Poco más de un año antes para que empezara la Segunda Guerra Mundial, un equipo de cinco investigadores alemanes desembarcaron secretamente en las fronteras orientales de la India, con la misión de descubrir la «fuente de origen de la raza aria».

Heinrich Himmler, miembro destacado del partido nazi alemán y arquitecto clave del Holocausto, fue el encargado en 1938 de enviar al equipo de investigadores y naturalistas desde Génova hasta el Tíbet para buscar los orígenes de la supuesta raza superior.

La campaña estaba dirigida por Ernst Schäfer y tenía «un interés arqueológico y antropológico», tal y como explica el investigador José Lesta en su libro El enigma nazi. El secreto esotérico del III Reich (Edaf).

«Himmler me habló de su creencia de que la raza nórdica no había evolucionado, sino que había descendido directamente del cielo para asentarse en el continente desaparecido (Atlántida), y que antiguos emigrantes de ese continente habían fundado una gran civilización en Asia Central. Creía que algunos tibetanos eran descendientes directos de esta civilización y que los arios provenían de esta etnia», comentaba Schäfer en un informe secreto desclasificado por el ejército norteamericano.

Cuando Hitler envió una expedición al Himalaya en busca del origen de la raza aria / Imagen: BBC
Cuando Hitler envió una expedición al Himalaya en busca del origen de la raza aria / Imagen: BBC

El «crimen» de que los nórdicos «arios» se mezclasen con gente «no aria»

Adolf Hitler creía que unos 1.500 años antes los nórdicos «arios» habían entrado en la India desde el norte y que habían cometido el «crimen» de mezclarse con la gente «no aria» local, perdiendo los atributos que los hacían racialmente superiores a todas las demás personas en la tierra.

De hecho, Hitler expresaba una profunda antipatía por el pueblo indio y su lucha por la libertad, pronunciando sus sentimientos en sus discursos y escritos.

Los que seguían la idea de una raza superior nórdica blanca, creían que en una imaginaria ciudad perdida de la Atlántida habían vivido personas de “la sangre más pura” y que se hundió tras ser golpeada por un rayo divino. Los arios que sobrevivieron se habrían trasladado a lugares más seguros, entre ellos el Tíbet.

La operación de búsqueda de rastros de la gran raza

Himmler quería averiguar a dónde habían ido los habitantes de la Atlántida después del diluvio y dónde quedaban aún rastros de la gran raza. La «operación de búsqueda» recibió la luz verde de Hitler en 1938, cuando enviaron al equipo de cinco alemanes al Tíbet. Dos de los miembros del equipo destacaban sobre el resto: el ya citado Ernst Schäfer y Bruno Beger.

Schäfer era un talentoso zoólogo de 28 años loco por la caza loco por la caza al que le encantaba reunir trofeos en su vivienda de Berlín y que había estado dos veces antes en la frontera India-China-Tíbet, mientras Bruno Beger era un joven antropólogo que se había unido a las SS en 1935.

A finales de año, los cinco alemanes, lograban entrar en el Tíbet y comenzaron a indagar por la región. Principalmente se dedicaron a filmar ceremonias y rituales tradicionales, además de buscar patrones en cráneos de tibetanos fallecidos y Beger tomaba medidas de personas vivas y fabricaba máscaras faciales con la intención de buscar algún punto en común entre los habitantes del Himalaya y un ciudadano alemán e incluso actuó como una especie de médico suplente para los locales durante un tiempo.

El alemán recopiló datos antropométricos de hasta 400 personas aunque los resultados no fueron concluyentes. Beger tenía unas 2.000 fotografías, algunos “moldes de cabezas, rostros, manos y orejas de 17 personas” y había recogido “las huellas dactilares y manuales de otras 350″. También había reunido 2000 “artefactos etnográficos” y otro miembro del contingente había tomado 18.000 metros de película en blanco y negro y 40.000 fotografías más.

Expedición interrumpida por la detonación de la guerra

Pero la expedición alemana se vio abruptamente interrumpida en agosto de 1939 por la detonación de la guerra y la cúpula nazi ordenó el regreso de los exploradores, quienes fueron homenajeados y recibidos como héroes pese a no conseguir un resultado determinante en cuanto al origen de la raza aria.

Schäfer recibió el Totenkopfring, una distinción personal de Himmler, mientras que Beger se incorporó a las SS, donde desempeñó funciones como experto de razas asiáticas durante la guerra.

Schäfer llevó la mayoría de sus «tesoros» a un castillo en Salzburgo al que se mudó durante la guerra. Pero una vez que llegaron las Fuerzas Aliadas en 1945, el lugar fue asaltado y la mayoría de las imágenes y otros materiales se arruinaron. Los otros supuestos «resultados científicos» de la expedición corrieron la misma suerte en la guerra: se perdieron o se destruyeron. Después de la guerra después de la guerra, nadie trató de rastrear el material.

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