Por Hernando Calvo Ospina

Colombia es un régimen en guerra permanente contra su población desde comienzos del siglo XIX. Ello empezó apenas el venezolano Simón Bolivar dejó el poder en Bogotá, al verse traicionado y en camino de ser asesinado. El había dado la libertad a Colombia, entre otras tierras, luchando junto a sus tropas de bravos harapientos, casi todos venezolanos, hasta expulsar a la corona española…

Antes que ningún otro estado en América Latina, la dirigencia política y la iglesia Católica empezaron a instaurar leyes represivas para perseguir al «comunismo» : hablo del año 1920.

Pero mirando sólo desde los años sesenta del siglo pasado se puede decir que sin necesidad de dictaduras, Colombia, siempre bajo la égida de EEUU, instauró la Doctrina de la Seguridad Nacional como ninguna otra nación en el continente. El presidente Kennedy, cuyo gobierno la conceptualizó y expandió, felicitó admirado al colombiano por su capacidad para adaptarla. Esa estrategia de acabar con el «enemigo interno», con la oposicion política, sigue vigente. Y bajo ella, por ejemplo, léase bien y disculpen la comparación: cada presidente colombiano después de 4 años de gobierno deja más muertos y desaparecidos por motivos politicos que todos los que hicieron EN SU CONJUNTO Y DURANTE 16 AÑOS, las dictaduras que instauró Estados Unidos en Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Argentina.

Desde crematorios hasta criaderos de cocodrilos han sido creados para desaparecer a dirigentes comunitarios. No hay otro país en el mundo donde se hayan encontrado fosas comunes con más de 2000 personas cada una: ni los nazis lo lograron.

Los grupos paramilitares hacen parte del régimen colombiano desde hace seis décadas. Perfeccionados por especialistas israelíes, ingleses y estadounidenses en los años ochenta del siglo pasado, fueron y siguen siendo financiados con dinero del narcotráfico. Ellos se encargan de hacer el «trabajo sucio» del ejército y de «limpiar» las zonas campesinas de posibles opositores a las transnacionales y terratenientes, que se apoderan de los inmensos recursos estratégicos .

Colombia es el principal productor y exportador de cocaína del mundo, a pesar de estar invadida por tropas estadounidenses que llegaron con el pretexto de combatirla. Mientras Estados Unidos es el principal consumidor y sus bancos que quedan con el 95% de las ganancias de ese billonario negocio.

Aún así se sigue repitiendo que Colombia es la más vieja democracia de América Latina. Claro, regularmente hay elecciones, y como por encanto ellas cierran los ojos de la realidad.

Me han pedido de hacer un texto dirigido al presidente Iván Duque o a la «Comunidad internacional» sobre la actual represión (que se trasladó a las ciudades pues siempre se ha focalizado en el campo), pero no puedo. El motivo es simple: no logro mantener la sangre en su calor normal al escribir cuando conozco esa realidad y sus raíces (como tampoco puedo mantenerla ante las agresiones a Cuba, Venezuela o tantos otros países). Me queda imposible utilizar términos «socialmente aceptables».

Además, no es a esos politiqueros mafiosos y asesinos colombianos a quienes se debe dirigir cualquier protesta, pues ellos son simples mayordomos: es al presidente de Estados Unidos, por ser el primer y verdadero responsable. Él es quien manda en Colombia.

Muchas gracias por habérmelo propuesto. Muchas gracias por lo que puedan hacer por ese pueblo que, a pesar de la terrible represión, incluida la económica, lucha cada día y de todas las formas. Ah, hablo del pueblo, pueblo, no de la mayoría pequeña burguesa en las ciudades, la que sólo de vez en cuando siente lo que es la violencia estatal, pero está lista para señalar los «desmanes» de la plebe.

Y para terminar les digo: la propuesta de reforma tributaria ha sido la gota que derramó al vaso. Esos millones de pobres, en un país inmensamente rico, ya no soporta más el tener que escoger entre muy poco o nada: tiene muy poquito a perder.

La ciudad que más se ha levantado enardecida y que la terrible represión y los crímenes de las fuerzas estatales quiere acallar, es Cali, al suroccidente del país. Para «calmar»  las protestas han enviado contingentes enteros de militares, además de los miles ya existentes. El comandante del ejército en persona dirige los «operativos». Aunque sería raro, quizas han estudiado la historia del país y saben que en esa ciudad se dio el primer grito de independencia y empezó la guerra para expulsar a la corona España.

Esa fue la primera independencia…

Por Hernando Calvo Ospina

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