La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (1).

Por Javier Cortines
Que EEUU actúa muchas veces como un Estado terrorista es una verdad constatable, con millones de cadáveres de civiles en medio planeta, pero ¿Es eso un argumento de peso para que la izquierda apoye a regímenes teocráticos, como el iraní, que tiene sometidas por ley a más de 40 millones de mujeres que no pueden decir ni pio en contra de los clérigos que “las obligan a vestir y a pensar de forma correcta” para no acabar molidas a palos entre barrotes?

La izquierda debería de reafirmarse en sus principios fundacionales, entre los que destaca el laicismo republicano, y no perder el Norte ideológico abrazando y justificando  políticas de dictadores que, por una parte, se enfrentan al sociópata de Donald Trump y, por otra, practican “una cirugía de cuerpos y almas” a las mujeres y disidentes de su pueblo, a los que obligan, bajo amenaza de muerte, a ir por “el  buen camino”.

Uno de los mayores objetivos del siglo XXI debería ser “la liberación de todos los pueblos oprimidos”, y la modernización de todas las religiones monoteístas, con el Islam a la cabeza, ya que este credo, apoyándose en la palabra de Alá, considera a la mujer un ser de segunda categoría que debe someterse a los mandatos del hombre.

El Corán, en su Azora IV, dedicada a la mujer, dice:

“Los hombres están por encima de las mujeres porque Dios ha favorecido a los unos sobre las otras; y porque ellos gastan parte de sus riquezas en las mujeres (…) Aquellas de quienes temáis la desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas. Si os obedecen, no busquéis pretextos para maltratarlas (2).

Yendo al caso de los ayatolás, es de lectura obligada (para entender un poco lo que pasó y sigue pasando en ese país) leer a la antropóloga franco iraní Fariba Adelkhah (nacida en Teherán en 1959), quien en su magnífica obra “La Revolución bajo el velo” (Ed. Bellaterra 1996), denuncia al régimen corrupto y megalómano del Sha Reza Pahlavi (fallecido en su exilio de El Cairo en 1980) pero nos explica asimismo el empeño de ese dictador por “despojar a las mujeres del velo y los atuendos religiosos”. Su esposa la reina Esmat, no solo quiso liberar a las iraníes de todas las ataduras clericales, “también  lanzó programas para elevarlas”, en cuestión de derechos, al nivel de “las occidentales”.

Fariba, quien se exilió en Francia tras la revolución del ayatolá Jomeini que derrocó al Sha el 16 de enero de 1979, “cometió un grave error” al regresar a Teherán, en junio de 2019, para contactar con sus compañeras represaliadas, ya que “su pasaporte francés” -que ella consideraba un seguro- no la sirvió para nada. Los Guardianes de la Revolución (especie de Guerrilleros de Cristo Rey en la época del franquismo) la detuvieron en julio, al mes de llegar al país, y la encerraron en la prisión de Evín, según denunció la organización iraní defensora de los Derechos Humanos “Gozcar” y publicaron varios medios escritos en farsi. Desde entonces las autoridades francesas han intentado, sin éxito, su puesta en libertad (3).

Cuenta Fariba Adelkhah, en su magistral obra, que “las mujeres fueron las primeras en enfrentarse a un intento de islamización basado en el velo” y que la revolución (de Jomeini) alcanzó a todos y a todo (…) “No sólo se obligaba a las mujeres a llevar ´el yihab´- subraya- sino que se prohibieron muchas prendas, incluyendo ropa interior, que no eran del agrado de los clérigos”.

Añade esta excepcional luchadora que “se atacó e insultó a las mujeres que seguían llevando medias de colores y transparentes, y sólo se permitió el uso de medias gruesas que ocultaban totalmente la piel”.

“En todas partes se veían pintadas- continúa- que daban a elegir ´entre el velo y el palo` (rusari ya tusari). Otras consignas célebres -prosigue- eran “¿Por qué vais desnudas como los animales?” “El hombre cuya esposa no lleva ´hiyab´ no tiene honor”; “estar sin ´hiyab´es la mayor esclavitud intelectual de la mujer”; “¡Abajo la mujer sin ´hiyab´, el velo o el palo!”.

Aquí, en Hispania, ya sabemos de sobra lo que pasa con toda alianza de Gobierno entre militares y  clérigos, ¿Acaso no tuvimos en España un pacto similar entre esos poderes fácticos durante cuarenta años? ¿Acaso los que tienen memoria (y cierta edad) no se acuerdan de cuando entraban los Guerrilleros de Cristo Rey (con palo en mano) a lugares conocidos y obligaban a la gente a levantarse y a gritar ¡Viva Cristo Rey, Viva Franco!

La vejación de la mujer, que tiene características muy marcadas en territorios de la Media Luna y afines, se consiente felizmente en países como Arabia Saudí, Emiratos, Reinos y Sultanatos Árabes, cuando el oro negro y los negocios, más negros todavía, compran y borran conciencias, si es que todavía existen, pues el dinero es una poderosa droga que pudre el alma. El domingo, 2 de febrero, vi un programa de televisión dedicado a Luis Goytisolo, en el que el autor de la tetratología “Antagonía”, decía: “ha habido épocas peores que ésta, pero ninguna con tanta bobería” ¡Ay qué razón tenía!

Respecto a la situación de la mujer en el mundo musulmán (también en gran parte de “la aldea global”) la escritora marroquí Fátima Mernissi (1940-2015), considerada durante décadas una de las voces más relevantes de la intelectualidad árabe, decía ya, en 1992, en su obra “Miedo a la modernidad, Islam y Democracia” (4):

Estoy convencida de que el cambio a la modernidad lo van a liderar las mujeres, ¿Por qué, me preguntaréis, van a ser las mujeres las que van a liderar esa audaz vanguardia? Porque no tenemos nada que perder más que nuestros miedos, nuestras máscaras y todas las mutilaciones que acompañan a la segregación y al encierro”.

-1- El Quijote capítulo LVIII, párrafo segundo.
-2- El Corán, Azora IV. Pág. 72 (Ed. Planeta, 2017).
-3- La prisión de Evin se encuentra en un barrio de Teherán y es tristemente célebre por el trato inhumano con el que se trata a las presas, y por la violación sistemática de los Derechos Humanos de los disidentes y activistas laicos.
-4- “Miedo a la modernidad, Islam y Democracia”. Fatima Mernissi (Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, 2007).