Contra Vox viviremos (vivirán) mejor

Isidoro Moreno
Catedrático de Antropología Social


Está circulando, pidiendo adhesiones, un «Manifiesto» apócrifo (sin firma), cuya autoría se atribuye a «personalidades de la izquierda procedentes del mundo universitario a las que se han sumado otras del sindicalismo y de movimientos sociales» (no se dice, por ahora, quiénes ni qué representan), mostrando su «máxima preocupación porque PSOE-A y Adelante Andalucía sean incapaces de colaborar en el momento histórico más delicado para la democracia en nuestra tierra en los últimos 40 años». Hacen un llamamiento a PSOE-A y Adelante Andalucía para que «se reconozcan como actores del pueblo progresista andaluz y abran un nuevo e inmediato tiempo de colaboración ante la amenaza de la ultraderecha».

Es significativo que estas «personalidades» no hayan promovido manifiestos críticos con las políticas neoliberales desarrolladas durante los casi 40 años del Régimen psoísta, sobre todo en los últimos diez años de fuerte deterioro de los derechos sociales, que son las que han producido la gigantesca abstención que ha permitido el triunfo de lo que llaman «las derechas» en las últimas elecciones, ni inviten a la más mínima autocrítica. Y que pretendan ahora que Podemos-Andalucía se suicide colaborando estrechamente a tapar las vergüenzas políticas (incluida la pestilente corrupción) y el derechismo de esas casi cuatro décadas de gobiernos PSOE. Pretenden utilizar la emergencia en las instituciones de la ultraderecha, que siempre ha existido pero que tiene ahora un partido independiente y provocador, como una gran capa que todo lo tapa. Y muchos picarán, ingenuamente, el anzuelo.

Lo que se pretende, en realidad, es salvar a doña Susana y, una vez más, a los partidos que ya traicionaron la posibilidad de Ruptura con el franquismo. No se puede luchar contra los lodos de ahora (la aparición electoral de la ultraderecha y la mayor derechización de la derecha dura) sin denunciar aquellos polvos (no solo de la Transición sino también de los cuarenta años siguientes) que produjeron los mal nombrados «grandes partidos de izquierda». Para construir, o reconstruir, una verdadera izquierda andaluza lo primero sería no alimentar la ficción de que el PSOE actual es un partido de izquierda. No lo es, aunque sí ha sido el pesebre en que se ha alimentado (no solo económicamente) mucha gente y gran parte de las «personalidades» autoproclamadas progresistas. Lo siguiente, no separar luchas sociales por la defensa de derechos con lucha nacional andaluza por el reconocimiento de nuestro derecho colectivo a decidir por nosotros mismos (entre otros objetivos, para que no ocurra, como ahora, que el futuro de nuestras instituciones políticas se negocie y decida en Madrid).

Pienso que se inaugura una época en que proliferarán los Manifiestos encabezados por «personalidades». Es revelador que apenas los haya habido, al menos promovidos por ellas, mientras ha gobernado Andalucía el PSOE, a pesar de los recortes salvajes, de la corrupción y de la promoción de un capitalismo a la vez favorable a las grandes corporaciones trasnacionales, la banca, la industria militar y los grandes lobbies turísticos y a los intereses de los amiguetes (de lo que, por ejemplo, Canal Sur TV es un buen exponente). Los manifiestos reaparecen ahora. Ya dijo Felipe González que da igual gato blanco o gato negro porque lo importante es que cazaran ratones. Aplicado a nuestra situación, darían igual las barbaridades y políticas de derecha que se hayan perpetrado, y se sigan defendiendo, porque lo único importante es afirmar que se está contra la ultraderecha (que esas barbaridades han cooperado en reactivar) y declararse antifascista. El poco más del 6% sobre el censo electoral que ha conseguido Vox justificaría, supuestamente, tocar a rebato por lo que llaman «emergencia democrática». Sin duda, hay que defender los derechos ya conquistados (cosa que muchos no han hecho durante los gobiernos psoístas) y denunciar la derechización general de partidos e instituciones. Pero sin hacer de esta defensa el único objetivo político ni suspender otras luchas por ampliar esos mismos y otros derechos. No tengo más remedio que recordar aquella frase dirigida a la «gauche divine» (la izquierda de salón) acuñada en la Transición política: «Contra Franco vivíamos mejor». Ahora habría que reconvertirla en «Contra Vox viviremos (vivirán) mejor»… porque no pocos se ahorraran el análisis y, aún más, la autocrítica.


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