La crítica internacional aplaude su obra, mientras el The New York Times dice que “Fosse ha sido comparado con Ibsen o Beckett. Es fácil ver en su obra la austeridad con la que Ibsen trata las emociones más esenciales, pero va más allá, porque su voz tiene una feroz simplicidad poética”, el Nordic Council Literary Prize sostiene que “Jon Fosse es uno de los pocos escritores que ha conseguido inventar una nueva forma literaria”.

Septología es una novela de gran calado escrita en 7 partes. Knausgård, alumno de Fosse, siguiendo la tradición literaria nórdica, también ha escrito en seis libros Mi lucha. La diferencia es que él quería mostrarse en su escritura mientras que Fosse quiere desaparecer escribiendo. Lo que tienen en común es la construcción de un universo en 6 o 7 libros donde el lector entra en cada tomo sabiendo a dónde va. En el caso de Fosse, sabe a dónde va, pero no cómo saldrá porque siempre sorprende al lector con alguna experiencia inconfesable. En este tomo, El otro nombre Septología II (De Conatus, 2020) trata capítulos de la infancia que suceden por un deseo muy vital de autonomía y suponen la entrada por la puerta grande a la oscuridad del mundo adulto.

Fosse es capaz de devolvernos la sensación perdida de cuando éramos niños y descubríamos el mundo sin saber que eso determinaría nuestras vidas.

Asle dice que no se lo dirá a nadie y el Calavera para el coche a un lado de la carretera y luego coge la cartera y saca tres coronas y se las da a Asle y él se las mete enseguida en el bolsillo del pantalón y de paso se cierra la bragueta y entonces el Calavera dice que será mejor que se baje aquí, porque ya no queda mucho para la Cooperativa, dice, y Asle dice que sí y se mete la mano en el bolsillo y nota que lo que le ha dado son tres coronas, así que le da para tres helados, piensa, y el Calavera se inclina sobre Asle y su tripa se apoya sobre todo Asle y entonces el Calavera abre la puerta junto a Asle y él se baja del coche y ahí se queda Asle con el cántaro de leche hecho de hojalata y el Calavera sigue su camino y Asle camina hacia la Cooperativa y yo estoy en la cama ¿y me habré dormido un poco? ¿o quizá he estado despierto? yo, Asle, pienso, y supongo que estoy demasiado cansado para dormirme, estoy pasado de rosca como dicen, pienso, y luego acaricio la piel de Brage que está echado a mi lado, y un perro da mucho calor, pienso, y ahora no debo pensar en que me encontré a Asle tirado en la nieve, casi cubierto de nieve, pienso, porque entonces seguro que no duermo esta noche, y estoy muy, muy cansado y veo a Asle ahí tumbado y le tiembla el cuerpo, tiene sacudidas y el Médico está ahí mirándolo.

De Conatus lanza en España la nueva novela de Jon Fosse
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Septología es una indagación sobre la identidad. La escritura de Fosse en este libro actúa como una especie de linterna que alumbra la oscuridad para encontrar algún sentido. El personaje, Asle, es un pintor reconocido que vive solo al borde del mar y que apenas se relaciona con gente. Todos los libros comienzan con su pensamiento acerca de la luz y oscuridad en el último cuadro que ha pintado y terminan en un rezo repetitivo. En cada uno de esas partes de la narración vamos descubriendo qué le ha pasado en la vida para haber terminado así.

Y me veo de pie, mirando las dos rayas que se cruzan más o menos por el medio, una marrón y otra morada, y veo que he pintado las rayas despacio y con mucho óleo espeso, y que el óleo se ha corrido, y donde las líneas se cruzan el color ha producido una bella mezcla y corre hacia abajo y pienso que esto no es un cuadro, pero que al mismo tiempo es como debe ser, está terminado, y luego me alejo un poco del cuadro y me quedo mirándolo y me veo a mí mismo acostado en la cama de la Fonda y pienso que hoy es martes, un martes cualquiera, y en realidad puedo levantarme ya, lo mismo da, o al menos vestirme, pienso, y me siento en el borde de la cama y pienso menuda noche, pienso, y me levanto y cojo del suelo el panta- lón y me lo pongo y me meto por la cabeza el jersey negro y me pongo la chaqueta de pana negra y luego me siento sobre el borde de la cama y me suelto los cordones de los zapatos, me pongo los zapatos, me ato los cordones y veo el abrigo negro echado sobre la silla y pienso que apenas he dormido a pesar de lo cansado que estaba al acostarme, o que habré dor- mido, sólo que no lo siento así y curiosamente tampoco tengo mucho sueño, pienso, y me levanto y entro en el cuarto de baño y me echo agua fría en la cara, una vez, varias veces.