Helena Vidal

Escribir este artículo es duro y me embriagan las emociones Me resulta frustrante observar que en los partidos con los que puedo sentir más afinidad (no solo Verdes EQUO del que soy afiliada) se caiga una y otra vez en dinámicas machistas a pesar de que, a su vez, se emplee de forma recurrente el discurso feminista. Entiendo que al final todas, todes y todos hemos vivido nuestro proceso de socialización en una cultura y contexto cisheteropatriarcal, pero creo que estos partidos llevan suficiente tiempo hablando de la teoría como para mirarse en el espejo, ver las disonancias entre lo que defienden y lo que practican y empiecen a realizar un proceso de cambio.

Para entender las dinámicas patriarcales instauradas en los partidos se tendría que analizar qué factores han impedido a las mujeres avanzar en su carrera política. Habitualmente son hombres quienes ocupan los cargos con mayor poder y responsabilidad, los primeros de la lista electoral o las caras más visibles de la organización. Analizar estos factores para poder aumentar la participación tanto en las organizaciones internas como en las listas electorales es vital para poder cambiar esta realidad. Y acciones como el establecimiento de cuotas puede ser una buena medida transitoria, pero por sí sola es insuficiente, hacen falta acciones con visión de futuro. Otras opciones podrían ser fomentar la capacitación de las mujeres, desarrollar políticas internas de conciliación y revisar el funcionamiento de los partidos y sus estructuras desde una perspectiva de género e interseccional. Esto para quien no lo tenga claro, es mucho más que emplear el lenguaje inclusivo y abordar temáticas de género en los contenidos trabajados por el partido. Además, para entender la raíz del problema, hemos de analizar las relaciones de poder que influyen en las mismas. Según Raywen Connel (científica trans), las relaciones de poder se practican en los modos de ejercer la autoridad en un espacio, en nuestro caso, un partido. Y la estructura de poder son el objeto y condición que asume la dependencia de las mujeres hacia los hombres y las refuerza. A pesar de que haya mujeres preparadas y con capacidad de liderazgo, por diversas razones como dinámicas, estereotipos y roles de género, entre otras, en la mayoría de las ocasiones estas pueden aspirar como mucho a ser las segundas, y solo pasan a ser las primeras en caso de dimisiones tal y como hemos visto en muchos casos en el pasado reciente.

Necesitamos urgentemente poner sobre la mesa esta cuestión, despatriarcalizar los partidos de izquierda es vital para ofrecer una alternativa a la insolidaridad e individualismo que ofrece la derecha en este país. Y sobre esto abro paréntesis, no espero que las personas que integran los partidos de esa ideología se cuestionen y deconstruyan su machismo interiorizado cuando niegan o restan importancia a asuntos tan básicos como la violencia de género, la brecha salarial o la feminización de la pobreza. Despatriarcalizar los partidos va más allá de feminizar la política. Y por ello, el hecho de haya mujeres líderes en estos para mí solo lanza un mensaje a las jóvenes de derechas: tú también puedes llegar al poder para seguir perpetuando las desigualdades sociales.

Como decía, para despatriarcalizar los partidos de izquierda necesitamos ir a la base del problema: señores, necesitamos que trabajen en su deconstrucción y que los partidos desarrollen espacios para ello. Nosotras también, por supuesto, esto es un trabajo colectivo, muchas somos conscientes de ello y también estamos desaprendiendo estereotipos, prejuicios y dinámicas machistas interiorizadas. Y compañera, si piensas que por ser mujer ya lo tienes todo hecho, revísate cuántas opresiones reproduces a otros grupos oprimidos y desandemos juntas ese camino. Y vuelvo a dirigirme a vosotros, cuando digo señores me refiero en especial a los hombres cis hetero blancos en situación acomodada y de media de 50 años. Podríamos decir que es el perfil más repetido en los partidos y especialmente en posiciones de poder. Señores, necesitamos que sean humildes; que escuchen a las mujeres, a la juventud, a las personas LGTBIQA+, con discapacidad, etc., porque de nuestra propia lucha diaria y colectiva algunas cosas hemos aprendido y las podemos aportar. Necesitamos que entiendan que se equivocan a veces en sus formas y a veces en el fondo y que reconozcan esos errores con la alegría de querer mejorar. Comprendan que la política no es un espacio donde alimentar el ego ni aumentar poder (sino repartirlo) y, a lo mejor, A LO MEJOR, les corresponde dar un paso a un lado y dejar de ocupar el primer puesto para dar paso a nuevas formas de liderazgo (horizontales, cuidadosos, amables, diversos). No queremos que se vayan, si no que sigan participando desde otra posición, menos visible, la que hemos desempeñado las mujeres mucho tiempo ¿podrán hacerlo?

Entiendan también que estamos en partidos con intención de mejorar lo que ya está establecido, por eso son progresistas. Y lo establecido no va a cambiar con las formas masculinizadas de relacionarnos de siempre: imposición, aplastar a las minorías, dejar ir a gente valiosa porque no ha sido escuchada ni tenida en cuenta, llamar enemigo/traidor a todo aquel que no hace y dice lo que yo (de tu partido o de un partido aliado), negociaciones duras, malas formas, ataques personales, etc. Me pueden considerar ingenua por pensar que los partidos y el ejercicio de la política pueden funcionar de otra manera, pero creo que los ingenuos son ellos al pensar que el sistema va a cambiar con las mismas malas artes que se nos ha enseñado desde el propio sistema. Practicar la amabilidad es revolucionario, hablar con cariño y aprecio con quien no estás de acuerdo, buscar grandes consensos o los acuerdos de mínimos que hagan sentir cómoda a la gente que integra un proyecto, facilitar el diálogo, seguir mejorando la participación y la democracia interna, la escucha activa, la comprensión y la aceptación de quien piensa diferente. También creo que es fundamental un rol de mediadores por parte de quienes ejercen los liderazgos así como de hacer sentir a la gente cuidada y valorada para ganar apoyos en lugar de perderlos.

Me siento orgullosa de tener amistades de gente joven en distintos partidos de la izquierda por lo que puedo compartir mis sentires con ellas respecto a mi partido y observamos las mismas dinámicas patriarcales en todos, así como analizamos que esto disminuye bastante en los algunos de los espacios de mujeres, LGTBIQA+ o de jóvenes. Pero vemos también que muchas de las integrantes valiosas que luchan por cambiar esas dinámicas, se marchan agotadas, no por no conseguir llevar a cabo sus propuestas, sino por cuestionar la base en la que se sustentan las decisiones y el cómo se han desarrollado los procesos. Se marchan porque han pasado de ver su partido como un espacio de participación útil a percibirlo como un espacio inseguro y hostil, buscando la alternativa en movimientos sociales o en ONG donde seguir aportando mientras se sienten bien (la mayoría de las bases que participan en estos espacios son mujeres). Y es maravilloso que encuentren donde participar, pero me apena y me avergüenza que los partidos no sean esos espacios. “Las formas son el fondo”, “la vida y los cuidados en el centro”, “el futuro será ecofeminista o no será” son frases que utilizamos mucho desde el ecofeminismo y están cargados de verdad en cuanto a cómo podríamos hacer la política. Con humildad y cariño les digo que llegaremos y representaremos a más gente cuanto mejor trabajamos dentro, mejor tratemos a las personas de partidos aliados y más gente diversa quiera entrar a los partidos porque se siente escuchada y representada. Por favor, dense cuenta y empiecen a actuar, nos va literalmente la vida en ello. 


Por Helena Vidal, activista en Juventud Verde. Graduada en Psicología, especializada en Intervención social y Mediación.

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