Una encuesta de la Conferencia de Superiores de Alemania de la que se ha hecho eco Religión Digital expone que 1.412 personas sufrieron abusos sexuales a manos de frailes y monjas durante décadas en el país. Los resultados del informe sobre abusos sexuales en la vida religiosa fue presentado este miércoles en Bonn.

Durante la presentación del informe han participado tres cuartas partes de las 392 comunidades religiosas alemanas. Un tercio de las respuestas confirmaron las acusaciones de abusos. En medio centenar de comunidades hubo menos de cinco denuncias, en unas 20 se produjeron más de diez y en algunas se dieron más de un centenar, lo que hace suponer la existencia de depredadores sistemáticos en los centros religiosas.

«Sí, hermanos y hermanas de nuestras comunidades han cometido abusos sexuales», indicó la presidenta del DOK, la hermana Katharina Kluitmann, quien admitió la existencia de errores a la hora de lidiar con los abusos.

654 religiosos fueron acusados de abusos, la mayoría fallecidos ya. Se dieron en un 80% de los casos en congregaciones masculinas, y un 20% entre la vida religiosa femenina. Los religiosos se han comprometido a reconocer a las víctimas con un pago de entre 25.000 y 30.000 euros.

Estas cifras que muestran una actuación sistemática y encubierta en el país europeo, tal y como ha ocurrido también en EE.UU., Australia o Chile, por poner un ejemplo.

Es lamentable que muchos de los casos salgan a la luz pública varias décadas después de los hechos, cuando los criminales religiosos han fallecido o tienen una edad avanzada, tras una vida de abusos. Las demandas ante las autoridades han sido hechas también contra la jerarquía católica, quien en muchas ocasiones obstaculiza las investigaciones, además de no reportar y de hecho encubrir a los sacerdotes pederastas, trasladándolos de las parroquias para evitar su detención y juicio.

El papa Francisco publicó una carta dirigida «al Pueblo de Dios» el 20 de agosto de 2018 en la que condena los abusos sexuales cometidos por los sacerdotes. «Se necesita urgentemente que los culpables rindan cuentas, no solo los que cometieron esos crímenes, sino también aquellos que los cubrieron», señalaba. Les queda mucho por trabajar en ello.