Cristina Antoñanzas
Vicesecretaria General de UGT


Un año más se constata que la brecha salarial es un mal endémico que afecta no solo a nuestro país, sino a la UE. Los últimos datos disponibles de Eurostat, referentes al año 2017, recogen que la brecha salarial en España fue del 15,1%, por debajo de la media de la UE que se situó en el 16%, sin embargo, en nuestro país, es donde más aumento la brecha salarial este año (exceptuando Malta) mientras que en la media de la UE descendió un 0,20%.

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Contado en días las mujeres en España tienen que trabajar 55 días gratis con respecto a los hombres, es decir trabajan gratis desde el 7 de noviembre hasta el 31 de diciembre. 

Conviene aclarar que son cifras referentes a 2017, en España todavía gobernaba el Partido Popular y, por tanto, no se reflejan los efectos de los avances legislativos que se han adoptado este año para reducir la brecha de género, en el ámbito laboral. Unos avances son positivos, pero claramente insuficientes, pues se demoran en el tiempo. 

¿Por qué sigue ocurriendo esto?

El motivo que puede explicar esta persistencia de la discriminación salarial por razón de género puede ser la resistencia de las empresas para asumir el coste económico que supone erradicar la brecha salarial (así, otras discriminaciones que han soportado las mujeres, se han ido corrigiendo con medidas cuyo coste recae sobre la Seguridad Social o sobre las propias trabajadoras (reducciones de jornada, las excedencias, o los permisos de cuidados). Pero también por la persistencia de un patrón cultural conservador obsoleto y contrario al siglo XXI.  Una visión cortoplacista, que juega en contra de todos: de los trabajadores y trabajadoras, de las propias empresas, de la economía, del sistema de protección social y del conjunto de la sociedad, que debería avanzar hacia un modelo justo y de progreso.

Desde mi sindicato estamos reclamando mayor celeridad en el avance de las políticas de igualdad; e impulsar leyes adecuadas y eficaces, entre ellas, la ley de igualdad salarial. El objetivo es que las mujeres hagan efectivo su derecho fundamental a cobrar lo mismo que los hombres cuando realizan trabajos iguales o de igual valor. 

Luz y taquígrafos para destapar la desigualdad salarial  

Asimismo, es necesario empezar a desvelar quién cumple y quién no. En este sentido, y en línea con la campaña de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), “Brecha salarial de género. Acabemos con el secretismo”, desde UGT defendemos que las empresas, tanto públicas como privadas, publiquen los salarios de sus trabajadores y trabajadoras, estableciendo multas cuando el empresario incumpla su labor de informar.

En definitiva, se trata de abordar en el ámbito legislativo y en el de la negociación colectiva toda una batería de medidas para derrumbar el muro de la desigualdad salarial por razón de género, que tiene un elevado coste social y económico que no nos podemos permitir. Pero para empezar a hacer las cosas bien, hay que deshacer las que están mal derogando, entre otras, la reforma laboral de 2012 del Gobierno del PP, que ha desequilibrado las relaciones laborales en detrimento de los trabajadores y trabajadoras, y fomenta la precariedad laboral y los bajos salarios. Una contrarreforma que perjudica a todos, pero especialmente a las mujeres.