El poeta y militante comunista falleció un 24 de noviembre de 2016, a los 96 años de edad. En el cuarto aniversario de su muerte, Marcos Ana sigue siendo recordado por el pueblo saharaui por haber sido el impulsor de la iniciativa “Vacaciones en Paz”.

Una vida de lucha

Fernando Macarro nació en 1920 en Alconada, un pequeño pueblo de la provincia de Salamanca, en el seno de una humilde familia de jornaleros. La pobreza que azotaba el campo charro obligó a su familia a emigrar a Madrid, asentándose en el municipio de Alcalá de Henares, donde crecería y desarrollaría su conciencia política. Siendo un adolescente, con 16 años, se unirá a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) y pronto demostrará sus dotes dirigentes asumiendo distintas responsabilidades en la organización. Con el estallido de la Guerra Civil acudirá al frente enrolado dentro de las milicias del entorno del Partido Comunista de España (PCE), aunque tras la reorganización del ejército republicano sería desmovilizado y enviado a la retaguardia por su minoría de edad.

Mantendrá durante los tres años de contienda una gran actividad política y se reincorporá al ejército tras cumplir la mayoría de edad, simultaneando el combate y el trabajo militante para el PCE y las JSU. Perdida la guerra acudirá a puerto de Alicante, esperando junto a miles de personas unos barcos que nunca llegarían para rescatarles. Allí fue apresado por el fascismo y posteriormente falsamente acusado de asesinato y condenado a muerte.

Comenzaría entonces su largo periplo carcelario, 23 años en diferentes campos de concentración y penales a lo largo de toda la geografía española. Allí comenzaría a escribir poesía bajo el pseudónimo de Marcos Ana –unión del nombre de su padre y su madre- y a organizar la resistencia dentro de los muros del oscuro sistema penitenciario franquista. Se daban clases de histórica y filosofía; editaban clandestinamente ediciones de Mundo Obrero –el periódico del PCE-; organizaron actividades culturales. Era un trabajo colectivo, pero el carisma y liderazgo de Marcos Ana le convirtieron en el preso político que más año estuvo privado de libertad en el franquismo. La dictadura extendía su condena, le aislaba o trasladaba a otros penales como respuesta a la actividad política que recorría las cárceles españolas.

Así pasaron 23 años en los que sus versos y figura política le habían consolidado como un referente en la lucha contra el franquismo dentro y fuera del país. Año tras año, la solidaridad internacional con los presos españoles crecía, con Marcos Ana como una de las principales caras visibles de la represión. Tras años de protestas e intensas campañas de presión, el gobierno de Franco decidió liberarlo en 1961. “Salí de la cárcel virgen y mártir” confesaba el poeta.

Referente en la solidaridad internacional

Los poemas de Marcos Ana junto a otros documentos políticos salían escondidos del penal de Burgos, donde pasó la mayoría de su condena, en objetos cotidianos que llevaban familiares de presos o camuflados en los productos que fabricaban los reos dentro de la prisión. Desde allí llegaron a todo el mundo gracias a una extensa red de colaboradores y periodistas que se encargaban de difundir la realidad de los represaliados.

Mientras él seguía en la cárcel, sus versos viajaban por toda América Latina, Europa y África, donde la activa comunidad de exiliados españoles comenzó a popularizarlo. Su obra llegó incluso a destacados intelectuales y artistas como Pablo Neruda o Rafael Alberti, quienes terminaron de impulsar la poesía cercana y profunda del salmantino. Él, confesó años después, ignoraba el impacto de su obra y se mostró sorprendido por el alcance que obtuvo.

Marcos Ana salió de la cárcel convertido en icono de resistencia y literatura comprometida. Su gran proyección internacional fue aprovechada por el PCE para situarle al frente de la Secretaría de Relaciones Internacionales. El objetivo era simple, que el preso político que más año había estado en las cárceles franquistas sirviese de altavoz al mundo para empujar el derrumbe de la dictadura.

Comenzaba una etapa frenética en la vida del poeta. Tras años donde su día a día se reducía a ese “patio cuadrado donde los hombres giran bajo un cielo de estaño”, como se refirió a la cárcel en su poema Mi corazón es patio, Marcos Ana viajó de manera infatigable por todo el mundo para organizar una red internacional de denuncia a la dictadura, el CISE (Comité de Información y Solidaridad con España).

Fue embajador de la lucha antifranquista ante decenas de países, gobiernos y partidos. Pero también recogió y transmitió los testimonios y luchas de otros pueblos como el cubano, el chileno o el saharaui.

Su actividad le supuso, como era evidente, el exilio. Pues, pese a haber sido amnistiado, el franquismo puso en Marcos Ana el foco como uno de los “mayores enemigos de la patria”. Junto a otros dirigentes de la lucha antifranquista, se ubicó en París desde donde dirigió el CISE.

Amigo del pueblo saharaui y padre del programa “Vacaciones en paz”

La muerte de Franco en 1975 y el decadente estado de la dictadura empujaron al PCE a volver a mandar a España a sus dirigentes en el exilio. Marcos Ana regresó en 1977.

Las heridas de este periodo final de la dictadura no se dejaron notar solo en España, sino que en esos mismos meses se consumó la traición y abandono del pueblo saharaui. En 1975, los acuerdos Tripartitos de Madrid –declarados ilegales- dieron carta blanca a Marruecos y Mauritania para ocupar la colonia española. Sobre el terreno, el Frente Polisario organizó la resistencia y fue a una guerra desigual contra sus dos vecinos.

A finales de los años 70, miles de civiles tuvieron que huir de la ocupación marroquí y mauritana, instalándose en el desierto argelino fronterizo con el Sáhara, donde las condiciones de vida fueron durísimas. Marcos Ana, al frente de la política internacional del PCE, no ignoró el tema y pronto viajó a los recién creados campamentos de refugiados de Tinduf para conocer la situación de los saharauis. Fue aquí, aseguró, cuando se convenció de la necesidad de articular un movimiento solidario con el Sáhara Occidental. Tal y como contó en varias entrevistas, se comprometió con el líder del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz, a traer a cientos niños saharauis a España durante los meses de verano, cuando las temperaturas alcanzan los 50º c.

Mientras la guerra en el Sáhara rugía implacable, el PCE, con Marcos Ana a la cabeza, organizó la primera llegada de niños saharauis a España, el embrión de lo que hoy es el programa “Vacaciones en Paz”. El 2 de septiembre de 1979 aterrizaron en el aeropuerto de Barajas cien niños saharauis, en su mayoría hijos de combatientes en plena guerra contra Marruecos. Un multitudinario recibimiento les dio la bienvenida; banderas saharauis, españolas y comunistas ondeaban en la Terminal 2, recogía la prensa de la época.

Junto con Marcos Ana, estuvo presente también el histórico dirigente obrero Marcelino Camacho y el entonces Secretario General del PCE, Santiago Carrillo.

La crónica de Mundo Obrero recogió las palabras del artífice de esta iniciativa, el poeta salmantino. “Esta iniciativa no es meramente humanitaria, sino que nosotros la valoramos en su aspecto político. No se trata sólo de que estos cien niños conozcan nuestros paisajes y descansen con nuestros hijos. Se trata de que sean un testimonio vivo, emocional, de la lucha que un pueblo mantiene por su libertad. Son algo más que unos invitados. Son un símbolo político”.

Más de cuarenta años después “Vacaciones en Paz” ha acogido en España a decenas de miles de niños saharauis. El compromiso personal de Marcos Ana con el histórico líder Mohamed Abdelaziz perduró en el tiempo. Ambos murieron en 2016, pero los vínculos de solidaridad internacional que fomentaron siguen plenamente vivos.

El propio hijo de Abdelaziz, Jalil Mohamed, participó en este programa. “Vacaciones en Paz es una gran muestra de afecto y cariño del pueblo español que ha ayudado a miles de saharauis como yo” afirma en llamada telefónica. Hoy Jalil reside en España y trabaja como periodista sirviendo de altavoz a la causa saharaui. “No podemos no luchar por dar voz a nuestro pueblo” señala.

También tiene palabras de afecto para Marcos Ana: “conozco su figura y es muy respetado por el pueblo saharaui, estamos muy agradecidos por haber puesto en marcha el programa de Vacaciones en Paz”, sentencia.

Abdulah Arabi, delegado del Frente Polisario en España, expresaba para el diario Público la misma gratitud tras la muerte del poeta. “Como pueblo que lucha por su libertad, hemos encontrado en él a una persona de referencia y solidaridad. Nos ayudó a fundar la primera asociación de amistad con el pueblo saharaui y, hace 38 años, a traer al primer grupo de niños. Algo que todos los saharauis le vamos a agradecer eternamente”.

Marcos Ana y su legado siguen muy presente dentro y fuera de Españas. Su solidaridad internacional le ha convertido en un eterno embajador de las causas justas y en un amigo del pueblo saharaui.