Por Sara García (Alianza por la Solidaridad)

¿Qué quieres ser de mayor? De mayor quiero ser libre.

Cada siete segundos una niña menor de 15 años contrae matrimonio. Lo que significa que cuando acabes de leer este artículo al menos 17 niñas se habrán convertido en la mujer de alguien. De las mujeres que habitan hoy el mundo, más de 700 millones se han casado antes de los 18 años y una de cada tres de esas mujeres se casaron antes de los 15 años.

El matrimonio infantil es una violación de derechos humanos reconocida internacionalmente, pero su práctica sigue vigente abarcando diferentes continentes y culturas, perpetuando la desigualdad de género. Además, esta práctica afecta de manera desproporcional a las niñas, cinco veces más que a los menores varones.

Sin importar donde ocurre, el matrimonio infantil roba la infancia de las niñas, y pone su vida y salud en peligro. Las consecuencias negativas son múltiples. A menudo, las niñas que son obligadas a casarse también se ven forzadas a abandonar la escuela lo que repercute gravemente en su situación social y cultural. La falta de educación y la falta de oportunidad para decidir sobre su futuro, limitan sus expectativas económicas y las priva de libertad física, aumentando el riesgo a sufrir violencia de género. Con frecuencia las niñas se quedan embarazadas cuando sus cuerpos aún no están preparados, lo que incrementa el riesgo de sufrir complicaciones durante el embarazo y el parto para ellas, pero también para sus hijos/as. Sus expectativas económicas y de salud son peores que las de las niñas que no se casan, lo que a la larga se transmite a sus hijos/as manteniendo el ciclo de la pobreza y repercutiendo negativamente al desarrollo de un país.

En Palestina se estima que el 20% de los matrimonios se producen antes de cumplir la mayoría de edad. Ante el incremento de las cifras en la última década, el ejecutivo palestino en Cisjordania ha decidido cambiar la legislación y establecer la edad legal del matrimonio en los 18 años. Sin embargo, aún hay abierta la puerta a múltiples lagunas legales gracias a la posibilidad de establecer excepciones. Afortunadamente, en Marzo de 2018, la Autoridad Palestina derogó la Ley que permitía a los perpetradores de violencia sexual casarse con sus víctimas para escapar del sistema judicial. Pero pese al avance y éxito que supone esta medida, en la práctica el abuso sexual a menores se sigue viendo como una deshonra para la familia, que justifica el matrimonio infantil para reparar el daño.

Impulsadas por valores patriarcales las causas que llevan al matrimonio infantil son múltiples y difieren de un lugar a otro, aunque algunas de ellas persisten en muchos contextos. Por ejemplo la pobreza favorece que en muchos lugares está práctica se mantenga para aliviar cargas familiares como ocurre entre los campos de refugiados de Jordania y Palestina y, como una medida errónea de protección ante la posibilidad de que las menores sean abusadas sexualmente.

Abordar el matrimonio infantil implica identificar todos los factores que lo posibilitan en cada país. El necesario cambio legislativo, reclamado desde hace años las organizaciones de mujeres palestinas, no es suficiente para proteger los derechos de niñas y mujeres. Es necesario asegurar el bien superior del menor y empoderarles, especialmente a las niñas, garantizando que puedan seguir estudiando en espacios seguros e impulsar el desarrollo de sus habilidades y sus oportunidades. Y, sobre todo, es necesario trabajar para erradicar toda forma de violencia contra la mujer y de discriminación hacia ellas, hacia nosotras.