Elvira se despertó como un resorte. A las 7,45 horas en punto, sus ojos estaban abiertos como los de un gato. Como tantos años antes. Pero esta vez, no había un solo ruido en casa que advirtiera que había vida en ella, más allá de sus propias tripas (era el tercer día que se acostaba sin cenar, más por puro cansancio que por no querer comer). Hoy no tenía que preparar el desayuno, ni a los niños ni a su marido.

A sus niños no, porque Adrián tenía 18 años y era un flamante universitario que vivía en un piso de estudiantes compartido, y a Candela tampoco, porque aunque vivía en casa todavía, era una adolescente de 15 que se preparaba los cereales sola. A su marido menos, porque hacía tres años que ya no compartían nada; ni piso, ni gastos, ni cariño, ni reproches. Y mucho menos cama.

Sabía que vivía en régimen de apareamiento con una chica rumana, veinte años más joven que ella (y también que él).

Se desperezó y a los pocos segundos sonó el característico tono de whatsapp. Lo miró: Eran sus amigas del grupo de Zumba, que le recordaban que hoy, precisamente hoy, era 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Hacía dos años (justo un día como el que ahora mismo vislumbraba a través de la ventana de su habitación, gris y lluvioso) que la habían echado de una importante cadena de supermercados. Sin explicaciones, sin razones. Simplemente le habían comunicado por SMS que al día siguiente pasara por las oficinas a recoger su finiquito.

Ahora, lejos de la rutina (y de un sueldo seguro) trapicheaba como podía y donde podía (cortaba el pelo a señoras jubiladas en una residencia, fregaba pisos, limpiaba escaleras, colegios, hospitales)….allá donde la llamaran, sin sueldo fijo, sin garantías de continuidad y sin cotizar; todo dinero negro. Tan negro como los resquicios de sus uñas. Aunque ella se frotaba con paciencia cada noche antes de echarse a dormir, hay olores y manchas que no desaparecen nunca.

Alba la miró un segundo, como miran los perros a su amo cuando ambos aún llevan el sueño pegado a las orejas, antes de salir por la puerta y despedirse a toda prisa con un simple: ¡Adiós, mami!

Elvira se preparó el desayuno (café con leche y tostadas con pan del día anterior, no estaban para desperdiciar nada), y abrió su portátil, una de las pocas pertenencias que había podido conservar tras una separación y divorcio especialmente tortuosos…

Pedro había litigado para llevarse la mayor parte de las cosas que estaban a su nombre (se casaron en régimen de separación de bienes) y como podía pagarse buenos abogados, había ganado, claro.

Desplegó Google y tecleó: Origen del día 8 de Marzo….y se puso a leer con su ya frío café en las manos:

“ En marzo de 1857, en el marco de la revolución industrial, varias mujeres salieron a protestar a las calles de Nueva York condenando las míseras condiciones en las que trabajaban en el sector textil. Si bien pueden ser estos los inicios de la celebración internacional, no está claro si este hecho tuvo lugar el día 8.

Más adelante, el 28 de febrero de 1909, de conformidad con una declaración del Partido Socialista, se celebró en Estados Unidos el primer Día Nacional de la Mujer, aunque sólo tuvo seguimiento en Nueva York y Chicago.

Esta reivindicación llegó un año más tarde a Europa.

En 1910, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, a la que acudieron más de 100 mujeres de 27 nacionalidades distintas, decidió celebrar el Día Internacional de la Mujer, con el objetivo de reivindicar los derechos de la mujer y ayudar a conseguir el sufragio femenino universal. Aunque no se decidió una fecha fija, el siguiente año Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza celebraron la jornada por la mujer el 19 de marzo (precisamente el mismo día que en España se celebra el día del Padre) con mítines y actos de protesta y reivindicación.

No está aclarado, pero puede que en España se comenzara a celebrar el Día de la Mujer en 1936. Coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, la ONU declaró en 1975 el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.

En su origen esta jornada era para reivindicar el papel de la mujer en el mercado laboral. Ciertamente, sus inicios radican en las protestas de las mujeres trabajadoras de Nueva York, que reclamaban mejores condiciones, mismo argumento que el que se expuso en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas.

Sin embargo, para que fuera un día en el que reivindicar el papel general de la mujer, no sólo como trabajadora, pidiendo la igualdad en la sociedad, la ONU lo declaró simplemente como Día Internacional de la Mujer.

El color morado es el color representativo del Día de la Mujer, y el que adoptan las mujeres o los edificios como signo de la reivindicación. Fue el color que en 1908 utilizaban los sufragistas ingleses.

En los 60 y los 70 las mujeres socialistas escogieron este color como símbolo de la lucha feminista y posteriormente se le asoció a la jornada que se celebra cada 8 de marzo.

El color está relacionado con la mujer y la igualdad de sexos.

Sin embargo, nadie sabe muy bien por qué. La leyenda cuenta que en realidad este color se adoptó en honor a las 129 mujeres que murieron en una fábrica textil de Estados Unidos en 1908 cuando el empresario, ante la huelga de las trabajadoras, prendió fuego a la empresa con todas las mujeres dentro. Las telas sobre las que estaban trabajando las obreras eran de color violeta, por lo que se dice que se generó una columna de humo de este color que podía verse a kilómetros de distancia.

Pero, como ya se ha dicho, es sólo una leyenda…”

Elvira se paró un momento a pensar si tenía algún vestido o alguna camiseta de color morado que pudiera llevar por si se animaba a ir a la manifestación (ya había estado el año anterior en la que se organizó para protestar contra la Violencia de Género y el feminicidio) aunque intuía que esta de ahora tendría el mismo efecto en la sociedad: Ninguno.

Aún se resistía a abandonar el último acto de fe; creer que las protestas servían para algo más que para perder el día entero, recibir quizá algún coscorrón, o incluso alguna mirada lujuriosa o algún pellizco en medio de la multitud de algún maldito mandril (tenía 43 años, pero no los aparentaba, y trataba de mantenerse en un peso más o menos estable), y aunque hacía tiempo que no tenía ni ganas ni espíritu para embarcarse en una nueva relación…el punto de coquetería nunca le había abandonado, y procuraba que no lo hiciera. No por ningún hombre, por ella misma.

Le dio por recordar cuando ella y Pedro eran una pareja feliz, incluso con Adrián y Candela aún muy niños. Trabajaban los dos, llegaban agotados a casa, y aunque tuvieran horarios distintos…siempre había tiempo para el amor, reposado o subrepticio…pero intenso, siempre intenso.

Pero de aquello no quedaban ya ni recuerdos. Ni fotos. Un día de arrebato  había tirado al contenedor todo lo que pudiera aún recordarle a él

Día de la Mujer Trabajadora…qué ironía. Ahora no se sentía nada, ni trabajadora…ni mujer. Solo dejaba que fueran pasando los días, con sus trabajos irregulares, con los cambios adolescentes de Candela, y con sus propios cambios hormonales. Una putada todo.

Se vistió con parsimonia y al fin se puso una camiseta morada con un Darth Vader con sujetador y la leyenda: “8 de Marzo, que la fuerza de la igualdad te acompañe”.

Cerró despacio la puerta. Al fin el sol se había impuesto a las nubes y prometía un día radiante de luz y calor. Marzo parecía convertirse en mayo, hasta el clima iba a su bola.

Se encaminó a Gran Vía y se juró que ya nadie decidiría por ella. Nunca más. Ni su tiempo de vida. Esbozó una sonrisa y cuando vislumbró a lo lejos a sus amigas, acompañadas de hombres que habían decidido que sacrificar una jornada laboral por estar a su lado y gritar bien fuerte con ellas, era una gran idea, pensó que aún había esperanza, que la vida no empieza ni termina en un hogar, que solo es un punto de partida.

fraykinjavier

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