Rafael Silva Martínez


El G-20 es la auténtica organización de la nueva era de la globalización

(Adam Tooze, Profesor de Historia de la Universidad de Columbia)


El G-20 (Grupo de las 20 economías mundiales más potentes, las cuales representan el 85% del PIB mundial) se ha reunido estos días en Argentina. En general, todos los Gxx (G8, G20…) están diseñados bajo el prisma de la globalización neoliberal, es decir, sus reuniones tienen lugar para verificar el seguimiento de los planes globalizadores de carácter neoliberal. En concreto, el G-20 es la última organización en crearse, su primera reunión tuvo lugar en 2008 convocada por el ex Presidente estadounidense George W. Bush, en Washington. Se nos ha vendido un concepto de globalización que esconde sus verdaderas intenciones, pues bajo este aparentemente neutro concepto esconden la salvaguarda de los intereses capitalistas que los dirigentes de dicho “mundo globalizado” intentan perpetuar a toda costa. ¿O es que acaso cuando hablan de “globalización” se refieren a la globalización de la democracia, de los derechos humanos, de la paz, del trabajo digno, de la salud, de la alimentación, de la vivienda o de la educación? ¿Se refieren tal vez a la globalización del cuidado del planeta, del desarme nuclear o de la independencia de los pueblos? Más bien no. Cuando los dirigentes del G20 hablan de “globalización” se refieren a la extensión global del capitalismo, del crecimiento desmedido y caótico, del despotismo empresarial, del poder y extensión del capital transnacional, de la destrucción del planeta, del saqueo de los recursos naturales, del desprecio a los derechos humanos, y de la guerra como instrumento de consecución de dichos fines. Esta globalización nos explota, nos saquea y nos mata.

La cita de 2018 en Buenos Aires ha sido muy especial, por varios motivos. La situación internacional está bastante caldeada. El propio país anfitrión en esta reunión del G20, Argentina, es hoy día un ejemplo evidente de neoliberalismo a ultranza, de ahí que desde la llegada de Mauricio Macri al gobierno todas las alarmas económicas y sociales se hayan disparado, lo cual está intentando ser sofocado mediante un insostenible préstamo del FMI. Pero aquí se dan cita también la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el totalitarismo saudita y el reciente asesinato del periodista Jhamal Kashogui, las crueles políticas migratorias de Trump (materializadas estos días contra los migrantes del éxodo centroamericano), los tambores de guerra que suenan entre Ucrania y Rusia, el proyecto de construcción de un Ejército europeo, los problemas que está generando el Acuerdo para el Brexit en Reino Unido, etc. Pero en las calles argentinas, la confluencia popular “Fuera G-20 y FMI”, que reúne a más de 100 organizaciones políticas y sociales de la región, pretende denunciar que en el país anfitrión de esta convocatoria existe una enorme fuerza social de oposición política que lucha continuamente contra la restauración neoliberal del gobierno de Mauricio Macri.

De ahí que tengamos que organizarnos desde abajo, desde los movimientos alter-globalización, es decir, contrarios a esa idea de globalización que dichos grupos mundiales pretenden implantar. Y así, frente al FMI, al Banco Mundial, a la OCDE, a la Troika, a la Organización Mundial del Comercio (OMC), frente a los Gxx, al Foro de Davos, a la Trilateral, al Club Bildelberg, y demás instrumentos al servicio de esa globalización, desde los pueblos debamos apostar por la Vía Campesina, el Movimiento de los Sin Tierra (MST), el Foro Social Mundial, el MERCOSUR, CELAC o ALBA. Es decir, frente a las organizaciones que a nivel mundial representan la aberración del capitalismo neoliberal globalizado, debemos unir nuestros esfuerzos a todo el conjunto de foros alternativos, que luchan por otro modelo mundial, por otro mundo posible, por una redistribución de la riqueza, y por el fin de todos los modelos de dominio y de explotación de los pueblos del mundo. Estos foros alternativos representan a los de abajo, a los que no poseen recursos, a los desahuciados, a los pobres, a los migrantes, a las víctimas de las agresiones de las corporaciones, y a todos los que luchan por una mayor justicia social y ambiental. Hoy día, el altermundismo está conformado por multitud de grupos y asociaciones de muy diversos orígenes y objetivos, de naturaleza heterogénea. Esto dificulta la definición del movimiento mismo en cuanto a término y significado, aunque evidentemente, existe coincidencia en los grandes objetivos comunes. Las contracumbres alternativas y encuentros en el Foro Social Mundial son, fundamentalmente, las ocasiones en donde el movimiento antiglobalización obtiene un mayor impacto mediático, y una gran visibilidad internacional.

En realidad, las élites que construyen, diseñan y difunden su globalización, que nos imponen a los demás su modelo de globalización, son las que están desvirtuando la auténtica globalización. Y así, los verdaderos enemigos de la globalización son los que impiden que la democracia avance, y los que se empeñan en mantener instituciones internacionales públicas y privadas claramente antidemocráticas. Desde la izquierda transformadora queremos la globalización, la perseguimos, de hecho nuestra lucha es tradicionalmente internacionalista, pero no para conseguir los objetivos que dichas organizaciones pretenden. Porque la verdadera globalización apuesta por las personas, por los derechos humanos y de los pueblos, por la paz, por la solidaridad, por la cooperación, por la redistribución de la riqueza, por la justicia social, por el predominio de lo público, de lo colectivo y del bien común. Todo eso es lo que hay que globalizar. No estamos por tanto en contra de la globalización, como ideal hacia donde debe tender la humanidad. Estamos en contra de “su” globalización, de la globalización que este sistema capitalista perverso, cruel e inhumano, quiere imponernos, y estamos a favor de la globalización de la democracia, del socialismo y del desarrollo de todos los principios que fundamentan la paz y los derechos humanos.

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Soy un malagueño de izquierdas, enamorado de los animales, y de mi profesión, la enseñanza. Soy profesor de nuevas tecnologías y crítico de las mismas, sobre todo de los cursos de F.P.O. (Formación Profesional Ocupacional) de la Junta de Andalucía. Me hice analista político ante la terrible deriva del capitalismo de nuestro tiempo, ante la necesidad de alzar la voz ante las injusticias, ante las desigualdades, ante la hipocresía, ante la indiferencia, ante la pasividad, ante la alienación. Sentí la necesidad vital de aportar mis puntos de vista, mi bagaje personal, y de contribuir con mi granito de arena a cambiar este injusto sistema.

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