Las primeras personas españolas antifascistas fueron aplastadas en la unión de dos dictaduras que les consideraban indeseables y gente a la que había que exterminar.

¿Cómo se llora a seis millones de muertos? ¿Cuántas velas se encienden? ¿Cuántas plegarias se oran? ¿Sabemos cómo recordar a las víctimas, su soledad, su impotencia? Nos dejaron sin dejar rastro, y nosotros somos ese rastro. Contamos esas historias porque sabemos que no escuchar ni desear saber lleva a la indiferencia, y la indiferencia nunca es una respuesta.

Se estima que en el País Valencià unas 631 personas sufrieron el horror del nazismo, pasando muchas de ellas por diversos campos de concentración: 166 personas procedentes de la provincia de Valencia, 11 de Alicante y 107 de Castellón son las que se conocían en 2018, aunque la cantidad aumentó a 631 en 2020 gracias a algunas investigaciones. No obstante, las cifras pueden seguir aumentando, ya que se sigue investigando al respecto.

Al ganar el genocida Francisco Franco la guerra y querer liquidar sin miramientos a quienes consideraba que sobraban en su nueva España, los vencidos, miles de estas personas huyeron a Francia, donde fueron capturadas y deportadas. En la Alemania nazi se les conocía como “Rotspanienkämpfer”, ‘combatientes de la España roja’.

En primer lugar llegaron a Francia, donde fueron enviadas al campo de concentración de Argelès-sur-Mer. Cuando las personas allí recluidas empezaban a estar hacinadas, el Gobierno francés construyó otro campo de concentración cerca de allí, en Rivesaltes, a unos 40 km de Argelès. Comentamos la historia del campo de Argelès con profundidad en este artículo.

A Rivesaltes fueron a parar los vencidos y quienes debían ser exterminados. Se les unió gente de las Brigadas Internacionales, personas gitanas, judías y personas catalogadas como indeseables por su orientación sexual o sus creencias. Entre 9.000 y 12.000 personas fueron enviadas a campos de exterminio nazi; 65 de cada 100 de ellas perecieron en ese horror.

La gente procedente de España no acabó allí por pura casualidad ni simplemente por ser apresada y considerada indeseable: terminó allí por orden de Franco. Al ser muchas de estas personas españolas apresadas en Francia se les preguntó a Franco y a Serrano Suñer —cuñado de Carmen Polo, esposa de Franco, y uno de los artífices del régimen franquista— qué querían que se hiciera con ellas. Estos apresados españoles eran considerados por el régimen franquista como personas sin nacionalidad legal, apátridas, por lo que ambos determinaron que podían hacer con ellos lo que quisieran y acabaron todos ellos y todas ellas en campos de concentración nazis, señalados con un distintivo formado por una letra ’S’ sobre un triángulo azul.

Estos exiliados españoles fueron refugiados, posteriormente deportados y finalmente llevados al exterminio, asesinados. Los pocos supervivientes quedaron con secuelas de por vida pero no cesaron en contar su historia. Muchos de ellos incluso continuaron luchando. Eran luchadoras y luchadores por la libertad y por la democracia, lucharon defendiendo lo que creían correcto y fueron víctimas de dos grandes genocidas, Franco y Hitler. Las primeras personas españolas antifascistas fueron aplastadas en la unión de dos dictaduras que les consideraban indeseables y nada más que gente a la que había que exterminar. Por eso los supervivientes no pudieron volver a España tras su liberación: la España franquista no les quería en la península; les quería lejos, callados y subyugados.

El campo de exterminio adonde fueron a parar más españoles fue el de Mauthausen-Gusen, en Austria. Catalogados por el régimen franquista como apátridas, sin nacionalidad legal, fueron encarcelados en este campo y marcados con el triángulo azul para ser identificados por los nazis.

Pilar Lucas es sobrina de Manuel Lucas Martínez, asesinado en Gusen. Como ella misma dice, “es una herida abierta porque sabes el sufrimiento que padecieron, ese dolor que vivieron. Solo tenía 23 años, Manuel fue capturado por los nazis y pasó por varios campos de prisioneros hasta que, finalmente, lo metieron en un tren para llevarlo a Mauthausen. Una vez allí le dieron el número 4153 y solo cinco días después, estando gravemente enfermo, lo trasladaron al matadero, que se conocía así al campo de Gusen. Ahí se llevaban a los más enfermos para que acabaran de morir. Luchó por su vida muchos meses pero al final murió de una neumonía”.

Muchos españoles fueron asesinados en esos campos, muchos murieron a causa de todas las penalidades que enfrentaban. Los españoles eran resistentes, aunque ante tantas penurias y el terror constante resultaba complicado sobrevivir. Como dijo el comandante nazi Franz Ziereis: “Los españoles eran más difíciles de matar”.

Francisco Aura fue uno de los 22 alcoyanos deportados a un campo nazi. El superviviente Aura dijo en su día: “Sigo con pesadillas, no hay día que duerma y no piense en el campo. Sufrimos palizas, humillaciones; mucha, mucha hambre; ver morir a compañeros”. Él fue el preso 4208, número que le tatuaron en su antebrazo a su llegada al campo.

Entre los presos, sometidos a trabajos forzados, en ocasiones hasta su muerte, se encontraban muchos republicanos del País Valenciano. A estas personas se les rinde hoy en día homenaje gracias a la Conselleria de Participació, Cooperació, Transparència i Qualitat Democrática de la Generalitat Valenciana, de la mano de la consellera Rosa Pérez Garijo, mediante el proyecto ‘Construint Memòria’. Como dice Rosa Pérez: “El proyecto ‘Construint Memòria’ lo que quiere fundamentalmente es rendir homenaje a estas personas que lucharon por nuestros derechos, nuestras libertades y que durante muchos años han estado olvidadas”.

La consellera hace hincapié en que “es increíble oír muchas veces las historias de las familias, cómo en algunos casos tardaron muchísimos años en saber que sus familiares habían estado en los campos de concentración y habían fallecido allí porque no tuvieron derecho a nada. Entonces, es un reconocimiento a estas personas, a las que les debemos tanto; y, aparte del reconocimiento, que se sepa lo que pasó y lo terrible que es el fascismo, lo que llegaron a vivir. Más de dos tercios, de hecho, no salieron de allí”.

Foto: GVA Participació

‘Construint Memòria’ es una vía al recuerdo y al honor de quienes fueron represaliados o represaliadas en campos de concentración por defender la democracia y la libertad. “Lo que siempre digo, y no solo yo, es que la memoria es la mejora garantía de no repetición y que los pueblos han de conocer su historia”, añade Rosa Pérez.

Los taulells de la memòria son azulejos que ostentan el nombre de todas las personas castellonenses, valencianas y alicantinas que perdieron su vida en los campos de la muerte. En cada taulell de la memòria se indica, de arriba a abajo, el nombre de quien fue víctima de un campo de concentración, el lugar y el año en que nació, el campo al que se le envió y sus fechas de internamiento y de su muerte, terminando con el reconocimiento, en lengua valenciana, “La Generalitat le reconoce su lucha por la libertad y su defensa de los valores democráticos por los que fue víctima de la barbarie”, precedido todo ello por el logotipo de la Generalitat Valenciana.

Recordemos que este proyecto ha librado ya 425 taulells de la memòria en 157 pueblos de 20 comarcas. En los actos de entrega de los mismos, Iñaki Pérez Rico, director general de Calidad Democrática, Responsabilidad Social y Fomento del Autogobierno, y Rosa Pérez Garijo, consellera de Participación, Transparencia, Cooperación y Calidad Democrática, tratan de personarse en los correspondientes municipios para repartir los taulells, de forma que los Ayuntamientos puedan instalarlos en un lugar honorífico de su localidad, propiciando así que la sociedad conozca los motivos del sacrificio de estas personas.

Foto: GVA Participació

Todos los familiares de personas represaliadas en campos de concentración coinciden en su pensamiento, consideran muy necesarios estos gestos de memoria y respeto. Como dice Paquita: “Se merecen este homenaje. Fueron abandonados por la España franquista y pasaron penurias y un sufrimiento sin igual, esto nos ayuda a ver que su muerte sirvió para recordar que la gente que luchó por la libertad murió injustamente”.

Este proyecto se engloba dentro del marco de la lucha por la memoria democrática, una causa considerablemente necesaria en la sociedad actual en que se propagan con suma facilidad los discursos de odio. A través de este proyecto social se analiza lo que ocurrió en los campos de concentración, cómo sufrieron miles de personas durante la represión franquista o las miles de personas asesinadas por ella. Como dice Pérez Garijo: “Estos proyectos, tanto todo el trabajo que se está haciendo en memoria, desde las exhumaciones hasta la retirada de vestigios franquistas o los itinerarios de la memoria, como ‘Construint Memòria’, son proyectos que se deberían haber hecho hace muchísimo tiempo”.

Las instituciones públicas son clave en la recuperación de la memoria: “Creo que en este país, por desgracia, durante muchísimos años las administraciones no han hecho políticas de memoria; más bien han hecho políticas de desmemoria”, comenta Rosa Pérez. “Creo que muchas cuestiones que estamos viviendo en estos momentos en las instituciones, con partidos políticos que se reconocen herederos de esa dictadura o de esa vulneración de derechos humanos, tiene mucho que ver con esas políticas de desmemoria”, añade.

A medida que pasa el tiempo se plantea más precisa la necesidad de conocer nuestra historia. Rosa Pérez comenta al respecto: “Es imprescindible que un país conozca qué es lo que ha pasado, qué es lo que ha sufrido, precisamente para que no se vuelva a repetir. Por tanto, el proyecto de ‘Construint Memòria’ se enmarca dentro de todo el trabajo que estamos realizando de memoria, justicia y reparación” y reitera que “debería haberse hecho hace muchísimo tiempo. A una pregunta parlamentaria en la que me decían si en estos momentos era el momento de abrir las fosas dije que no, que el momento era hace 40 años pero que como no se hacía tocaba hacerlo ahora”.

El valor de la memoria histórica no se limita a las familias de personas asesinadas o represaliadas en campos de concentración, como es el caso de ‘Construint Memòria’, sino a toda la población. ‘Construint Memòria’ “es, por tanto, un trabajo imprescindible; por un lado, para poner en valor a estas personas que durante tantos años estuvieron silenciadas y olvidadas, y, por otro, para que como sociedad sepamos lo que pasó para que nunca más vuelva a pasar”, concluye Pérez Garijo.

Un pueblo debe conocer las atrocidades que en él se cometieron, tener memoria y afán de reparar, no pretender silenciar una verdad ni seguir acallando voces. La historia nos muestra de qué es capaz el ser humano y nuestro deber es analizarla y darla a conocer para que, al ser conocida por toda la sociedad, se pueda evitar que ciertos errores o situaciones fatales sean repetidos por la sociedad.


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