Debemos erradicar la pobreza…¡Y la riqueza!

Rafael Silva


La dominación la ejercen los ricos propietarios sobre todas aquellas personas que no tienen la existencia material garantizada porque no disponen de propiedad. Lo que equivale a decir que en una relación de dominación como la que viven la mayor parte de las personas no ricas, estas no pueden ser libres
Daniel Raventós, Profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la UBA, miembro del Comité Científico de ATTAC y Presidente de la Red Renta Básica

Desde la radicalidad más absoluta, pero también más simple, no podemos dejar de afirmar que existen pobres precisamente porque existen ricos. La filosofía y la política neoliberal justifican la existencia de ambos, porque creen firmemente en el darwinismo social que discrimina, según sus defensores/as, meritocráticamente a las personas. El pensamiento dominante encuentra esta existencia extrema como algo natural, como si fuera la ley de la gravedad. Aluden a los méritos, a la capacidad de trabajo, a la iniciativa, a la innovación, a la competitividad, y a mil factores más que están en sus diccionarios, para legitimar las desigualdades, y entender que son algo tan natural como los mares o las rocas. Para ellos/as, las desigualdades sociales son intrínsecas a la especie humana. Existen porque tienen que existir. Ya desde Aristóteles, hace más de 2.300 años, se entendía y describía a la sociedad bajo esta “distinción principal”. Sin embargo, jamás se ha demostrado la certeza de las teorías neoliberales, y si en cambio se han refutado, con infinidad de datos y razonamientos, que los pobres existen precisamente porque existen los ricos.

En este sentido, los estudios e informes de la ONG Oxfam-Intermón, principal referente a la hora de cuestionar dicha filosofía y exponer datos demostrativos a nivel mundial, revelan precisamente la tremenda arquitectura social de la desigualdad, creada, proyectada y mantenida por los grandes poderes económicos, para perpetuar su dominación sobre las clases más desfavorecidas. Y es que el Poder, así con mayúsculas, que estas personas y sus organizaciones poseen es utilizado siempre para favorecer sus intereses, con lo cual la enorme bola de la desigualdad continúa su enloquecido y descontrolado camino, haciéndose cada vez más inmensa. Gran cantidad de literatura política y académica demuestra la capacidad de los grandes ricos propietarios para poner a su servicio las instituciones públicas, y hacerlas trabajar para defender sus intereses. Véase el simple caso de las puertas giratorias. Paulatinamente asistimos a un crecimiento constante de la riqueza de unos pocos, y al incremento generalizado de la pobreza de muchos. Y así, una ultraminoría de nuestra especie es inmensamente rica, mientras existen miles de millones de personas a nivel mundial que no pueden acceder a lo más básico para su subsistencia, o para mantener un proyecto de vida digno. Y lo más importante desde el punto de vista democrático es el peligro para la libertad de esa mayoría no rica que estas caóticas desigualdades suponen.

Para eliminar drásticamente la pobreza, desde la izquierda transformadora y republicana venimos proponiendo una medida como es la Renta Básica Universal (RBU), consistente en una asignación monetaria para toda la población (universal), a la que se accede de forma incondicional, y asignada directamente a los individuos (no a las familias). Los diversos estudios de la Red Renta Básica han demostrado hasta la saciedad que la medida puede ser financiada perfectamente para el conjunto de la población, combinada con un sistema fiscal justo y progresivo, y sin necesidad de dejar de garantizar los servicios públicos del Estado de Bienestar. Esta medida permitiría que el conjunto de la ciudadanía dispusiera de las bases mínimas para la existencia material garantizada, condición básica para ejercer la libertad, bajo nuestra visión republicana. Las capas más desfavorecidas de la población serían capaces de resistir los terribles procesos de desposesión capitalistas, la clase trabajadora se vería empoderada en sus procesos de negociación con los empresarios, y el Dios Trabajo en su exclusiva concepción capitalista se vería definitivamente destronado. La RBU se nos aparece entonces como una formidable medida anticapitalista, pero…¿es suficiente para acabar con el resto de problemas?

A todas luces parece lógico pensar que la RBU no acabaría con el enorme poder de las grandes fortunas, ni tampoco de las grandes corporaciones transnacionales, que además de asolar el planeta, atentan contra las condiciones de vida de las poblaciones no ricas, y ponen a su servicio el funcionamiento de las instituciones, del sistema financiero, del sistema educativo, y en general, de toda la economía. Está claro que la RBU es una medida muy positiva, pero no es la panacea que venga a resolver toda la problemática de la desigualdad. ¿Qué necesitamos entonces, además de ella? Veámoslo desde este punto de vista: la RBU acabaría con la pobreza…pero no con la riqueza. Y acabar también con la riqueza se nos presenta como un objetivo fundamental para la consecución no solamente de un mundo con mayor justicia social, sino más acorde con los nuevos valores que han de imperar bajo los modelos sociales amenazados por el colapso civilizatorio al cual nos dirigimos. Porque acabar con la riqueza es acabar con la ostentación, con la opulencia, con la desigualdad, con el derroche y el despilfarro de los recursos, con las tremendas injusticias derivadas de ella…acabar con la riqueza es acabar con su poder, con el poder de los ricos, con su influencia en todos los sectores de la sociedad.

Y en línea con dicho objetivo, nosotros proponemos también aplicar el concepto de una Renta Máxima (RM). Este concepto implicaría que a partir de una determinada cantidad, ya no se podría ganar más. Enseguida se nos echarán encima todos los gurús defensores de la economía de “libre” mercado (que de libre no tiene nada, dicho sea de paso), poco menos que para decirnos que estamos locos, que eso iría en contra de toda lógica empresarial, que desincentivaría la creación de riqueza, la inversión, la iniciativa privada, que provocaría una fuga de capitales, y las siete plagas de Egipto…Pero estamos convencidos de que, además de garantizar la existencia material de todas las personas, hemos de impedir que los grandes poderes privados sean capaces de imponernos a todos los demás sus designios, sus concepciones, sus puntos de vista, sus enfoques y sus visiones, sus valores y sus normas, en una palabra debemos impedir que dirijan los destinos públicos de las sociedades, que también es una condición para poder ejercer la libertad para el conjunto de la población. Y así, la combinación de una Renta Básica con una Renta Máxima conformaría un modelo social donde las personas podrían ser más libres, más dueñas y soberanas de sus destinos. Por supuesto aún serían insuficientes: faltaría todavía reforzar la democracia, aplicar más medidas de justicia económica, fiscal, social, ambiental, etc. Pero el camino está trazado. Solo nos falta la voluntad política para recorrerlo.

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