José Alfonso Montejano Aranda
Arquitecto y escritor


El círculo vicioso se refuerza. La ultraderecha salvadora de la humanidad ha desplegado sus tentáculos en contra de la gente que tiene miedo, sus operativos psicológicos de control extienden la devastación del mundo mucho más rápido que la consciencia medioambiental segura de sí misma y protectora de los pulmones del Planeta. Con la geoingeniería queremos curar los errores garrafales de la humanidad, pero atendemos los síntomas y no las causas de raíz. El abismo económico construido por el neoliberalismo entre los barrios miserables y las zonas residenciales exclusivas, propicia un caldo de cultivo para la discriminación hacia los marginados por parte de las elites, y de rencor y de lucha por parte de los desprotegidos que no tuvieron acceso al consumo desmedido. Esto activa la represión de los gobiernos alineados con la riqueza bioéticamente discutible.

Nos hemos acostumbrado a vivir de una forma tan absurda imitando los modelos económicos destructores de la vida, que se nos hace imposible pensar en un cambio de paradigmas que nos impulse de nuevo al equilibrio medioambiental con el que debimos habernos desarrollado en el transcurso de la historia, consolidando así una armonía simbiótica con todas las formas de vida. Y no estoy predicando un retorno a la era de las cavernas, estoy aseverando que gracias a los cánones religiosos y monetarios impuestos con sangre, equivocamos el camino destinado naturalmente a una vida colectiva plena.

Todos los gobernantes hablan de erradicar la pobreza, pero lo intentan por medio de mecanismos contaminantes que van a engrandecer la brecha de la desigualdad. En estos planes milagrosos nadie contempla la necesaria erradicación de la especulación financiera y sus métodos de acumulación, nadie se preocupa de que el mundo pueda funcionar de nuevo como un reloj sustentable y con la misma capacidad de recuperación natural que tenía antes de la revolución industrial.

La cultura de la incertidumbre ha radicalizado las posturas, los medios de comunicación ocultan la información veraz con el fin de obtener más ganancias y continuar con la manipulación sobre las catástrofes ambientales que nos esperan, los descubrimientos científicos son minimizados por las reservas probables de combustibles fósiles y los investigadores no nos dicen que el tiempo apremia. En México, el 57% de la población trabaja en la economía informal y en las próximas elecciones van a votar por quién les ofrezca un futuro promisorio, aunque los engañen y su engaño se soporte en la quema de carburantes.

¿Es posible poner un precio a los efectos del calentamiento global? Al parecer, la misma pobreza lo está valorando en una miseria. Las fuerzas del mercado están aprovechando esta situación para acumular más riqueza y lo que menos importa es que el Planeta se agote. Se difunde el rumor de que el dinero es un recurso y se extraen los recursos naturales para obtenerlo, estamos cayendo en falsas soluciones cimentadas en la especulación financiera y además aceptadas por todos los sectores de la sociedad.

La guerra contra el clima ha promovido la solidaridad de los consumidores y los pobres se han convertido en defensores de la ideología que los oprime. Estamos intentando, con tarjetas de crédito, restablecer una huella ecológica sana. Queremos combatir la debacle del modelo económico con los recursos naturales que lo hicieron insostenible, con esto le estamos dejando una pesada carga a nuestros descendientes, quienes ya comienzan a manifestar su descontento por el oscuro futuro que les hemos forjado.

Los ingresos del producto del trabajo se sustituyen por la inversión especulativa, quienes no tienen ingresos suficientes se endeudan para invertir y todos pierden, unos porque los intereses de la especulación son más altos que lo que pueden obtener sin esfuerzo, y otros porque sus productos chatarra serán invendibles por falta de liquidez. Ante este fracaso, el rigor de la imposición del neoliberalismo se exacerba. Los gobiernos serviles, gestores y responsables de su aplicación extreman sus precauciones, exportan más crudo e importan más gasolina, destruyen las selvas para paliar las crisis alimentarias, el pueblo hambriento los apoya, los campesinos huyen del campo y las empresas de transgénicos hacen su agosto, envenenan a la gente para que la biopiratería controlada por sus laboratorios los cure. Se concentra la riqueza y la izquierda no puede devolver al pueblo lo robado. Es ilegal porque así fue establecido durante el tiempo en que se estipuló el crecimiento con base en el despilfarro de productos inútiles, a sus líderes los encarcelan, el derroche energético causante de la falta de agua, es la panacea con la que se van a solucionar todos los males. La deuda de carbono se hace a un lado, los países de América solamente podrán crecer con los productos refinados que el imperio les venda, nadie reconoce el que se hayan contaminado los espacios que pertenecen a los ciudadanos del mundo. Los sectores religiosos se dan cuenta de la situación y propagan su doctrina entre la población más necesitada, apoyan la destrucción de la obra divina que hacen los partidos ultraderechistas, luchan contra el aborto, contra la homosexualidad, contra la educación progresista y predican que la riqueza obtenida del extractivismo es el único deseo de Dios, su ideología es la desigualdad y puntualizan que el camino está sembrado de pan, el fanatismo religioso se pronuncia por la santificación de determinadas creencias políticas.

El actual contexto mundial complica el ataque al cambio climático, la transición del consumismo a la libertad requiere de una consciencia medioambiental acorde con la rectificación de las creencias espirituales y económicas, sin embargo los asuntos sociales se tratan bajo un trasfondo religioso y los bancos privados crean dinero de la nada, generan la anarquía monetaria y hacen circular trillones de dólares de dinero endógeno, un dinero que no tiene respaldo en nada, ni siquiera en el ahorro de los cuentahabientes, ninguno de ellos ahorra para invertir, los inversionistas solicitan créditos para obtener de la especulación financiera ganancias fáciles y la actividad productiva se desploma, la crisis del 2008 lo puso en evidencia y seguimos el mismo camino porque a los dueños del capital no les interesan las crisis climáticas, nos dicen que la misma Tierra corregirá sus efectos aunque el ser humano se extinga, que lo importante es continuar acumulando dinero y que la desigualdad es un estado natural existente en toda la historia de la humanidad.

La recesión mundial y las catástrofes medioambientales tendrán efectos devastadores sobre los pobres del mundo, ningún Mesías los va a redimir de la pasividad con la que aceptaron los designios de Dios, menos los inversores, a quienes deberemos agradecer el ser cómplices de la destrucción por habernos dejado manipular en el mercado de sus empresas mineras y petroleras, nadie quiere salir de ese sistema por la esperanza competitiva infundida de tener más que los demás, todos quieren volver a la ultraderecha para recuperar los lujos ilusorios perdidos, pero la realidad es muy diferente, hemos rebasado la biocapacidad de la Tierra para restablecer su fisiología sana y desde hace tiempo estamos en deuda con ella, la vida continuará con nosotros o sin nosotros, quién está en riesgo por su necedad de enriquecerse a costa de los límites finitos de un Planeta es el ser humano.

“Esta generación tendrá que decidir si la existencia humana continuará”: Noam Chomsky.