Decía el Ché que «si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros». Unas palabras frecuentemente citadas y que en una situación como la que está sufriendo la juventud y el pueblo saharaui ganan una especial relevancia.

Durante las últimas semanas, Marruecos venía trasladando un elevado número de gendarmes y otras fuerzas de ocupación marroquíes a la zona fronteriza con Mauritania de Guerguerat. Un movimiento que suponía un claro y flagrante incumplimiento del Acuerdo Militar Nº 1. Ante esta situación, manifestantes saharauis protestaron pacíficamente en la zona de Guerguerat denunciando esta violación que Marruecos volvía a cometer contra el pueblo saharaui. Lamentablemente, las tensiones que la ocupación marroquí estaba provocando hacían presagiar lo peor. Y la mañana del 13 de noviembre estalló lo que algunos agentes, entre ellos la propia Federación Mundial de la Juventud Democrática, veníamos advirtiendo desde hace varios días. Las fuerzas de ocupación marroquíes abrieron tres brechas en el muro de la vergüenza para atacar a los manifestantes saharauis que protestaban pacíficamente en Guerguerat. Estos acontecimientos supusieron una nueva y brutal vulneración del alto al fuego, de los acuerdos de paz de 1991 y del Acuerdo Militar Nº 1. Marruecos terminó de dinamitar completamente la paz.

La situación que sufre la juventud y el pueblo saharaui, por desgracia, no puede reducirse a estos acontecimientos recientes. Esta situación que ha llevado a que los acuerdos de paz terminasen por romperse es incomprensible si nos abstraemos de lo que viene sucediendo desde hace años. La firma hace 45 años del Acuerdo Tripartito de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania; los escasos, por no decir nulos, avances desde la creación de la MINURSO para la celebración del referéndum de autodeterminación; la complicidad de las fuerzas imperialistas como la Unión Europea (en especial, España y Francia) y Estados Unidos con la ocupación marroquí, incluso valiéndose de esta para obtener recursos saharauis expoliados ilegalmente por Marruecos; y un larguísimo etcétera de agresiones contra la juventud y el pueblo saharaui.

La Federación Mundial de la Juventud Democrática lleva años estremeciéndose por estas continuas injusticias. Hemos denunciado la ocupación marroquí de manera inquebrantable. Hemos mostrado nuestro total apoyo al ejercicio del derecho a la autodeterminación que se lleva posponiendo sine die y que debería ejecutarse urgentemente. Hemos organizado brigadas de solidaridad en el Sáhara Occidental y campañas en solidaridad con la juventud y el pueblo saharaui. Siempre, junto a nuestras camaradas de la UJSARIO.

Habrá quienes llamen ambiguamente a la paz, obviando quién rompió la paz, quién violó nuevamente todos los acuerdos, y sin mencionar el dolor de quienes llevan tantos años esperando la solución prometida pero que nunca llega a ser realizada. La juventud antiimperialista es la expresión de que los pueblos del mundo solamente podemos confiar en que la solidaridad vendrá de la mano de la juventud y de la clase trabajadora de cada rincón del mundo, de que ante las injusticias no habrá clase dominante que se estremezca, y que por lo tanto solamente podemos encontrar en nosotros y nosotras mismas a nuestros compañeros y compañeras.

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