Un cuento de Navidad feminista

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Virginia García

Ya estamos en Navidad, ha venido Papá Noel y en breve llegarán los tres Reyes Magos.

¡Ni un solo personaje femenino!

Ya estamos enseñando a las niñas y niños que el peso de los hombres en la sociedad es más fuerte, más importante desde que nacen.  

Harta de esta situación, el año pasado creé a “Madrina Noel” para mi ahijada de seis años. Cinco tenía en ese momento.  

Le extrañó mucho que una tal Madrina Noel apareciese de la nada, pero después de una conversación en la que le dejo claro que ese personaje nace por la necesidad de la presencia femenina, y de explicarle que la novia de Papá Noel no cuenta, no solo lo entendió, sino que le hace bastante gracia que venga Madrina Noel a traerle regalos.  

Y este año, Madrina Noel le regaló un libro de 100 cuentos sobre la historia de 100 mujeres que marcaron la historia, la ciencia, la literatura y otras materias. 

¡Un libro entero de cuentos en los que las protagonistas son todas niñas como ella! 

Disfrutamos de la lectura de algunas páginas juntas, su madre ella y yo. Lo duro fue cuando me preguntó en qué curso iba a dar la historia de esas niñas, y tuve que explicarle que en ninguno. Que la mayoría de esas mujeres no aparecerán en sus libros de texto, porque en esta sociedad machista se silencia a las mujeres.  

Ya habíamos leído juntas otros cuentos, uno que explica lo que es el feminismo y los logros obtenidos gracias a él, la historia de Malala y alguno más. Así que poco a poco la niña fue aprendiendo que el machismo existe, y según ella dice, ¡es una injusticia!

 

A mi ahijada le encanta el fútbol, así que este año entró en el equipo de su colegio. Es la única niña del equipo. En un colegio entero, se da la extraña casualidad de que solo a una niña le guste el fútbol y que en gimnasia rítmica y patinaje artístico solo haya niñas, porque a todos los niños, en cambio, sí que les gusta el fútbol.  

Extraña casualidad, que parecen ver como algo muy normal tanto colegio como madres y padres, y por extensión niñas y niños.  

Le pregunté que tal le trataban el entrenador y los compañeros. Me dice que el entrenador le trata muy bien porque es la nueva, para ayudarla, pero que no notó ningún trato distinto al de los niños, y lo mismo con los niños, excepto con uno que la llamó niñata cuando llegó. Un niño de su misma edad.  

Me preguntó si eso era un machismo, porque ella había visto en las películas como los hombres llaman niñatas a las mujeres, para insultarlas. Y ella, se sintió insultada.  

Le contesté que sí, que era muy inteligente y se había sabido identificar muy bien lo que era un trato machista hacia ella, y que no debía consentirlo. Me respondió que no lo consintió que le había dicho al niño que él no era nadie para llamarle niñata y el niño se calló. 

Mi ahijada con seis años, sabe identificar el lenguaje machista, sabe que es injusto y no deseado y que no hay que consentirlo, pero una mayoría social de gente adulta no es capaz de hacerlo ni de reconocerlo.  

Me parece a mí que llevan muchos años tomándonos el pelo.  

En nuestra conversación, también me cuenta que las niñas de su clase no tenían ni idea de lo que eran los machismos y los feminismos.  

Pensé en ese momento, lo mismo que estarás pensando tú, solo tienen seis años.  

Le contesté, que en ese caso ella podría explicarles lo que sabe, para que ellas también lo supieran, pero no le dí mayor importancia, porque se trataba de niñas pequeñas.  

Sin embargo, seguí pensando en ello, y recordé una ponencia que había visto hacía unos días sobre un estudio en adolescentes sobre la violencia machista. Niñas y niños entre catorce y diecisiete años, las edades en las que ya tienen relaciones de pareja.  

En la ponencia se daban los resultados de la investigación, y es alarmante que la gran mayoría no saben identificar la violencia machista, ven normales en las relaciones los celos y el control sobre la otra persona.  

Y lo que más me ha llamado la atención es que el 85% de los chicos afirman, con la mayor naturalidad del mundo, que las niñas tienen sexo con ellos sin desearlo, para que ellos no se enfaden, o no las dejen por otras. Es decir, que ven como algo natural, las violaciones entre la pareja, que ven de forma natural que si tienes una novia, ella, le apetezca o no, tiene que tener sexo contigo.  

Seguramente, estas niñas y niños a partir de catorce años, cuando tenían seis años, no sabían lo que era el machismo y el feminismo y siguieron creciendo, sin saberlo, hasta que llegaron a los catorce, y empezaron a tener relaciones tóxicas de pareja, muy cercanas al maltrato, y muchas acabaron o acabarán siendo maltratadas.  

Hay un cierto consenso en que la educación de niños y niñas, empieza desde la cuna, Pero en realidad se refieren a que no salten en el sofá, a que sean obedientes.  

Les enseñamos a obedecer desde que nacen, pero no a enseñarles que papel ocupan en la sociedad, a formarlos como personas, explicarles las desigualdades en las que tendrán que vivir, y como combatirlas.  

Y cuando nos encontramos con el problema, y vemos que una mayoría aplastante de adolescentes se han repartido los roles de dominantes y sumisas, como se lleva haciendo veintiún siglos, nos echamos las manos a la cabeza.  

Y les damos un curso acelerado sobre la violencia machista y la necesidad de desaprender los roles aprendidos en catorce o diecisiete años, en un maravilloso taller de una tarde, o con suerte una semana.  

No sé que resultados esperamos obtener, pero presiento que no serán del todo satisfactorios.  

Si tenemos tan claro que en la educación está la solución, ya va siendo hora de que empecemos a educar, pero desde que nacen, y de forma progresiva, para que en la siguiente generación de adolescentes, no haya ni opresores ni sumisas, sino niños y niñas sanas, con relaciones sanas . 

Y para que mi pequeño ahijado de tres años, cuando tenga seis y empiece primaria, vea indistintamente niñas y niños en todas las actividades, sea libre para escoger las que más les gusten sin prejuicios ni roles de género absurdo.  

De momento, Madrina Noel se aseguró de regalarle una muñeca cuando le gustaban las muñecas y un coche cuando le gustaban los coches.  

En los colegios, hay que dar talleres desde pequeñas, adaptados a su edad, pero lo más importante, el ministerio de educación tiene que encargarse de que se enseñe la verdad a las niñas y niños, a no esconder la historia de las mujeres en los libros de texto. Tienen que dotar de presupuesto a las escuelas para que tengan una asignatura desde educación infantil cuya finalidad sea fomentar la igualdad entre niños y niñas.  

Y esto no se hará hasta que lo exijamos, hasta que el machismo y sus violencias no sean un asunto importante para las votantes. ¡Y ya va siendo hora de que empiece a serlo!

A las mamás y papás decirles que están enviando a sus hijas a la guerra con vestidos de princesas y varitas mágicas.  

Tomemos conciencia, y eduquemos desde la cuna, no a obedecer, ¡a razonar!

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