Por Javier Díaz Ortiz

Un fantasma recorre España. Es el fantasma del fascismo. Este ya no es un país seguro para opinar. Es mejor callar, porque las consecuencias no entienden de humor, crítica sana o expresión artística. Vivimos en un momento, un 2018, verdaderamente peligroso para nuestros derechos más fundamentales. Las instituciones se alinean para censurar cada vez con menos disimulo muestras de discordancia o crítica. Se tergiversan las leyes, se retuercen los procedimientos judiciales, e incluso se pasa por encima de normas legítimas, todo ello para coartar una libertad fundamental en una democracia. ¿Democracia? No suena muy convincente en estos días.

¿Qué ha pasado? ¿Y la libertad de expresión? ¿Pero qué país estamos construyendo? Cuando hayan acabado con todo, cuando ya todo disidente esté fuera de juego, ¿qué nos queda? Una televisión pública acosada por las presiones políticas y las interferencias del Gobierno denunciadas una y otra vez por los trabajadores y trabajadoras. Nos queda un Soto del Real atestado de presos preventivos a la espera de juicios por delitos que no pueden ser calificados de manera clara sino a través de la torsión gramatical de la Ley. Nos quedan museos y exposiciones con cuadros censurados que han sido eliminados sin más motivo que la conveniencia política del momento. Nos quedan cantantes presos por sus canciones, ¿injuriosas?, puede ser, pero canciones al fin y al cabo. Nos quedan libros censurados porque contienen nombres y datos, nombres importantes y datos comprometedores, mucha, demasiada verdad para este país. Nos queda el arte monocromático y triste de los bodegones y los paisajes, los artistas más extravagantes fueron multados o huyeron. Nos quedarán los grupos neonazis y de ultra derecha que son escoltados en las manifestaciones. Nos quedarán los religiosos lanzando mensajes de odio desde sus púlpitos; no, mensajes de odio no, las sagradas escrituras dicen.

Cuidado, porque escribir, cantar, pintar o hablar ya no es seguro. ¿Exageración? Bueno, tres años y medio de prisión por una canción que presuntamente injuria a una persona puede decir mucho de exageración. Oh, pero no es una persona cualquier, es un soberano y dignísimo heredero de su perfecta dinastía legitimada por… Cuidado, calla mejor. Afortunadamente, hemos podido disfrutar de obras magistrales del arte y la cultura como La vida de Brian (1979), cuyo estreno hoy en día no sabemos qué hubiera desencadenado. Cuidado otra vez, eso no se puede decir. Sin embargo no es todo negativo, y siempre queda la posibilidad de manifestarse. Ahora bien, si recibes una paliza no trates de grabarlo para denunciar, porque además de los golpes puedes llevar una gran multa. ¿Es eso seguridad ciudadana? Cuidado, no sigas por ahí, no olvides dónde vives. Está bien, la manifestación no es segura, pero puedo opinar en redes sociales. Ahí no pueden agredirme, soy libre, libre para hacer apología del humor y acabar sentado en la Audiencia Nacional. Cuidado, no seas inconsciente, pisas un terreno muy peligroso.

Es verdad, mejor será que tenga cuidado. Cuidado de no callar, nunca, ante nadie. Cuidado de no retroceder ni un paso en libertades y derechos, siempre hacia adelante, siempre más. Seré prudente y no toleraré la censura o el miedo. Me cuidaré de no temer, de no someterme. Cuidado, sí, mucho cuidado, porque esto solo acaba de empezar. Mucho cuidado de la democracia, de la suya, la que dicen que es la de verdad; no te fíes. Cuidado de sus promesas, son mentiras envenenadas. Pero ante todo y sobre todo, cuidado, mil veces cuidado de guardar silencio, porque nuestro silencio es su victoria. Eso nunca. Silencio jamás. Cuidado.

Nacido en Cebreros (Ávila), tengo 21 años. Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la UCM. En colaboración con proyectos de Derechos Humanos, Derechos LGTBI y otras ONG. Coordinador de Opinión de Contrainformacion.es

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