Francisco Imbernón Muñoz

Con todas las noticias que en los últimos meses y semanas están apareciendo sobre educación, se ha puesto de moda hablar y escribir que esta debe cambiar en las escuelas.

Y cuando esto ocurre, irremediablemente comienzan a verse las consecuencias: vendedores de cambios, filantropía empresarial y oportunistas que quieren visibilidad más económica o mediática que educativa. ¿Cuántas plataformas nos han ofrecido debates en redes y medios de comunicación durante toda la pandemia?

Cuando oímos hablar a personas muy mediáticas de que se deben hacer cambios basados en evidencias científicas, no podemos evitar pensar que la educación en todo el mundo es un negocio (recordemos que hoy día mueve casi cinco billones de dólares.

Los vendedores educativos

Aquí encontramos una de las causas de la gran injerencia directa de las empresas, de las fundaciones privadas, los bancos, las redes, los buscadores, etc., que empiezan a dar productos al mercado con procesos de marketing para aumentar el negocio y dar vida a los “vendedores educativos” ( asegurando que lo suyo se ha demostrado que funciona sin ofrecer las fuentes que lo avalan).

Estas empresas, indirectamente, son parte de la toma de decisiones en las políticas y prácticas educativas. Un ejemplo podría ser todo el negocio que se está haciendo a principios de este curso con ofertas de ordenadores, de material, de libros de texto, etc.

El concepto de evidencia que “lo soluciona todo” es diferente en educación respecto a otros ámbitos, ya que los contextos singulares donde se desarrolla la enseñanza son muy diferentes. En educación se trabaja con seres humanos y con contextos inciertos, por tanto hay ambigüedad e incertidumbre.

Evidencia no contrastada

En el campo de la educación existe una pedagogía basada en la evidencia no contrastada científicamente, pero que puede servirle a un profesor determinado debido a todos los componentes que interactúan en su contexto escolar. Ello no implica que nos debamos dejar llevar por un pensamiento mágico espontáneo de un docente, de su divina infusión educativa. Tenemos que ir más allá, intentando indagar sobre qué sustenta lo que se hace para no perjudicar a los estudiantes. Hacer experimentos con la educación no es recomendable en absoluto.

Es imprescindible luchar contra una cultura del todo vale, contra la falta de criterio y debate y contra la ausencia de recursos a la que muchas veces se apela en política. Es necesario realizar estudios para comprobar si lo que se hace en educación es perjudicial o no cambia nada (o aplicar el “gatopardismo” de cambiar todo para no cambiar nada).

Esto es costoso, pero evitará creerse a cualquier gurú o institución con ánimo de lucro que busca negocio, un pedazo del jugoso pastel que ha aumentado con la COVID-19, por ejemplo, con la venta de tecnología educativa.

La tecnología no es tan novedosa como la pintan

Fijémonos en lo que ha pasado con la virtualidad en estos meses de pandemia. ¿Se puede hablar de cambio cuando lo que se hace es adaptar las prácticas educativas a procesos tecnológicos que se venden como muy novedosos y que en realidad no lo son?

Es cierto que el debate sobre la tecnología discurre entre cómo pasar de una herramienta de comunicación y distracción a herramientas de aprendizaje, y no aplicarlas como siempre con un mismo modelo de enseñanza online repetitiva, instructiva y memorística (en muchos casos se hace así).

No toda tecnología lleva consigo mejora educativa. Esta situación de emergencia ha traído una tecnología de emergencia, repitiendo procesos educativos como si se asistiese a una clase presencial, o a veces peor.

El cambio educativo se debe entender como algo que se puede realizar en cada contexto, y no como la venta de herramientas modernas válidas para todos/as en la educación. Además, no todo tiene que ser novedoso; la educación es una combinación de elementos ya existentes enlazados de una forma nueva, lo cual muestra que el conocimiento del pasado es importante. De hecho, en muchas ocasiones observamos cómo elementos que se venden como nuevos son más de lo mismo, pero con una imagen diferente.

La COVID-19 nos ha traído confusión y ha sacado a la luz muchas cosas que ya sabíamos y que las políticas públicas no atendían.

La educación debe permitir resolver problemas más significativos y relevantes con la transformación educativa con más equidad. Conocemos algunas prácticas educativas desde hace tiempo y no es necesario cambiarlas. Otras sí. Estemos atentos a lo que está pasando y no nos dejemos llevar por el camino equivocado.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico