COESPE



Ante el Día de la Madre que se celebra el día 5 de mayo, queremos aprovechar para valorar a todas las madres y abuelas, para reconocernos todos los sacrificios y luchas que hemos tenido que realizar en todos estos años para lograr derechos que nos han robado posteriormente y que ahora intentamos recuperar, pero sobre todo queremos reconocernos valientes como mujeres.

Queremos recuperar el carácter reivindicativo de este día que, allá por 1870, se instauró por defensoras de los derechos de las mujeres en una proclama pacifista que comenzaba con “Levántense, mujeres de hoy”.

Nadie nos ha regalado nada. Cada derecho logrado ha sido a costa de nuestras luchas y, por eso, hoy no queremos seguir siendo tratadas como mujeres esclavas cuya única misión en la vida es servir y cuidar a unos hijos o a un marido, no queremos ser mujeres sumisas

Hoy el día de las madres se ha convertido en un día de consumo. Cada año, nos someten a un bombardeo de propaganda, es el día perfecto para vender todo tipo de productos; se instauró que ese día tus hijos o tu compañero sentimental te hace un regalo, que normalmente estaba y está relacionado con las tareas de cuidados, electrodomésticos “para hacer tus tareas domésticas más fáciles” o perfumes y productos mal llamados de belleza, porque después de 24 horas de trabajo tienes que seguir “guapa”, o flores, normalmente regalo de aquellos que no se acordaron de que tenían que regalar o no tuvieron tiempo.

Y nosotras, mujeres pensionistas, decimos ¡basta! Nos hemos levantado y estamos luchando por tener vidas dignas; ya no pueden seguir tratándonos como objetos para desarrollar el consumo, ya no nos conformamos con un día y el resto del año a seguir explotadas y oprimidas en una sociedad desigual. Ahora el regalo que queremos es la eliminación de la brecha en las pensiones y, como sabemos que eso no nos lo regalan sino que tenemos que luchar por conseguirlo, lo que le pedimos a nuestros hijos y compañeros es que nos acompañen en esa lucha.

Qué mejor regalo que acabar con las dobles y triples jornadas de trabajo. Que el Estado asuma su corresponsabilidad e implante medidas como la atención de 0 a 3 años en un sistema público y gratuito. Qué mejor regalo que en vez de una lavadora, los hombres aprendan a usarla, que los cuidados y el trabajo doméstico sean repartidos entre todas las personas que viven en la misma casa.

Qué mejor regalo que acabar con la precariedad laboral que nos aboca a la pobreza. Si elegimos ser madres queremos que no se nos castigue, que no tengamos que renunciar a nuestros trabajos, si no queremos. Llevamos mucho tiempo presentando trayectorias laborales más cortas, bases de cotización más bajas, trabajos peor remunerados, e interrupciones en las edades asociadas con la maternidad y el cuidado de los hijos, produciéndose lo que se denomina Brecha de Género. Toda esa desigualdad también condiciona los subsidios por desempleo e irremediablemente, la jubilación.

Que mejor regalo que el millón de mujeres mayores de 65 años que carecen de pensión, aquellas que tienen una pensión no contributiva que no llegan ni a los 500€, las viudas que subsisten en su mayoría con la mitad de lo que cobraban sus maridos, tengamos todas una pensión digna que nos permita vivir dignamente los 365 días del año.

¡Hoy no me regales flores, regálame igualdad y dignidad!

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