Caminando por las grandes ciudades de occidente puede ser fácil caer en el error de creer que todas las personas de este mundo cuentan con las mismas comodidades digitales: acceso libre a dispositivos inteligentes, a internet, a redes sociales y a la información; pero la brecha digital es una problemática que afecta a buena parte de la población mundial.

En especial, en países en vías de desarrollo. La brecha digital es la distancia creada por las desigualdades que existen entre las personas que tienen acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y las que no.

A modo ilustrativo, en enero de 2022 unas 4.95 mil millones de personas en el mundo contaban con acceso a Internet, lo que representa un 62.5% de la población mundial; eso quiere decir, también, que alrededor del 37.5% de las personas aún vive por fuera de Internet.

La brecha digital refiere también a la calidad de las TIC. Un ejemplo de esto es el acceso a Internet de alta velocidad: cientos de millones de personas cuentan con conexiones deficientes, demasiado lentas como para aprovechar debidamente las oportunidades de educación, crecimiento y trabajo que existen en Internet (si quiere medir el rendimiento de su propia conexión, puede hacer un test de velocidad de Internet).

Es en este contexto que la gobernanza electrónica se vuelve no solo un elemento innovador del que los gobiernos pueden hacer uso, sino un gran camino hacia la reducción de la brecha digital.

La gobernanza electrónica como solución

El término gobernanza electrónica hace referencia a la aplicación e integración de las TIC en las políticas, proyectos y procesos de la administración pública, tanto en el sentido de los servicios ciudadanos, como en el desarrollo de infraestructura.

La clave de cómo puede la gobernanza electrónica ayudar a cerrar la brecha digital se encuentra en dos factores fundamentales: el primero, el más acuciante, es la infraestructura; el segundo, la integración.

Los gobiernos deben apostar por proyectos, públicos y privados, de desarrollo y fomento de la infraestructura necesaria para que los servicios de Internet y de telecomunicaciones, como los prestados por empresas como Vodafone o Telmex, lleguen incluso a las zonas rurales más aisladas y relegadas.

A su vez, las políticas de los gobiernos deben estar orientadas a facilitar la integración de las personas al otro lado de la brecha digital, ya sea a través de programas educativos de capacitación y formación en el manejo de TIC, como a través de políticas de fomento económico para facilitar el acceso a estas tecnologías.

La brecha digital es una problemática social que influye directamente en otros tipos de brechas, como la educativa y la socioeconómica. Si bien la pandemia de Covid impulsó el desarrollo de la gobernanza electrónica, también dejó en claro que aún queda mucho camino por recorrer.

La inversión en las diferentes áreas de la gobernanza electrónica será clave en el desarrollo de sociedades más equitativas y menos excluyentes, con acceso global inmediato a servicios públicos y con una población más integrada y democratizada.

DEJA UNA RESPUESTA