Juantxo López de Uralde
Diputado de EQUO en Unidos Podemos


Todavía está caliente el informe de los científicos de Naciones Unidas (IPCC) en el que alertaban de que el tiempo se agota para evitar que la Tierra se caliente por encima de 1,5 ºC. Esta vez se atrevieron incuso a establecer una fecha en la que fijan el punto de no retorno, y una hoja de ruta. La advertencia es clara: en 2030 las emisiones  globales de gases de efecto invernadero deben haberse reducido a la mitad de las actuales. Si ese objetivo no se alcanza, será imposible evitar un calentamiento catastrófico.

En este contexto comienza en Katowize (Polonia) la 24 Cumbre del Clima (COP24). Gobiernos del mundo entero deben sentarse alrededor de la mesa para hacer balance e dónde estamos tras los Acuerdos alcanzados en París en 2015. Es necesaria mucho mayor ambición: si la reducción de emisiones se queda en los compromisos actuales de los gobiernos, la temperatura seguirá aumentando por encima de los 3 ºC, así que es imprescindible mucha más ambición. Quizás la novedad más relevante es que nos encontramos ante la primera Cumbre de la cuenta atrás.

La principal demanda de cara a la COP24 se concreta por ello precisamente en la necesidad de aumentar  el compromiso de los países para alinearse con el objetivo de 1,5 ºC que sin duda marcará el resultado de esta Cumbre. Cualquier acuerdo que no se fije ese objetivo será insuficiente. Para ello es imprescindible que se fijen nuevos objetivos de reducción de emisiones acordes con ese objetivo.

Este año la Cumbre el Clima se celebra en un país, Polonia, que depende en gran medida del carbón para su producción energética. El abandono de los combustibles fósiles, y específicamente del carbón, es uno de los principales caballos de batalla en la lucha contra le cambio climático. Esperemos que los lobbies del carbón, que juegan “en casa” no se salgan con la suya, ni impidan compromisos ambiciosos. Lo que está en juego es precisamente la transición energética global hacia un modelo basado en las energías renovables, y que deje atrás los combustibles fósiles.

Un aspecto que siempre es crítico en las cumbres del clima es la financiación: “¿y esto quién lo paga?”. Esta preocupación es especialmente acuciante en los países en vías de desarrollo, que esperan una mayor aportación de los países más industralizados que son precisamente los que más han contaminado históricamente. Nunca debe olvidarse, en todo caso, que el cambio de modelo energético no es solo ambientalmente necesario, sino además técnicamente posible y socialmente favorable. Y que debe haber un compromiso de todas las partes por una transición justa.

En definitiva las espadas están en alto ante esta nueva Cumbre del Clima. Quizás la novedad más relevante es que estamos ya en la cuenta atrás: si para 2030 no hemos sido capaces descarbonizar en gran medida nuestra economía estaremos ante un enorme fracaso. El reto es inmenso, pero no podemos dejarlo ir porque es mucho lo que nos jugamos.

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