La crítica situación de sequía que atraviesa Cataluña ha llevado a las autoridades a tomar medidas extraordinarias, incluyendo la declaración del estado de emergencia. Ante esta crisis sin precedentes, las administraciones se ven obligadas a explorar diversas técnicas y estrategias para mitigar la grave escasez de agua.

En este contexto, las decisiones adoptadas por los organismos públicos son drásticas y severas, dadas las circunstancias extremas. Entre las opciones que se están considerando con mayor peso se encuentra la desalinización del agua mediante desalinizadoras, con el objetivo de convertir el agua del mar en agua potable. Sin embargo, esta medida es considerada la «última opción» debido a varios factores.

En España, contamos con 770 desaladoras, lo que nos sitúa como el quinto país con mayor capacidad en el mundo, liderado por Estados Unidos y Arabia Saudí, que cuentan con aproximadamente 20.000 desaladoras a nivel global.

Desalinización vs. embalses: el precio a pagar en tiempos de sequía
Desalinización vs. embalses: el precio a pagar en tiempos de sequía

Según datos de la Asociación Española de Desalación y Reutilización, en nuestro país se producen más de cinco millones de metros cúbicos de agua desalada diariamente, a través de más de 700 plantas, con capacidad para abastecer a 34 millones de personas.

Desalinizar agua cuesta el triple que extraerla de los embalses

A pesar de la grave situación en Cataluña, Barcelona cuenta con la desaladora más grande de España, ubicada en el Prat de Llobregat y en funcionamiento desde 2009. Esta desaladora suministra agua desalada a cinco millones de personas, produciendo diariamente 200 millones de litros de agua.

El problema radica en el elevado costo de producir estas cantidades de agua desalada, ya que generar 1.000 litros de agua desalada tiene un costo de unos 70 céntimos, triplicando el costo del agua proveniente de los embalses catalanes.

Expertos, como Julio Barea, advierten que, si bien la desalinización es esencial para enfrentar periodos de sequía extrema, como el actual, debería considerarse como la última opción.

En términos de consumo energético, una planta desaladora de agua de mar por ósmosis inversa utiliza alrededor de 3 kWh/m3, en comparación con las primeras plantas de evaporación que consumían más de 50 kWh/m3. Este dato destaca la evolución hacia tecnologías más eficientes y sostenibles en el ámbito de la desalinización.

En conclusión, la desalinización se vislumbra como una solución emergente frente a la sequía en Cataluña, aunque se plantea como una alternativa costosa y energéticamente demandante, reservada para situaciones extremas y como último recurso ante la escasez de agua.

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