Claudia Pradas 

Vivimos en una época difícil de definir, los movimientos y las luchas sociales se ven expuestas a una avalancha imparable de información, opiniones y críticas poco constructivas. Esto es debido al efecto amplificador que producen las redes sociales sobre cualquier idea que se exprese en ellas. Con este comentario inicial no se pretende prohibir el debate y el intercambio sano de concepciones, simplemente queremos señalar una problemática que ocurre en las redes.

Las opiniones en estas plataformas pueden no ser plato de buen gusto. A día de hoy, cientos de miles de personas viven bajo la idea de que tienen todo el derecho a opinar sobre las vidas de otros individuos de manera pública en iIternet. No obstante, este fenómeno nos permite hacer un análisis a gran escala de la opinión general de ciertos colectivos acerca de cualquier tema mínimamente polémico.

Si echamos un poco la vista atrás, podemos recordar cómo se señalaba con el peyorativo de guarras al colectivo feminista al luchar por la emancipación sexual de la mujer. Actualmente, muchas de ellas están empezando a alzar la voz en contra de la trata y la prostitución, señalando la pornografía como medio explotador y luchando para que el sistema deje de utilizar sus cuerpos como un simple medio de uso y consumo. Esta nueva oleada dentro del movimiento feminista ha traído con ella numerosas opiniones de colectivos, entre estas queremos destacar una sola palabra: puritanismo.

Hemos pasado de ser señaladas como guarras a ser unas puritanas.

¿Qué ha ocurrido?

El análisis de causa-efecto nos da una respuesta bastante sencilla a este fenómeno: somos señaladas e insultadas bajo la mirada masculina, pero solo en el caso de que no sigamos el camino que ellos nos han establecido. Nos llaman puritanas cuando no queremos ser objeto de su disfrute sexual y, por otro lado, somos tachadas de guarras cuando nuestra sexualidad se vive plenamente y libre de la heternonorma.

Al fin y al cabo, una de las luchas más importantes en el feminismo es lograr la emancipación de la mujer en todos los aspectos de su vida, no es de extrañar pues, que grandes colectivos intenten mantenernos oprimidas bajo sistemas de prácticas sexuales donde nuestra libertad se ve suplantada por la mera funcionalidad de objeto de deseo y placer.

Señalar este fenómeno no es el único propósito del artículo. Es de vital importancia analizar lo peligroso del argumentario machista en este tipo de prácticas, éste es el causante de que muchos individuos terminen justificando actos tan aberrantes como violaciones en grupo y señalen a la víctima como principal culpable de todo.

Otra consecuencia aún más palpable fuera del mundo digital son los propios actos individuales de todos aquellos que siguen oprimiendo nuestros derechos. El hecho de seguir pensando que nuestra sexualidad se ve reducida a su placer hace que sus actos vayan dirigidos a ello. Dicho fenómeno propicia un gran número de consecuencias tales como violencia verbal, acoso y abusos físicos en la vida real que distan bastante de una crítica inicial en redes sociales. Es por ello que no debemos temer alzar la voz en estas situaciones, sin miedo a ser tachadas de una cosa o de la otra, ya sea en las redes sociales como en el día a día. Al fin y al cabo, somos nuestra propia salvación.

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