solo los guerreros de un pueblo legendario pueden hacerlo. Hoy ni una placa, ni una estatua, ni un calle lleva el nombre del recuerdo de aquella gesta de hombres contra cañones. Para mayor escarnio el Gobierno de Putin perdió la ocasión de recordar aquella gesta cuando organizo la Federación Rusa los Juegos Olímpicos de invierno. Mas de 500.000 víctimas es la cifra más optimista de aquellos tiempos de barbarie y 4 millones la más pesimista. Hoy día parece no importarle a nadie o a casi nadie, ancianos, curiosos e investigadores y poco más, si acaso a algunos enemigos de la Rusia actual para sacar partido político.

Lo cierto es que quien no abre sus armarios y ahuyenta los fantasmas de su pasado jamás será libre para mirar al presente y al futuro con dignidad. Rusia se lo debe a estas gentes que merecen su lugar en la historia no como aliados de rusos, turcos, musulmanes o cristianos, sino como el pueblo antiguo, culto y orgulloso que fue y es, de esto último doy fe.