Ivan Olmedo

Uno de los mantras de intentar abarcar determinados partidos de extrema derecha en los medios de comunicación es el de darle más voz de la que tienen en la sociedad. Nada más lejos de la realidad, considero que es fundamental combatir ciertos discursos que están saliendo a la luz cada vez más en las redes sociales. En este artículo pretendo compartir a grandes rasgos algunas características de la actual extrema derecha catalana de corte independentista. 

Evidentemente el fenómeno de la extrema derecha catalana no es nuevo. Como ejemplo a destacar tenemos al disuelto partido Plataforma per Catalunya, fundado en 2002 en Vic, el cual llegó a tener representación local en diversos municipios catalanes y que actualmente está vinculado al partido ultraderechista Vox, aunque se ha producido alguna escisión independentista como “Som Catalans”. En cualquier caso, más allá de grupúsculos ultras relacionados con la extrema derecha nacionalista española, en este artículo nos centraremos en el actual “Front Nacional de Catalunya” y en “Força Catalunya” –anteriormente “Catalunya Acció”. 

Ideológicamente estos dos partidos los podemos ubicar en la extrema derecha en el eje izquierda-derecha y al mismo tiempo se identifican en el ultranacionalismo catalán. 

Por un lado, sus propuestas económicas son en cierto modo idílicas: mantener o subir el gasto público y bajar los ingresos públicos; dicho de otra forma, Estado de Bienestar, sí, pero recortando los ingresos que posibilitan su mantenimiento. El FNC, que no explicita mucho en la cuestión, aboga por una rebaja fiscal al mismo tiempo que defiende “crear la riqueza necesaria para mantener un Estado de Bienestar de primera línea”. Força Catalunya, el cual tiene un catálogo amplio de medidas económicas, defiende estas medidas de disminución del gasto público a partir de la bajada de impuestos como la reducción del impuesto de sociedades y la supresión de ciertos impuestos. Más allá de las recetas neoliberales que sostienen, ambos partidos comparten la solución mágica a todos sus problemas económicos: el déficit fiscal; efectivamente, el “Espanya ens roba” es el conejo de la chistera que posibilita estas medidas demagógicas en el ámbito económico. Fijémonos que a diferencia de algunos partidos de extrema derecha en Europa, estos partidos son totalmente ultraliberales en lo económico. Son el Vox independentista catalán. 

Siguiendo con el mismo eje ideológico izquierda-derecha, estos dos partidos no se diferencian en nada a la extrema derecha en Europa en cuanto a sus propuestas en materia de inmigración. Si bien para el FNC Cataluña ha de ser “un polo de atracción de inversión extranjera”, la inmigración no “arraigada” afecta al mercado laboral (el viejo mito de “los negros nos quitan el trabajo”) y debilita la lengua y los sentimientos nacionales. Para Força Catalunya, aunque el inglés deba ser lengua extranjera obligatoria y que se pretende atraer estudiantes extranjeros para crear empresas en Cataluña, “la inmigración no puede sobrepasar la capacidad de integración” y, por tanto, el inmigrante debe integrarse en el “Estado catalán”. Y si no que se marche. En definitiva, fuerte contra los débiles y sirviente a los poderosos.  

Por otro lado, en el eje nacional, ambos partidos sostienen tienen una concepción de Cataluña como el Partido Popular y Vox tienen sobre España. Si, para algunos nacionalistas españoles, España surge como nación milenaria a partir de –vaya saber qué- los visigodos, de Pelayo o de los Reyes Católicos, para estos nacionalistas catalanes Cataluña es una nación con miles de años de historia, la cual actualmente está siendo ocupada por el Estado Español. Si, como dice Força Catalunya, el “factor más potente de construcción de conciencia nacional es el conocimiento de la propia historia”, la historia es reinventada en aras del proyecto nacionalista excluyente de estos partidos. Cataluña es una colonia, la lengua y la identidad nacional catalana están en peligro y, por consiguiente, hay catalanes de primera –los que defienden la causa independentista- y catalanes de segunda –los colonizadores, los que no tienen el catalán como lengua propia, los que no son independentistas.

En este sentido, estos partidos convergen en una de las Ideas-fuerza que Juan Antón Mellón señalaba del fascismo: el ultranacionalismo palingenésico, es decir, la idea según la cual la Nación está en decadencia y el objetivo político prioritario es el renacimiento de la Patria.  Ese renacimiento para estos partidos debe ser a partir del surgimiento del Estado catalán que proteja la lengua, la cultura y la identidad nacional.  

Llegados a este punto, ¿es posible que estos partidos consigan representación parlamentaria en Cataluña? A mi modo de ver es ciertamente difícil, por estas razones: En primer lugar, en Cataluña las encuestas nos señalan que aquellos individuos que se ubican más en el catalanismo en el eje ideológico nacional suelen estar más anclados en la izquierda. Esto quiere decir que de momento no hay ningún partido que la gente ubique puramente en la derecha que sea independentista. Es más, fijémonos que, según el CEO en 2020, a JxCat lo ubican más en la izquierda que al PSC. Así pues, que un partido más a la derecha que estos tenga representación sería complicado. En segundo lugar, pienso que diversos postulados de estos partidos nacionalistas excluyentes están presentes en JxCat y, en menor medida, en ERC –o incluso algunos votantes de la CUP pueden compartir algunos de los postulados de Força Catalunya o del FNC-. A este respecto, solo concibo el voto a estos dos partidos en aquellos votantes decepcionados por JxCat, ERC y CUP, que los habrá seguramente. Ahora bien, una cierta dosis de nacionalismo catalán en la campaña electoral y todo solucionado. 

En cualquier caso, es fundamental la confrontación de estos postulados racistas y nacionalistas excluyentes. Al nacionalismo catalán no se le combate, como suele hacerse al estilo de Ciudadanos, a través del nacionalismo español. La inmensa mayoría de asociaciones que se autodenominan “liberales y constitucionalistas” y que se ponen la medalla de la “lucha anti-nacionalista” (como S’ha Acabat) no dejan de ser eso: nacionalismo español confrontado al nacionalismo catalán. Hemos de encontrar otra vía de articular un discurso que confronte tanto los postulados nacionalistas españoles de unos, como los nacionalistas catalanes de otros. Y, en este sentido, la izquierda tiene mucho camino por recorrer.