El discurso de Díaz Ayuso, el que puso el nexo y unión entre la Navidad y «nuestra cultura», como bien expone Ángel Munárriz, “acaba entroncando –lo hiciera Ayuso adrede o no– con un discurso de la derecha ultranacionalista que ha convertido la “civilización occidental” en su fetiche».

La idea, ya anticipada por la derecha de Trump, Salvini o Le Pen, pretende una protección de la cultura católica, pretendida como garante de lo occidental.

Al respecto el periodista, Munárriz, expone citando al filósofo Reyes Mate, que el discurso de Ayuso entronca con la “identificación entre lo nacional y lo religioso, ingrediente básico de la histórica delimitación de las dos Españas». A lo que el historiador Alejandro García San Juan lanza: “Estamos ante una herramienta conceptual para un discurso supremacista. Se trata de remarcar la superioridad de una civilización sobre las otras”.

Trump, Salvini, Le Pen… La derecha

Expondría Laclau que la «civilización occidental» es el significante del que se ha apoderado la derecha para hacer gala de este pujante nacionalismo esencialista que hace fortuna en Estados Unidos, Europa y España.

Esta deriva nacionalcatolicista de defensa de valores occidentales es la vertebración de un ataque frontal hacia la idea de islamización de la sociedad. Munárriz afirma que según esta idea «los blancos católicos están en trance de ser sustituidos, siguiendo un plan deliberado alentado por las ‘élites globalistas’, por árabes, subsaharianos y población de otras etnias».

“Quieren destruir todo lo que simbolice la civilización cristiana occidental. Levantaremos todo aquello que la barbarie destruya”, tuiteó VOX en julio tras el incendio de una catedral en Francia. Era una acusación, sin explicitarlo, contra los islamistas, objetivo prioritario de los mensajes en esta línea.

«Santiago Abascal es un asiduo», afirma Munárriz, quien en su labor periodística suele centrar sus reportajes en lo que hace el partido derechista. “La civilización occidental no se entiende sin la espiritualidad cristiana, la filosofía griega y el derecho romano”, declaró hace algo más de un año a La Tribuna del País Vasco.

De este modo estaría exponiéndose la idea de que la «civilización occidental», entendida como católica, evocaría  la idea de progreso y que por ello debe ser protegida.

Sin embargo, matiza Munárriz, «civilización occidental puede administrarse con distintos fondos y formas. Pero los contornos son siempre similares: hay una “civilización”, término que evoca progreso y orden, que tiene raíces cristianas y debe ser protegida. No todas las ramas de la derecha que utilizan el término ponen la misma concreción en señalar quiénes encarnan esa teórica amenaza a la “civilización occidental” que obliga a su protección, ni tampoco idéntico énfasis en cargar contra los mismos. Lo coincidente es la necesidad de esa preservación».

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Supremacismo de la derecha

Alejandro García Sanjuán, profesor titular de Historia Medieval, explica a Munárriz que «estamos ante una herramienta conceptual para un discurso de carácter supremacista, porque de lo que se trata es de remarcar la superioridad de una civilización sobre las otras”.

La idea es que “siempre se busca un enemigo. Antes era el comunismo, ahora el Islam, que te permite remontarte a las cruzadas para fundamentar el supremacismo cristiano occidental”, señala.

Mate recuerda que, por la historia de España, los discursos reduccionistas sobre la identidad española deben ser objeto de especial atención. “Siempre ha habido dos Españas, porque hay una que no reconoce como española a la erasmista, liberal, republicana o roja. Ese no es español. España sólo es España cuando lo español y lo religioso se confunden para negar la españolidad al árabe, el moro y el judío, aunque estuvieron incluso más tiempo aquí. Se acaba excluyendo del ser español al no cristiano. Por eso se expulsa al judío y luego al morisco”.