Desde la mutilación genital femenina a la manipulación psicológica

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Virginia García

Siempre nos han hecho creer que el origen de  la dominación del hombre sobre la mujer se debía a la superioridad física de ellos sobre nosotras. 

Sin embargo, los animales no humanos, ni dominan ni maltratan a las hembras de su especie.

Por lo tanto, está comprobado que no lo hacen por instinto, sino porque quieren y se sienten legitimados para hacerlo. 

No siempre fue así. Esta dominación comienza en el paleolítico, cuando se empiezan a asociar sexo y maternidad. 

La capacidad reproductiva es exclusiva de las mujeres, y en el momento en que los hombres saben cuales son sus hijos, las mujeres empiezan a ser un bien preciado que poseer y se van convirtiendo en  propiedad privada cuya utilidad es la de engendrar sus bebés. 

Para conseguir esta dominación, no natural de ellos sobre nosotras, se han ido utilizando distintas herramientas de control social, para que las mujeres acabaran aceptando la sumisión al hombre. 

Una de ellas, es la represión sexual Querían asegurarse de la paternidad biológica, y para ello era importante controlar el sexo de las mujeres, anulando nuestro deseo y consiguiendo, que la maternidad fuese una imposición 

Así pasamos a ser la propiedad en exclusiva de un solo hombre, y nuestra función social meramente reproductiva. 

Hoy en día, y a pesar de todos los avances que hemos logrado las mujeres con nuestra incansable lucha, seguimos sufriendo esa represión sexual. 

Hay dos formas de anular el deseo sexual de las mujeres, controlando así nuestra sexualidad. 

Una de ellas, y la más atroz, es la mutilación genital.  Más de 200 millones de niñas han sufrido la mutilación de sus genitales. 

Son múltiples las consecuencias en la salud física y psicológica de las niñas, pero peccata minuta comparado con lo importante que es que lleguen vírgenes al matrimonio y se mantengan fieles al esposo. 

¿A quien le importa el dolor que tendrán durante toda su vida? Mientras tengan hijos, ¡qué más da! 

Es la forma en que África, Asia y Oriente Medio controlan la sexualidad de las mujeres. Y en muchos casos es tan cruel, que la mutilación consiste en cerrar por completo la vagina de la niña, siendo el marido el único que tiene derecho a abrirla, con un cuchillo. 

Pero debemos dejar de pensar que esto nos queda lejos, porque se está haciendo en España, a niñas españolas, a pesar de que no se legal. 

La segunda forma es mediante la manipulación psicológica y social. 

Durante siglos no ha existido la sexualidad femenina. De lo que no se habla no existe.

Las mujeres estaban obligadas a satisfacer el deseo de sus maridos, como sacrificio de buena esposa, y fabricar bebés para ellos, preferiblemente varones. Mediante el control social, los hombres pasaron a ser seres sexuales que no podían controlar sus instintos y las mujeres seres asexuales. 

Cuando somos pequeñas se nos habla de cuando seamos mayores, nos casemos y tengamos hijas o hijos .Escuchamos a nuestras madres y padres hablando de modelos de pareja monógamos, y asumimos que eso es lo natural. Un solo hombre y procrear 

¿No hay más opciones? 

Podemos creer que tenemos plena libertad sexual, pero cuando creces asumiendo que lo normal es la monogamia y la maternidad, ¿Qué otras opciones hay? 

Entonces creces, vas al instituto y te das cuenta lo importante que es tu reputación. Y la reputación de una mujer está claramente asociada a su sexualidad, o mejor dicho a la falta de la misma.

Si no quieres ver tu nombre en las paredes del baño del instituto con las palabras puta, guarra, fácil y demás improperios machistas, aprendes a controlar tu sexualidad. 

Hoy día este acoso es mucho más agresivo con las redes sociales. 

Hemos llegado al punto que se ha hecho común compartir vídeos o fotografías desnudas o practicando sexo a través de WhatsApp o redes sociales 

Esto destruye completamente la reputación de las chicas, que acaban siendo acosadas, y con su vida escolar convertida en un infierno. 

Por el contrario, se felicita a los chicos cuando tienen sexo, cuanto más mejor, con cuantas más chicas mejor.

Desde papá y mamá que se molestan cuando ven a sus hijas  con chicos, que las advierten de los posibles peligros y las acosan a preguntas mientras les dan palmaditas a sus hijos varones cuando los ven con chicas, hasta entre los propios adolescentes que llaman campeón al chico y puta a la chica. 

Acabas el instituto y ya has aprendido a reprimir tu sexualidad o a esconderla. 

Y así, empiezas tu vida adulta. 

Los chicos han aprendido que ellos pueden tener sexo cuando quieran, con quien quieran. Pero que solo se tomarán en serio a las mujeres que se hagan respetar.  Y cuando tienen una novia, asumen que tienen el derecho sobre su cuerpo y en exclusiva. 

Nosotras asumimos que les debemos esa exclusividad de nuestros cuerpos, porque es lo que hemos aprendido. 

¿Como no hacerlo si desde el paleolítico se ha gestado esta cultura de dominación sexual? 

¿Qué pasa con las mujeres que rompemos esa regla?Pues que se nos juzga y lapida socialmente de la misma forma en la que en otros países lo hacen físicamente.

La homosexualidad va haciendo avances importantes cuando se trata de hombres. Pero cuando se trata de dos mujeres, de nuevo, la cosa cambia. A la vista está, que las mujeres lesbianas están más escondidas, más silenciadas, incluso en el día de orgullo que sigue siendo gay, y es difícil ver carteles con mujeres besándose . 

Hetero u homo un hombre, es un hombre. Un ser superior. 

Las mujeres que nos negamos a pertenecer a un hombre, como objeto de su propiedad yen exclusividad también somos señaladas. Promiscuas, putas y en el mejor de los casos, inmaduras o egoístas que  queremos vivir la vida a lo loco sin pensar en nadie más que nosotras mismas. 

Una mujer casada que tenga relaciones sexuales extramatrimoniales, será señalada con la etiqueta de la infidelidad. 

Cuando lo hace un hombre casado es un desliz por el que no vale la pena romper un matrimonio. 

Si te gusta mantener relaciones sexuales con distintas personas, según te apetezca, la etiqueta de la promiscuidad, que se usa de forma muy peyorativa, eso si, solo en las mujeres. Los hombres no tienen esta etiqueta. 

Cine, literatura, en el bar en las pandillas. ¿Cuántas veces hemos tenido que aguantar conversaciones sobre la masturbación masculina? 

Pues les voy a contar un secreto:  Las mujeres también nos masturbamos. 

¡Si, como lo leen!

Pero como no se habla de ello, no existe. Y la masturbación es un tema tabú para las mujeres.  Los hombres no quieren oír hablar de ella.  La idea de mujeres teniendo orgasmos sin un pene, y sin ansias de tener hijos sigue incomodando.

Porque las mujeres resultamos incómodas siempre que no hacemos lo que se espera de nosotras. Incluso nos incomodamos nosotras mismas, y nos sentimos culpables y sentimos vergüenza, incluso cuando nos violan. E incluso cuando nos violan, para tener credibilidad es importante demostrar nuestra reputación. Nos someterán a preguntas crueles: ¿cómo ibas vestida? ¿Por qué ibas sola por la calle? ¿Acostumbras a tener sexo en grupo? 

Sinceramente, no recuerdo la de veces que me han llamado puta. 

La de veces que me han ofendido por el tamaño de mi falda, de mi escote. 

Y tampoco recuerdo la de veces que me han dicho que a ver para cuando siento cabeza, que significa, cuando prometerás ceder los derechos de tu cuerpo y tu sexualidad en exclusividad a un varón. 

Y como no me quedan más excusas, ni ganas de seguir dándolas, desde aquí dejo claro que nunca. 

La libertad sexual implica tener plena autonomía de nuestros cuerpos y nuestra sexualidad. 

Solo yo soy dueña de mi cuerpo y de mi sexualidad, y por tanto, ninguna moral hipócrita puede limitar mi derecho. 

Cuando se nos exige  exclusividad sexual, se nos está pidiendo renunciar a  nuestro derecho a hacer con nuestro cuerpo lo que queramos y con quien queramos. Y nuestro cuerpo y nuestra sexualidad  pasan a ser de la propiedad de la otra persona. 

Si una mujer desea emparejarse con un solo hombre, sin presiones ni exigencias, sino por la libre voluntad y deseo real de querer hacerlo, es una opción respetable, pero no más que cualquier otra opción que las mujeres deseen tener.  

Las mujeres tenemos que alcanzar la plena libertad sexual. Y para ello, tenemos que hablar en alto y sin pudor. Nos masturbamos. Aunque tengamos pareja tenemos deseos sexuales hacia otras personas, y no solo no es malo sino que es tan natural como en los hombres. 

 

 

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1 Comentario

  1. Es una pena que no se pueda entablar un dialogo directo con la autora de ese artículo, que me ha gustado mucho. Dice grandes verdades. Y también dice algunas verdades a medias. Para nada creo que las diga con mala intención. Simplemente está tocando un asunto tabú sobre el que se nos ha mentido sistemáticamente. Pero para eso está el dialogar, discrepar, argumentar…
    Normalmente se cree que la revolución neolítica, donde al parecer nace el patriarcado,se produjo por un incremento poblacional y la carestía de los recursos naturales. Nada más alejado de la realidad. Los pueblos cazadores recolectores tienen una bajísima tasa de natalidad. Cuando se descubre la agricultura (algunos creen que ha sido uno de los mayores errores de la humanidad) se cambian ciertos hábitos (ojo son hábitos culturales), como el sedentarismo y el cambio de la dieta, ahora en el neolítico, mucho peor, más rica en hidratos de carbono…El caso es que esto provoca, como lo hace en la mayoría de mamíferos afines y cercanos, que al pasar la grasa corporal relativa del 12,5 % (esto es una constante) se disparen los niveles de gonadotropina, se adelanta la menarquia que en el caso de los humanos pasa de los 16-17 años (cazadores recolectores) a los 12-13 años (Agricultores ganaderos). Con todo lo que esto supone para las mujeres, entre ellos el incremento brutal de la tasa de natalidad y sus múltiples consecuencias.
    Siempre pido que alguien me diga una sola cosa en que este hecho (adelanto de la menarquia) haya beneficiado a la mujer…
    Por si esto fuese poco, las mujeres de los grupos cazadores recolectores, tienen y tenían un hijo (una ovulación/regla) cada cuatro o cinco años y todo parece indicar (ADN mitocondrial especialmente) que no repetían en segundos y terceros partos con el mismo hombre…
    TODO MUY SIGNIFICATIVO Y PARA SACAR UNAS CUANTAS CONCLUSIONES Y SUGERENCIAS…
    Vengo observando diferencias importantes y con frecuencia estigmatizadas y ocultadas, entre las mujeres que tienen la menarquia a los 16-17 y las que la tienen a los 12-13 años. Diferencias que tiene que ver con su fuerza física, su desarrollo corporal (no hablo del típico desarrollo sexual, sino del muscular y de habilidades motoras…) y también (dependiendo de otros factores) de su autoestima, mucho mayor en mujeres de menarquia tardía…
    No creo que en este momento, nos sirva el modelo de la “mujer del patriarcado” (madre sumisa, dedicada a la reproducción y a los cuidados…) ni tampoco el modelo de la mujer objeto de la sociedad de consumo. Evolutivamente, somos cazadores recolectores. No ha dado tiempo a que cambie la genética. Sin embargo en este momento cuando se está reivindicando una justa igualdad por parte del feminismo, necesitamos recrear de alguna forma ese modelo (paleolítico e incluso anterior) que nos permitió sobrevivir cientos de miles de años, mucho más allá de los escasos diez mil años que dura ya la agricultura y el patriarcado. Y lo necesitamos, porque en ese modelo está nuestra autentica identidad y seguramente una vez más nuestra supervivencia, antes de que el patriarcado nos lleve a la destrucción total…

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