“¡Compro! ¡Vendo! ¡Compro! ¡Vendo!”: Interjecciones, entre gritos, con las que se suelen representar a los llamados brókeres en películas, series, novelas y otras ficciones. Un recurso que se ha convertido prácticamente en una parodia. Y es que, en la mayoría de las ocasiones, ni el espectador ni el guionista tienen demasiada idea de lo que hacen estos corredores de acciones.

En parte porque lo superficial es suficiente para que el personaje adquiera una serie de estereotipos asociados a su profesión, pero principalmente porque el mundo de la bolsa es premeditadamente inaccesible a aquellos que están fuera de él.

Para entender la jerga de Wall Street habría que estudiarse un larguísimo glosario repleto de tecnicismos y términos económicos complejos que hacen de este lenguaje algo críptico y poco atractivo para la masa. Y ni siquiera conocer este lenguaje te asegura entender a ese ente tan enigmático al que todos llaman “el mercado”. Habría que abrirse una cuenta demo trading para empezar a entender de forma visual y práctica cómo funciona el mundillo.

Las dinámicas del mercado han sido tradicionalmente ligadas a los más ricos. Las personas de clase trabajadora y de clase media nunca han considerado que la bolsa fuera un lugar acogedor para ellos. Una sola persona rica puede revolucionar todo un sector industrial a través de una inversión millonaria que descoloque los últimos movimientos lógicos del mercado.

Gamestop y el paradigma del pequeño inversor

Pero ¿y si una masa de pequeños inversionistas se organizase en contra de las tácticas especulativas de los brókeres? Pues es básicamente lo que ha pasado con todo el lío de GameStop. Para los que aún no se hayan enterado, básicamente un grupo organizado de internautas a través del foro Reddit se pusieron de acuerdo para comprar de forma masiva acciones de la mencionada cadena estadounidense de venta de videojuegos. Todo con el objetivo de aumentar su valor.

¿Lo consiguieron? Sí ¿Qué ganan con todo esto? Pues perjudicar a un tipo muy concreto de especulador: aquel que toma prestadas acciones de empresas cuyas previsiones se estiman a la baja, las vende y luego espera a que bajen de precio para volver a comprar el mismo número de acciones prestadas, devolverlas y quedarse con la diferencia.

Una jugada que parecía perfectamente segura con la cadena GameStop. El formato físico en el mundo de los videojuegos empieza a ser marginal en comparación con el digital. Y aquellos que todavía compran en físico recurren a otro tipo de servicios como Amazon. No es un secreto que las acciones de este tipo de negocios se irán devaluando con los años hasta la irrelevancia.

Claro que, si de repente una marea de outsiders decide comprar, sin lógica de mercado alguna, un montón de acciones, se desbarata el chiringuito. O en palabras del multimillonario Leon Cooperman  Es una forma de atacar a la gente rica”.

Pero es más que un ataque, es una declaración de intenciones y el vaticinio de un cambio de paradigma. Cada vez son más las herramientas, sitios web, aplicaciones y servicios que facilitan al usuario de a pie la posibilidad de acceder a un mundo tradicionalmente reservado para las grandes élites. Todo un sistema encapsulado y delimitado por fronteras psicológicas, jerárquicas y estamentarias en el que la intromisión de una persona humilde solía ser un argumento de película de Scorsese. Ahora, en cambio, parecemos dirigirnos hacia un nuevo cliché literario.