Año tras año vemos como resulta cada vez más complicado desconectar del trabajo. Cada vez es más habitual encontrarnos a personas atendiendo, en cualquier momento y en cualquier lugar, un mensaje, una llamada del trabajo o correo electrónico en el móvil o la tablet.

La tecnología facilita el trabajo, pero también difumina la frontera entre la vida profesional y la vida familiar y personal. Algunas empresas no respetan los tiempos de descanso de los trabajadores y trabajadoras lo que, unido al temor de estos a la pérdida del puesto de trabajo, dificultan o hacen imposible esa desconexión tan necesaria.

La conectividad no debe ser en ningún caso sinónimo de “disponibilidad permanente” hacia las necesidades de la empresa. Atender el teléfono o la mensajería, revisar el correo electrónico o acceder a redes sociales de la empresa, dificulta la desconexión mental y la propia recuperación física y psíquica de las personas trabajadoras.

La disponibilidad permanente conlleva riesgos psicosociales e incrementa los niveles de estrés. Ya se está hablando de nuevas patologías como el tecnoestrés laboral o la “nomofobia”. La primera causa de mortalidad en nuestro país por accidente laboral son los derrames e infartos cerebrales. Causa muy relacionada con situaciones de estrés, ansiedad…

El sindicato UGT reclama la regulación del derecho a la desconexión por ley, incluyéndolo tanto en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales como un derecho más, como en la ordenación del tiempo de trabajo, ya existente en la Ley del Estatuto de los Trabajadores.

La línea que divide la vida laboral y la vida privada debe estar clara y, por eso, es fundamental que se regule por ley el “derecho a la desconexión” cuando se termina la jornada laboral, o en los períodos necesarios de descanso. Han de abrirse posibilidades de implementación de medidas de “desconexión” que permita gestionar adecuadamente el uso de estas tecnologías en la jornada laboral, garantizándose la desconexión digital.

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