¿Deberíamos de enseñar el clítoris en las escuelas?

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Por Javier Cortines
Esta pregunta, que a algunos puede parecer una provocación, es muy importante y deberíamos responderla con seriedad, sin complejos, pues trata de una cuestión de vital importancia: La educación sexual, la exploración y descubrimiento de nuestra geografía y su celebración.

Hay personas que se las dan de trotamundos y que hacen alarde de sus viajes y de sus conocimientos enciclopédicos. Que te dejan embobado cuando hablan de las pirámides de Egipto y las cataratas del Niágara y que, sin embargo, jamás han visto un clítoris y, por ende, nunca lo han palpado.

Escribo estas líneas después de haber leído varios artículos sobre la genialidad que han tenido los franceses de quitar la capucha al clítoris, reproducirlo en una impresora 3-D y mostrárselo a los chavales y chavalas, explicando su función en las escuelas.

Maqueta de clítoris enseñada en las escuelas francesas

El redescubrimiento del clítoris y su inclusión, con fines pedagógicos, en las aulas, -tras dos milenios de condena al ostracismo por parte de la secta católica-, es una excelente noticia. Es como si nos dijeran que, “después de cuatro décadas de franquismo y otras cuatro de PP y Psoe”, el órgano eréctil de la mujer y el pene, ya han salido del armario en la enseñanza pública.

La mayoría de los niños y niñas nacen con una inteligencia “cuasi-infinita” que, si no la amarrásemos a banderas patrióticas, a carros con monedas-ruedas y a ideologías carpetovetónicas, los menores romperían con todo lo que empequeñece, ata o mata, y nos darían una visión bellísima (no monetaria) del universo.

En todos y en todas hay un dios o una diosa que desea despertar y que les pongamos alas ¡cuidado con los sicarios del establishment!

Imagen de un corto didáctico sobre el clítoris

La costumbre general es hablar a los nenes y a las nenas como si fueran estúpidos e indicarles, con el índice del sistema dominante, el camino de Panurgo para que sólo vean lo que debe ser visto, oigan lo que debe ser oído y hagan lo que debe ser hecho.

Ir con el clítoris 3-D a la escuela y dejar que los niños y las niñas lo toquen y lo estudien, no significa educarles en la promiscuidad (cada ser humano, debidamente formado, ya encontrará su propia brújula). Se trata de ampliar miras, conocimientos, de aprender que no solamente el alma es sagrada, sino también el cuerpo.

Hay muchos enemigos del clítoris en Falolandia, lo que tiene su contrapeso en las mujeres que heredaron la chispa de la transgresora y genial Anaïs Nin y pusieron de moda, por ejemplo, (acelerando el palpitar de los púlpitos, no confundir esta palabra con pulpitos), el tatuaje y la joyería genital.

El ser humano debe intentar, por encima de todo, ser feliz (lo que no es posible sin provocar el entusiasmo (1) en el otro), y toda mutilación, ya sea intelectual o física, es un crimen contra la humanidad. Los franceses siempre nos han llevado unos pasos por delante: su Revolución, el Mayo del 68, y después el Clítoris 3-D.

Dicen que el imperio español estuvo marcado por la religión (otro gallo nos hubiera cantado si en vez de gastar tanto dinero en catedrales lo hubiéramos invertido en universidades); el imperio francés dio importancia, además de saquear (como todos) a la cultura, y el inglés, priorizó el comercio. Todos fueron alquimistas: transmutaron sangre en oro.

Cierro esta crónica con otra pregunta, más ceñida a nuestra idiosincrasia, ¿Llegarán los clítoris 3-D a las escuelas íberas? No lo sé, en España casi todo viene de rebote. Todavía aquí hay mucho marianólogo doctorado en la Academia de Kafka, que piensa que la zona sur, es territorio comanche.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para denunciar la invasión fálica y apoyar la lucha por la liberación del clítoris, ese gran desconocido (referente de la literatura de la ciencia ficción y la novela negra) que ha iniciado un lindo viaje en busca del tiempo perdido.

-1.Una persona entusiasmada es la que tiene a Zeus (a Dios) dentro, lo mismo que endemoniada es la que tiene al demonio dentro.

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