Corinna zu Sayn-Wittgenstein, ahora conocida como Corinna Larsen, la empresaria alemana de origen danés ex amiga de Juan Carlos, aseguró que el rey emérito le transfirió 64,8 millones de euros en 2012 “no para deshacerse del dinero”, sino “por gratitud y por amor”, para garantizar “su futuro y el de sus hijos”.

La frase de la empresaria ante la Fiscalía suiza más destacada fue “porque todavía tenía la esperanza de recuperarme”, lo que confirmaría que los dos eran algo más que amigos. La declaración judicial ante el fiscal Yves Bertossa, en calidad de investigada, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, resalta que mantiene imputados a Larsen, al gestor del rey emérito, Arturo Fasana, y al abogado Dante Canónica por un delito de blanqueo agravado de capitales.

El fiscal centró su interrogatorio en buscar la razón por la que Larsen recibió ese dinero. “Se trataba de un regalo”, respondió. “Recibí una llamada telefónica de Canónica [administrador de la fundación Lucum] informándome de que Juan Carlos I deseaba hacerme un regalo. No me habló por teléfono de una cantidad concreta. Me dijo que quería encontrarse conmigo. Fui a su despacho. Me explicó que el rey quería ofrecerme un regalo a mis hijos y a mí. Juan Carlos I quería asegurar un buen futuro a mis hijos y a mí”, señaló.

El fiscal suizo le puntualizó que por aquel entonces ella ya disponía de una fortuna importante, a lo que Larsen respondió: “Es así. Pienso que me ofreció ese dinero por gratitud y por amor. Era consciente de que había hecho mucho por él y que había estado muy presente cuando le anunciaron su enfermedad. Pienso también que se sentía un poco culpable por lo que me había pasado en Mónaco. En 2012 fui secuestrada por los servicios secretos españoles en mi apartamento”. Una versión que ha negado el ex director del Centro Nacional de Inteligencia, Félix Sanz Roldán. “Pienso que hay una última razón: que tenía todavía la esperanza de poder recuperarme”, añadió.

La empresaria apostilló que “en ningún momento dijo que quisiera deshacerse de ese dinero. Ignoro si había declarado estos activos al fisco español. Había oído hablar vagamente de una amnistía fiscal en España, pero como no vivo en ese país no conozco los detalles”.

La Justicia española aguarda desde hace meses esta declaración, trascendental para el desarrollo de la investigación que se sigue en la Fiscalía del Tribunal Supremo contra el rey emérito por presuntos indicios de blanqueo de capitales y fraude fiscal, y que todavía no ha sido remitida a España ante la negativa de Larsen. La ley helvética permite que los investigados recurran el envío de sus declaraciones a otros países.

Juan Carlos I llevó a Ginebra en 2010, cuando todavía era jefe del Estado español, un maletín repleto de billetes, en total 1,7 millones de euros que puso en manos de su gestor Arturo Fasana. El dinero procedía de una entrega que había realizado el sultán de Bahréin al rey español, según desveló El País en mayo.

Posteriormente, en 2012, el rey emérito transfirió casi 65 millones de euros a Larsen. Fue Alejandro Luzón, fiscal jefe anticorrupción, quien solicitó a Bertossa la declaración de Larsen y la de los otros investigados en la causa suiza. Los indicios recabados por la Fiscalía Anticorrupción se han remitido al Supremo debido a la condición de aforado de Juan Carlos I.

Larsen está siendo investigada después de que registrara en 2018 en Suiza el despacho del gestor Fasana y del abogado Dante Canónica y descubriera una cuenta del rey emérito a nombre de la fundación panameña Lucum en la banca suiza Mirabaud. En esa cuenta se ingresaron 64,8 millones por orden del Ministerio de Finanzas de Arabia Saudí, dinero que fue transferido finalmente por el rey emérito a una cuenta en Bahamas de Larsen. También se investigan cinco millones de dólares que recibió la empresaaria del Gobierno de Kuwait después de que el entonces jefe del Estado visitara ese país.