Virginia García

Hemos conseguido importantes  avances en derechos para la mujer, sin embargo, y a pesar de nuestra constante lucha todavía nos mantenemos en una posición de subordinación, discriminación y desigualdad social.  

Esto se debe a que cada vez que las mujeres conseguimos logros que nos permiten avanzar en las materias de nuestros derechos, todo un despliegue de medios patriarcales se vuelca en que retrocedamos en lo avanzado. Y retrocediendo un paso por cada dos que avanzamos, la lucha por la conquista de la libertad nos está resultando tan ardua, que es inevitable sentirnos decepcionadas y exhaustas en muchas ocasiones. Por ejemplo, cuando se te atraganta el desayuno leyendo que un grupo de mujeres en Francia firman un manifiesto totalmente contrario al movimiento feminista, a los derechos de las mujeres. 

Un manifiesto en el que se defiende la libertad de importunar de los hombres, como libertad sexual. En el que afirman el derecho de las mujeres a disfrutar siendo el objeto sexual de un hombre.  

Un manifiesto en el que resta importancia al hecho de que un señor manosee a una mujer sin su consentimiento, en el que se defiende el acoso sexual, en el que se valida la cultura de la violación. En resumen, un manifiesto en el que se echa tierra a la valentía de tantas mujeres que alzaron su voz contra el acoso, contra el abuso. Valientes que denunciaron su malestar y reivindicaron su derecho a no ser consideradas objetos sexuales.  

El patriarcado tiene muchas vertientes, está presente en todas las instituciones y desgraciadamente, a veces tiene rostro de mujer.  

Estas  mujeres lo que han hecho es dar argumentos al machismo, restar credibilidad a las víctimas y seguir fomentando el acoso y agresiones sexuales en nombre de una falsa libertad.  

La sexualidad es inherente al ser humano y por tanto a las mujeres. Forma parte de nuestro ser. Todas somos seres sexuales al igual que lo son los hombres y en la misma medida.  

¿No es razonable entonces exigir la misma libertad sexual que ellos disfrutan y en la misma medida? Lo es ¡Claro que lo es! 

Y por eso la libertad sexual de las mujeres es una de las bases más importantes del feminismo. No somos puritanas. Queremos disfrutar del sexo plenamente. Pero del sexo se disfruta cuando es deseado, cuando es libre. Jamás se disfruta de un sexo forzado e intimidado. No disfrutamos cuando nos agreden ni cuando nos faltan al respeto, ni cuando se nos utiliza.  

Cuando un grupo de mujeres con el suficiente peso social como para crear opinión, manifiesta que negarse a ser objetos sexuales es puritanismo, está haciendo retroceder nuestros derechos sexuales, el derecho a decir no, el derecho a  que no se nos intimide, a que  no se nos agreda sexualmente.  

Cuando alguien no respeta nuestra libertad y nos manosea en el metro, está violando nuestro  derecho a la libertad sexual, violando nuestros  derechos, violando.  

Estas mujeres que están defendiendo el derecho de los hombres a importunarnos sexualmente, y los derechos de las mujeres a ser objetos sexuales. No están defendiendo la libertad sexual como afirman, están defendiendo el derecho de los hombres a seguir utilizando el cuerpo de las mujeres a su antojo, para su propia satisfacción sin importar la nuestra. Están defendiendo la cosificación del cuerpo de la mujer para disfrute del hombre.  

La libertad sexual de la mujer es incompatible con el derecho del hombre a tocar nuestros cuerpos sin nuestro consentimiento. Es incompatible con el abuso de poder y la intimidación. 

Los señores  que nos hacen saber que nuestro futuro profesional depende de los favores sexuales que se nos piden, nos están  coaccionando, están  violando nuestra libertad sexual. Y no veo la forma de defender estas agresiones desde un punto de vista feminista. 

¿Por qué entonces cien mujeres se unen para manifestar en uno de los medios más internacionales de su país que el derecho a la libertad sexual de las mujeres lleva implícito el derecho de los hombres a importunarnos? , ¿Por qué algunas mujeres se empeñan a colaborar con el patriarcado en lugar de luchar por los derechos de todas, incluidas ellas mismas?  

El machismo está tan interiorizado en nuestra sociedad, en nuestras mentes, que se ha normalizado mucho más que cualquier otra desigualdad. Es la opresión más antigua, más fuerte y larga de  la historia. A  partir de ella se han ido creando el resto de las desigualdades. La estigmatización que sufrimos las mujeres que nos rebelamos a esa opresión es tan intensa, tan dura, que muchas mujeres desisten o simplemente jamás lo intentan. No quieren ser señaladas ni juzgadas. Se someten a la autoridad masculina porque ya están acomodadas a ella. 

El escándalo Weinstein, desencadenó el movimiento internacional  #Metoo que se hizo muy popular y en el que muchas mujeres reconocieron haber sido acosadas sexualmente. Muchas de esas mujeres han sido señaladas, puestas en duda, y con posibles consecuencias profesionales y personales.  

A estas cien mujeres podría haberlas invadido ese miedo a ser estigmatizadas. Y antes de ser señaladas, nos señalaron al resto.  Le han gritado al mundo que ellas no son problemáticas, no son rebeldes, no son de esas que si las contratas te acaban denunciando. 

Son mujeres que han priorizado sus intereses personales frente a los colectivos. Que  no quieren renunciar a los pequeños privilegios que les da la fama y el dinero por el interés general.  

El daño que estas mujeres han ocasionado a la causa feminista, es irreparable y se explica perfectamente con una cita de Simone de Beauvoir 

“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. 

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