Luis Víctor Moreno Barbieri
Vicepresidente de Pacma


Hace pocos meses, en esta misma columna, auguraba:

“[…] engrasad vuestras herramientas de matar, que nosotros compondremos y crearemos herramientas legales y sociales para defender la vida, la no violencia y la convivencia pacífica entre las personas y los animales que pueblan nuestros bosques. Cada amanecer de este otoño, mientras las hojas de los árboles sirven de mortaja a los cuerpos de los animales cuyas vidas segáis, nosotros estaremos trabajando para conseguir la prohibición legal de la caza en España […]”

Y tal como aventuraba hemos actuado. Por primera vez en la historia de España hemos conseguido, mediante auto judicial, la paralización de la caza en una amplia región del país. No será la última.

Y a la acción le respondió la Reacción. Como Hidra de múltiples cabezas, los partidos del Parlamento Castellanoleonés se levantaron en defensa del colectivo armado. Desde el PP a Podemos, todos a una para no perder los cuatro votos ensangrentados. Los de Podemos, retorciendo las palabras, salen en defensa de lo que han venido en acuñar como “caza social”, como si a los animales les importará menos recibir un balazo de un cazador social frente al plomo de un señorito de escopeta de diseño italiano. Si bien sabemos quiénes son los enemigos de los animales, y digo enemigos porque no puede usarse otra palabra cuando se habla de quienes tratan de robar la vida y la libertad a un ser sintiente, más asco me producen los que, camuflándose como aliados, comulgan con dios y el diablo, tratando de no perder los votos de unos y otros.

Y llegó la retahíla de excusas para seguir matando: las cosechas, los accidentes, la sarna, la invasión de los jabalíes…. Pero algo empieza a cambiar en nuestro país, y en esos mismos días la gente empezó a difundir información y vídeos de las sueltas que los propios cazadores hacen de los animales criados en granjas cinegéticas para repoblar los cotos que quedan diezmados tras la temporada de caza. Centrándonos en la región castellanoleonesa, en este momento, prácticamente la totalidad de los cotos de León se están repoblando con especies de recría, en un negocio que iniciaron hace décadas. Por introducir y tener a quien disparar, traen jabalíes incluso desde Polonia. Y con respecto a los accidentes con animales, aparte de que obvian los producidos por los propios perros que los cazadores abandonan, omiten intencionadamente el dato fundamental que relaciona el incremento de accidentes de circulación con fauna con la celebración de batidas de caza y la correspondiente desbandada de animales aterrados. Y puestos a hablar de víctimas humanas de la caza, siempre olvidan contabilizar la docena de personas que anualmente mueren por las balas de los cazadores, niños incluidos.

Y los escopeteros salieron en cuadrilla, y lo que pretendían fuera una masiva manifestación quedó, según cifras de Policía Nacional, en un esbozo de 6.000 sopla cuernos, de 6.000 Rambos, muchos con algún cubata de más, a los cuales, ante micrófonos y cámaras de televisión, costaba esfuerzo entender. Aquellos que han llevado el Mundo Rural a la despoblación, a la debacle económica, a la ruina cultural, son los mismos que quieren mantenerlo en esa situación para que los cortijos de los señoritos sigan siendo atendidos por sus ‘santos inocentes’.

Quiero finalizar este texto sin el regusto amargo de la sangre y el plomo. Con un agradecimiento, desde el fondo de mi corazón. Tras estos éxitos judiciales, tan beneficiosos para los animales, hay personas que trabajan en el anonimato y la sombra para conseguir salvar vidas, para darles voz en los juzgados, para que sus maltrechos derechos al menos tengan una voz que clame por ellos ante los magistrados. Y también es importante resaltar que hay jueces y juezas valientes, que, a pesar de ser señalados por el lobby de la escopeta, se han mantenido firmes y han dictado JUSTICIA, con mayúsculas, como mayúscula es su ética que no se pliega ante las amenazas y presiones.

El futuro es ReEvolución. Señores escopeteros: evolucionen, depongan las armas, disuelvan las bandas y pidan perdón por tanto dolor causado.