Ramón Zallo

Cuando ETA cierre la puerta se habrá acabado un problema pero no los problemas. En la habitación veremos una larga herencia de personas víctimas -que lo fueron sin quererlo- y de personas presas -que ya no son lo que fueron- y un sinfín de dolores, fracturas, fracasos e ilusiones colectivas. Todas requieren de cuidados aunque distintos.

Por eso hay tres ejes distintos: la política de paz y de canalización de las secuelas de las violencias; la lucha por la democracia, la diversidad e igualdades de todo tipo; y el esfuerzo social por la convivencia. Y todo ello en una carrera de fondo por las libertades, la soberanía, el bienestar, …

La noticia de la disolución de ETA el próximo 4 de mayo ha sido largamente esperada como despedida definitiva y total, tras distintas generaciones de militancias que han tocado o rozado a la mayor parte de las familias vascas y sus amistades y afectado a no pocas otras. Con el Rubicón del antes y después de 1977, entre la dictadura y la democracia demediada que vino, esos 60 años de ETA han tenido significados sociales distintos (defensiva versus ofensiva, comprendida versus repudiada…) dentro de la onda larga de una violencia que buscaba objetivos políticos.

Esa despedida que comenzaba en 2011, se ha ido desarrollando de forma exasperantemente lenta, a cuentagotas, pero con el mérito de ser unilateral, ordenada, sin herederos, mirando al futuro, con vocación reconciliadora, con cambio previo de estrategia de la corriente en la que se inscribía y arropada por las fuerzas vivas de norte y sur de Euskal Herria. Tiempo de esperanza….. A esa gran noticia le acompaña, sin embargo, mucho ruido sobre cuestiones colaterales y también mucha indiferencia, como temática amortizada sobre la que aun no somos conscientes de sus consecuencias.

El comunicado del 8 de abril y lo que falta

El comunicado de ETA del 8 de abril sobre el daño causado fue, en su lenguaje y términos, bastante más allá de lo esperable. Era un lenguaje desarmado y no de armas; cercano, en lugar de hermético; de valores socialmente compartidos; sin idearios impuestos en el propio lenguaje; y curiosamente más ético que político. Y ello a pesar de que seguía identificando la causa vasca con su propia causa, y el conflicto con su conflicto con el Estado, erigiéndose sin motivo en la representación de la colectividad; lo que le llevaba a diferenciar a las víctimas desde un cuadro mental de amigos, enemigos y otros (“sin responsabilidad alguna”). Un patrón de análisis muy propio de una organización militar, que aún no ha desembarcado en los parámetros civiles al uso en una sociedad democrática. También es conciencia colectiva que, al contrario de lo que se dice en el comunicado, hay algunos atentados que, por incómodo, nunca se reivindicaron.

Entrega de armas del 8 de abril

En estos tiempos en que gobiernos, partidos.. hacen, o bien ética retórica sin política, o política escondida bajo la tejavana de la ética, lo que habría que esperar –y solo se le podrá pedir a la Izquierda Abertzale porque ETA no estará- es una historia estratégico-política autocrítica; o, al menos, sincera y coherente con los últimos pasos para que estos no parezcan insinceros u obligados sino que responden a una reflexión de principios y estratégica que por el momento aparece incompleta par el conjunto d ela corriente.

No se trata de preguntarse de si hubo “decisiones erróneas”; sino si ¿fue legítima la violencia desde 1977 o desde 1979?. ¿Ha sido útil?. Si no lo era ¿cuando dejó de serlo?. ¿Ha conseguido algo?. Y el paso de la hegemonía sociopolítica en el espacio público en los 80 al deterioro de los 90 ¿cómo se pudo dar? ¿Y el control militar de la corriente? Quién debió tener el liderazgo estratégico?. Hipercor, Yoyes, Blanco.. Y matar representantes electos? ¿Y la degeneración de Oldartzen? ¿Y Argel, Lizarra y Loiola? ¿Y que algunos personajes llegaran a la cúpula?. Cómo periodizar la historia de ETA desde su fundación, escisiones y giros?. Y el coste de oportunidad, o sea, lo que se ha dejado de hacer porque la lucha armada lo impedía o bloqueaba?.

Esta es la historia a escribir para hacer creíble, sin desmemoria, la estrategia del presente. Una deseable refundación de la izquierda abertzale ante una sociedad ya cambiada.

Interpelando a los otros actores

En general, las instituciones no han estado a la altura de las circunstancias en esta fase final de desaparición de ETA.

Las instituciones españolas que controla el Gobierno Rajoy han sido provocadoras, indignas y estúpidas -animando a que surjan retoños- y cuya chulería pasará la factura del desapego, como la tendrán en Catalunya para toda una generación. Ahora resulta –desdiciéndose- que ni siquiera reconsiderarán la política penitenciaria con la obvia intención del ensañamiento y de tener entretenido al país en temas colaterales, de paso que se cargan la sustancia integradora del Estado de Derecho en el que nunca creyeron. Lo malo es que aquí simultáneamente nuestras instituciones cambian cromos con ellas pero no en esta colección.

Nuestras instituciones vasco-navarras han tenido, ciertamente, otra actitud, más positiva. Pero ha sido seguidista de la sociedad civil, poco proactiva, incluso oportunista; mirando conveniencias. Han estado más atentas al tono bajo de la ciudadanía, que daba por amortizado el tema, que a la perspectiva a largo plazo de un país que necesita aliento y encuentros.

¡Ay los media! Desde que su gran mayoría degeneró, vendiendo hasta el último ápice de su agenda, ya no pretenden forjar opinión pública sino disciplinarla en valores de orden público. Encefalograma plano. No existe “cuestión nacional” ni problema político, solo hubo violencia nacionalista y radical que la Patria -la única patria legítima y real, la española que, además, es sinónimo de democracia y Estado de Derecho como todo el mundo sabe en el Reino de Jauja- ha sabido derrotar. Esa Patria, a veces innombrada, pero como imperio guerrero, potencia colonizadora y Estado retrógrado o fascista ha matado, a lo largo de los siglos en España, Europa y América Latina, más gente que mil ETAs juntas. La patria heroica y épica siempre es la propia y la patria asesina siempre es la de los otros.

Visto desde la Transición, en el largo plazo, ETA, al menos, ya ha dicho unilateralmente la frase “¡lo siento!”, más creíble que la del cazador de elefantes que nos dejó a su heredero, y desde luego más efectiva. En cambio hay una hipocresía criminal inconmensurable en quienes le piden cuentas a la izquierda abertzale y ocultan las gravísimas suyas.

El PP -heredero del franquismo genocida y dictatorial- nunca ha pedido perdón y sigue ocultando las víctimas en las cunetas, propugnando el olvido, mientras degenera el Estado de Derecho hasta ponerlo torcido, pura carcasa e irreconocible en parámetro occidentales de libertades.

EL PSOE nunca ha pedido perdón por el GAL -indicando cómo y quién lo montó, por ejemplo- a pesar de que Rafael Vera lo ha reconocido orgulloso públicamente sin que nadie de la casa le desmienta o critique.

Ambos carecen de legitimidad para decir nada mientras no se atrevan a disculparse por su propia historia.

Para acabar, la pregunta que cada uno deberemos responder sobre el pasado es si estuvimos a la altura de las circunstancias frente al franquismo y ante la transición; frente a ETA y sus desmanes; frente al terrorismo de Estado; y frente al estado de derecho involucionista centralista, antisocial y represivo.

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