Desmontando bulos sobre la discriminación salarial

Cristina Antoñanzas
Vicesecretaria General de UGT


La manera más necia de abordar un problema es negarlo o justificar su existencia. Ésta es la actitud que tienen la mayoría de los empresarios y empresarias de nuestro país. Negar la brecha salarial o justificarla.

Voy a intentar en este artículo desmontar algunos de los bulos utilizados con frecuencia por la representación del empresariado de nuestro país, difundidos por algunos medios de comunicación y que han calado en la opinión de una parte de la ciudadanía.

Hay que empezar diciendo que la brecha salarial es una diferencia en los salarios, en ocasiones justificada, por ejemplo, es normal que exista diferencia de salarios entre personas que se les exige distinta cualificación.

Ilustración de Javier F. Ferrero

Hablamos de discriminación salarial, cuando nada justifica la brecha salarial. Eso es lo que le ocurre a la mayoría de las trabajadoras de nuestro país. La discriminación salarial es el resultado de una serie discriminaciones que sufren las mujeres con un empleo asalariado.

El primer bulo, muy extendido, que intenta justificar la brecha salarial, es que las mujeres cobramos menos porque nos falta formación. Fácil desmontar este argumento recurriendo a la estadística oficial que facilita el Instituto Nacional de Estadística. El curso académico 2009-2010, los porcentajes de tituladas universitarias fueron el 60,2 % mujeres y el 39,8 % hombres. En 2014, estaban ocupadas el 74,1 % de mujeres y el 78 % de hombres de esas tituladas de 2010.

El segundo bulo, es cifrar toda la brecha salarial entre mujeres y hombres en los permisos vinculados con la conciliación de la vida laboral y familiar que ejercen en mayor parte las mujeres. Y para explicar este falso argumento, recurren al trabajo a tiempo parcial desempeñado mayoritariamente por mujeres. De nuevo, recurrimos a la estadística oficial y comprobamos que solo el 5,22 % de mujeres con empleo asalariado, recurren a esa modalidad de jornada para ocuparse de los cuidados de su familia y el 0,30 % de los hombres, lo hacen por la misma razón.

Incluyen en ese apartado, las excedencias por cuidados de hijos y familiares. Cuando una trabajadora recurre a este tipo de permisos no recibe salario alguno. Por tanto, no computa al calcular los salarios medios de las mujeres. Por último, se aducen las reducciones de jornada por cuidados. A este respecto, no hay información que lo acredite, por tanto, no se entiende que se justifique la brecha salarial con la conciliación de la vida familiar y laboral.

El tercer bulo, difunde la incredulidad acerca de que una mujer y un hombre cobren distintos salarios por desempeñar los mismos trabajos. Es una de las maneras más habituales de discriminar a las mujeres. Desempeñando el mismo trabajo, una mujer y un hombre, a los que en principio se les asignan idénticos salarios base, en la mayoría de los casos, negociados y acordados en los convenios colectivos, a la vuelta de unos años e incluso en menos tiempo, la dirección de la empresa le asigna uno o varios complementos al hombre y no a la mujer. Ese completo de carácter discrecional que sólo el empresario o empresaria tienen la capacidad de otorgar, se convierte en el inicio de una brecha que se agranda en el tiempo. Esos complementos salariales, forman parte de un salario, sobre el que luego se asignan las pagas extraordinarias y otro tipo de remuneraciones.

La única certeza, la infravaloración de los trabajos de las mujeres. El trabajo de las mujeres no se reconoce en la misma medida y en la misma cuantía de salario que los desempeñados por los hombres. Los sectores feminizados, son los sectores peor retribuidos. En sectores donde la presencia de hombres y mujeres es equilibrada, los salarios de ellos siempre son más altos. Las categorías profesionales feminizadas, son las categorías peor retribuidas y con menor reconocimiento social. Y en las ocupaciones donde la presencia de hombres y mujeres es equilibrada, los salarios de ellos siempre son más altos. Aunque ellas tengan mayor nivel de formación académica.

La discriminación salarial hacia las mujeres, reporta enormes beneficios a las empresas y en ellas lo saben.


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