Un jurado popular ha declarado por unanimidad a José Luis Viéitez culpable de haber dado muerte a un vecino con una desbrozadora en A Cañiza (Pontevedra), sin que éste tuviera la oportunidad de defenderse, y de herir a la hija de la víctima.

En el veredicto, que se ha conocido este martes tras dos días de deliberaciones, el jurado también ha reconocido que el acusado tenía afectada de forma «severa» su capacidad para controlar sus impulsos y de forma «moderada» su capacidad para percibir la realidad y actuar en consecuencia.

El tribunal popular considera probado que el día del crimen, el 17 de junio de 2017, José Luis Viéitez estaba trabajando con su desbrozadora en un camino próximo a la vivienda de las víctimas y que cuando padre e hija salieron de casa se aproximaron a su agresor, rodeándole y golpeándole en la cabeza con un teléfono móvil.

El acusado, según certifica el jurado, sintió «miedo» por la mala relación que mantenían ambas partes, que incluso se habían cruzado denuncias por agresión, y les atacó con la desbrozadora «sabiendo que con ella podía matarlos» y con la intención de hacerlo o, al menos, intentarlo.

Consideran que el fallecido «no pudo defenderse» de la agresión, ya que en un primer ataque le cortó la nariz y le provocó heridas en la cara, por lo que cuando éste trató de huir no logró escapar porque «no era capaz de ver bien ni de respirar».

Fue entonces cuando, añade el jurado, el acusado le cortó en los brazos y, cuando la víctima ya no pudo protegerse más, asestó un golpe en la cabeza que resultó «mortal de necesidad», falleciendo posteriormente en un hospital de Vigo.

Con respecto a la hija de éste, por su parte, el jurado considera probado que la desbrozadora le amputó un dedo y le ocasionó graves heridas en la cabeza y en la espalda, si bien cree que ella sí que pudo defenderse ya que, en lugar de coger su móvil para grabar la agresión, «pudo haber hecho otra cosa» o bien escapar.

Una vez escuchado el veredicto del jurado, el fiscal ha solicitado para José Luis Viéitez una pena de 18 años de cárcel por un delito de asesinato y un delito de lesiones con deformidad, mientras que la acusación particular la eleva a 31 años, aceptando ambos la atenuante del trastorno mental del acusado.

La defensa, sin embargo, considera que su cliente debe ser condenado a tan solo cinco años de prisión por un delito de asesinato y por un delito de homicidio en grado de tentativa, aplicando la pena mínima para ambos supuestos y rebajándola en dos grados por la condición psicológica que presentaba el acusado el día del crimen. aer/jmr/mmg

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