Entre las muchas consecuencias de la debacle egipcia, iniciada con la caída del régimen de Hosni Mubarak en 2011, podemos anotar que le ha sido quitado el cargo de “gendarme regional”, el que ostentó por décadas gracias al poder delegado de los Estados Unidos.

Por el que hoy compite la república turca, proponiendo lo que se conoce como el Yeni Osmanlıcılık (neo-otomanismo) impulsado con todas sus fuerzas por el aspirante a Sultán Recep Erdogan y el príncipe heredero del reino saudita, Mohamed bin Salman, que con el genocidio contra el pueblo yemení, ha dado acabadas muestras de sus condiciones para el cargo.

De todas maneras, el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi, que, a pesar de sus estrechas relaciones con Washington, lo que llevó a Donald Trump a nominarlo como su “dictador favorito”, no ceja en sus ansias de revertir la situación y subir nuevamente a la cúspide.

Con el fin de lograr ese deseo, el raïs egipcio se ha largado a operar fuertemente sobre lo que se conoce como el Cuerno de África una vasta región al sur de Egipto compuesta por, Etiopia, Djibouti, Eritrea y Somalia aproximadamente unos 4.5 millones de kilómetros cuadrados, habitados por unos 200 millones de habitantes, a los que se le podría agregar por proximidad, problemáticas e intereses comunes a Uganda, Sudán, Sudán del Sur y Kenia. Donde se están acelerado importantes y complejas problemáticas que ponen a toda la región, altamente sensible dado que son tributarias del Mar Rojo, un paso fundamental para el comercio internacional particularmente del petróleo, y el control sobre el estrecho de Bab al-Mandeb (la Puerta de las Lamentaciones) la angosta y estratégica entrada al Mar Rojo, desde el Indico.

Toda esa región, casi de manera unísona, se ha visto, recientemente, impulsada hacia diferentes conflictos armados como ya lo hemos visto en Etiopia (Ver: Etiopia: De una guerra étnica a un conflicto regional.) situación que de ninguna manera está resuelta y dadas las circunstancias, existen muchas más posibilidades de que se ramifique, antes de que termine.

En noviembre pasado en un discurso ante el parlamento de su país el Primer Ministro etíope, desde 2018 y Premio Nobel de la Paz 2019, Abiy Ahmed, denunció que desde su asunción el país había enfrentado 114 conflictos étnicos y religiosos, que provocaron miles de muertos y el desplazamiento de millones de personas. Según la denuncia de Abiy, todos fueron inducidos, y dirigidos por distintos grupos armados y políticos, interesados evitar las reformas políticas, sociales y económicas, que su gobierno pretende llevar adelante. Esas acciones antigubernamentales intentarían mantener el statu quo, provocar un cambio de gobierno o definitivamente generar un estado fallido a imagen y semejanza de Somalia.

Por su parte un alto funcionario de Addis Abeba, cuyo nombre no fue consignado, denunció que Egipto, cómo lo ha hecho en los últimos cincuenta años, sigue intentado desestabilizar Etiopia, financiado a distintos grupos insurgentes e incluso políticos para evitar la utilización de los recursos del río Nilo Azul, a punto de concretarse con la inauguración de la Gran Represa del Renacimiento Etíope, por sus siglas en ingles GERD, con una inversión cercana a los 5 mil millones de dólares, fundamentalmente de fondos chinos (Ver: Egipto-Etiopia: Las aguas bajan turbias).

Más allá de los recientes sucesos de Tigray, que han dejado miles de muertos y más de cien mil desplazados, que se han debido refugiarse en Sudán, en el norteño estado de Benishangul-Gumuz, donde se asienta la GERD, una milicia armada, se cree por Egipto, desencadenó una serie de ataques contra minorías étnicas, aunque el objetivo principal parece ser el de bloquear la ruta principal a la GERD, con el fin de impedir su finalización. La puesta en marcha de la Gran Repesa afectará de manera sustancial a la economía egipcia, principalmente la agrícola, ya que las aguas llegadas desde Etiopia aportan el 86 y el 95 % del consumo egipcio, lo que ha alterado las relaciones entre ambos países. Etiopia en 1902, cuando todavía los británicos gobernaban Egipto, se había comprometido a no construir obras hidráulicas sobre el Nilo Azul, al igual que sobre el río Sobat, afluente del Nilo Blanco, ambos tributarios del Nilo.

La denuncia sobre la influencia egipcia sobre distintos grupos armados etíopes, también subraya que agentes de la inteligencia de al-Sisi, están intentado lograr la creación de un frente de operaciones en Gumuz, para los combatientes del Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), que, aunque derrotado militarmente, cuentan con el apoyo de otros grupos que intentan independizarse del gobierno central de Addis Abeba, al tiempo que se conoció que El Cairo pidió al gobierno de Sudán del Sur, autorización para la creación de una base para esos grupos insurgentes, lo que fue rechazado por las autoridades de Yuba.

Otro de los factores de tensión que soporta el gobierno de Abiy, es el entredicho fronterizo con Sudán por las áreas agrícolas de al-Fashaqa, en el noroeste etíope. En noviembre pasado cuando las fuerzas armadas etíopes estaban en pleno conflicto con el TPLF, el ejército sudanés tomó el control del 90 por ciento de al-Fashaqa, unos 600 kilómetros cuadrados, de ricas áreas de labranza, maniobra de la que seguramente Egipto no ha estado ausente. Ya que para algunos expertos El Cairo, pretende involucrar a Sudán en un guerra con Etiopía, lo que le daría más influencia en el ejército y el aparato de seguridad de Jartum.

Más sombra sobre el Cuerno

Cuando la situación, tras el reinicio de las conversaciones tripartitas entre Egipto, Sudán y Etiopia por el funcionamiento de la Represa del Renacimiento, sigue siendo para nada claras y al tiempo que ya algunas voces hablan de un posible conflicto bélico entre Addis Abeba y El Cairo, el raïs continúa alargando su sombra sobre el resto del Cuerno de África.

Egipto, se encuentra profundizando su presencia en Somalia, donde ya sus rivales políticos Turquía y el Reino Saudita, también han asentado sus intereses. Hay que recordar que más allá del constante estado de disolución que vive ese país, no deja de representar una rica plataforma económica. Somalia con una de las costas más amplias del continente con poco más de 3 mil kilómetros sobre el Indico, tiene a pocos kilómetros importantes bancos de pesca y acceso al control de Bab al-Mandeb. Además de que nuevas investigaciones que cubren un área de más de 120 mil kilómetros cuadrados, en el mar y tierra firme han sugerido una potencial reserva de miles de millones de barriles de petróleo. Para más seguridad sobre esas investigaciones, el informé arrojo que el sector investigado tiene características geológicas similares a Kenia, Tanzania y Mozambique, donde se han localizado gigantescos yacimientos de hidrocarburos en las últimas dos décadas.

Si bien el conflicto armado que somete a Somalia a una constante sangría desde los años noventa y que con la presencia del grupo integrista al-Shabbab, la franquicia más importante de al-Queda en África, mantiene la violencia en carne viva, razón por lo que desde el año pasado Egipto, esta intentado seducir al gobierno del presidente Abdullahi “Farmajo” Mohamed prometiéndole ayuda militar. La que aparentemente fue rechazada, por lo que los emisarios de al-Sisi se dirigieron a Somalilandia, un estado autoproclamado, sin reconocimiento internacional, que ha escapado del control de Mogadiscio, en procura de liberarse de la endémica violencia que vive el país, para pedirle a su gobierno autorización para establecer una base militar. Según las denuncias del funcionario etíope, El Cairo intenta profundizar las diferencias entre Mogadiscio y Hargeisa, con la intensión de generar otro conflicto armado, del que podría tomar parte en procura de conseguir réditos políticos y económicos.

En el estado de inestabilidad en que ha entrado el Cuerno de África, hay que sumarle el resurgimiento del Front pour la Restauration de l’Unité et de la Démocratie o FRUD, una organización política de Djibouti, aliada a los intereses de la etnia afar, cuyos militantes desde el pasado 22 de diciembre están desarrollando diferentes acciones contra las fuerzas federales estacionadas en los distritos de Tadjourah y Obock en el este del país, que habrían estado hostigado y abusado de la población civil, por lo que el FRUD ha desplegado algunas acciones el pasado catorce de enero, tras las que la región se encuentra en estado en alerta máxima. Hombres del FRUD atacaron cuatro puestos de control de las fuerzas de seguridad, tras un intenso ataque con cohetería. Un puesto de gendarmería y otro policial fueron copados por los militantes del FRUD, que más tarde abandonarían los lugares sin bajas y habiendo capturado armamento y equipos de comunicación. También en la noche del catorce, se produjo un choque cerca de Assagaila, en el norte del país entre efectivos de ejército y del FRUD. Al día siguiente las fuerzas federales bombardearon las montañas de Loubakli y Boroh Alé en Mablas, también al norte del país, donde se cree existen campamentos de los insurgentes. De manera inmediata desde la capital, fueron enviados refuerzos a los que se le unirían tropas venidas de otros sitios para asaltar el FRUD. Si bien los hechos apenas dejaron un gendarme muerto y un civil herido, es sumamente grave que en ese país sede de una importante cantidad de bases militares de diferentes países de Occidente, Medio Oriente e incluso China, se produzca este tipo de acciones, que ha puesto en estado de shock tanto a la población como al gobierno del presidente, Ismail Omar Guelleh que se mantiene en el poder desde 1999, y que el próximo abril “disputará” su quinta elección. La situación política ha ido empeorando y distintos partidos políticos organizan semanalmente manifestaciones antigubernamentales por lo que se cree que una salida del presidente Guelleh, podría apaciguar las aguas y evitar la escalada de violencia en que está envuelta toda la región.

Como última anotación hay que destacar los hechos de las últimas semanas que se están produciendo en diferentes zonas de la región sudanesa de Darfur y su capital Al-Geneina donde los enfrentamientos tribales han dejado más de 200 muertos. Según fuentes del hospital regional, desde el lunes 19 comenzaron a llegar los cuerpos de personas muertas en los combates en las áreas de Morni y Goker.

Los incidentes habrían estallado a raíz de la muerte de un miembro de una tribu nómada de origen árabe, en una pelea con integrantes de la etnia Mesalit, en el campamento de Kerainding, cercano a Al Geneina. Cerca de cuarenta personas también murieron en los enfrentamientos producidos entre las tribus Falata y Rizeigat en la localidad de Geireda, en Darfur Sur. Estos incidentes se producen por primera vez tras las firma del Acuerdo de Paz de octubre del 2020 entre Jartum y distintas organizaciones armada que operaban en ese sector. Que incluía la creación de una fuerza de control conjunta, después del repliegue de las tropas de la Operación Híbrida compuesta por efectivos de la UNAMID (Unión Africana y Naciones Unidas), lo que había provocado un vacío de seguridad.

La violencia en los distintos sectores del Cuerno de África ha estallado nuevamente, lo que parece beneficiar las intenciones del raïs Abdel Fattah al-Sisi.


Guadi Calvo: escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

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