El crecimiento de la economía paraguaya ha sido considerable en los últimos años. Se alcanzó un pico de expansión del Producto Interno Bruto (PIB) de casi el 15 % en 2013, y para este año se espera un crecimiento cercano al 4 %. Estos son los datos duros que los funcionarios usan para celebrar el éxito de su gestión; pero no sirven para comprender a fondo qué pasa en Paraguay. La economía atraviesa importantes problemas estructurales y una fuerte crisis en materia de bienestar social.

El crecimiento económico no implicó una mejora en la calidad de vida de la población. El país sigue siendo muy débil en términos sociales y no consiguió generar fortalezas a nivel productivo. Los recursos naturales continuaron concentrándose en pocas manos y el modelo privilegió la especulación y las finanzas.

La deuda externa y la dependencia de los capitales internacionales se volvieron elementos centrales de la economía en los últimos años. Aunque esto es un problema grave para crecer en forma sostenida, no es la principal tensión que hoy enfrenta el país para poder desarrollarse. Existe un pasivo mucho más grave: la precariedad social. Paraguay es un país sin salud, sin educación, sin ingresos justos para las mayorías y sin empleo de calidad.

El modelo implementado genera desigualdad, no fomenta la producción ni estimula el mercado interno. Es un modelo de crecimiento empobrecedor, imposible de sostener en el tiempo. Los funcionarios deberían evaluar más datos duros y no sólo el de PIB para evaluar su gestión. Desde Celag, hemos realizado esta tarea. Los números muestran la crudeza de la vida paraguaya.

  • En términos de salud, el país registra la segunda tasa de mortalidad infantil más elevada de la región. Lo mismo ocurre con la tasa de mortalidad materna. Cuenta con uno de los peores registros de esperanza de vida de Latinoamérica. Estos datos -de la Organización Mundial de la Salud- muestran que crecer al 15 %, si no se acompaña con políticas distributivas, solo genera ventajas para unos pocos mientras las mayorías siguen viviendo en condiciones de miseria.
  • La pobreza es uno de los principales problemas del país. Alcanza al 40 % de los niños y al 28 % del total de la población. Las diferencias entre las familias que más tienen y las que menos tienen son notables. La Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), entidad que depende de Naciones Unidas, registra que el 10 % más rico de la población paraguaya tiene ingresos 43 veces mayores respecto del 10 % más pobre.
  • El mercado laboral es otro de los sectores en los que se puede detectar la precariedad. La informalidad se eleva al 72 %. Esto quiere decir que casi tres de cada cuatro trabajadores no cuentan con aportes a la seguridad social ni tienen derechos laborales -según estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo-.
  • La discriminación de género es otra de las principales tensiones. Las mujeres ganan el 64 % del salario de un hombre por realizar una actividad idéntica. Se trata de la peor brecha salarial de género registrada en toda la región Latinoamericana.

El crecimiento es positivo para cualquier economía. No se puede discutir que haber alcanzado picos de expansión del 15 % del PIB es importante. Pero nadie puede engañarse. Cuando el crecimiento lo acaparan sólo unos pocos, es más de lo mismo: un crecimiento empobrecedor.

 

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