Cientos de miles de personas continúan muriendo de VIH avanzado, debido a que todavía hay países sin equipamiento suficiente para detectar y tratar a las personas que padecen esta enfermedad en etapas avanzadas, señala el informe ‘No hay tiempo que perder’ que publicamos hoy con motivo del Día Mundial del Sida.

Los retrasos a la hora de responder con celeridad tanto a los fracasos como a las interrupciones de los tratamientos están poniendo en peligro el reciente progreso en la reducción de las muertes por VIH.

Nuestro informe analiza a una quincena de países de África y Asia, y señala en qué punto están en cuanto a políticas, implementación y financiación para abordar el VIH avanzado, que se cobró 770.000 vidas en todo el mundo en 2018. A pesar de la existencia de las directrices sobre VIH avanzado de la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 2017, los Gobiernos han tardado en incorporarlas a sus estrategias nacionales, al tiempo que se retrasaban aún más tanto su implementación como su financiación.

Nuestra compañera Catinka Agneskog ayuda a Esther a salir del vehículo de MSF que la llevó a su casa tras ser dada de alta del Hospital del Distrito de Nsanje. Fue hospitalizada con VIH avanzado. Isabel Corthier/MSF

Hacemos un llamamiento a los países afectados y los países donantes para que implementen urgentemente las estrategias recomendadas para prevenir, detectar y tratar el VIH avanzado y el sida avanzado en el entorno comunitario.

Vidas que podrían salvarse

Las pautas de la OMS recomiendan la implementación de pruebas rápidas fáciles de usar para evaluar el estado del sistema inmunitario (el recuento de linfocitos CD4) y diagnosticar las infecciones oportunistas más comunes y mortales, como la tuberculosis (prueba de orina TB-LAM) y la meningitis criptocócica (prueba de CrAg). Estas pruebas pueden ofrecer resultados en cuestión de horas y, en combinación con la proximidad a los pacientes, el tiempo ganado puede llegar a marcar la diferencia entre la vida y la muerte para muchos de ellos.

Sin embargo, alertamos de que las pruebas rápidas casi nunca están disponibles a nivel comunitario, es decir cerca de los enfermos, a pesar de que la detección temprana podría salvar muchas vidas.

«No hay forma de que el mundo alcance el objetivo de menos de 500.000 muertes por VIH en 2020 sin una acción decisiva para asegurar la continuidad de la atención al paciente y lidiar con las interrupciones del tratamiento y la mortalidad que estas provocan», subraya Gilles Van Cutsem, nuestro asesor de VIH.

“En el pasado, los pacientes muy enfermos que veíamos eran aquellos que no sabían que tenían VIH. Hoy estamos viendo a cada vez más y más personas que han sido tratadas anteriormente, pero que han dejado de tomar su medicación y han enfermado gravemente, y también a personas cuyo tratamiento ha dejado de ser efectivo».

Más de dos tercios de las personas con VIH avanzado que ingresan en el hospital que apoyamos en Nsanje (Malaui) llegan ya muy enfermas a pesar de haber recibido tratamiento antirretroviral con anterioridad. En nuestro  hospital en Kinshasa (República Democrática del Congo), esta cifra es del 71%. De estos, más de una persona de cada cuatro muere debido a que la enfermedad está ya demasiado avanzada cuando llega al hospital.

Son muertes que podrían haberse evitado.

Desde que pusimos las pruebas rápidas a disposición de los centros de salud del distrito de Nsanje, el número de muertes en este hospital de Malaui ha disminuido de alrededor del 27% a menos del 15%.

Solo ocho de los 15 países que abarca el informe emplean la prueba rápida de orina TB-LAM para detectar la TB activa en pacientes con VIH avanzado. Se emplea en hospitales de Sudáfrica y se espera que su despliegue comunitario sea efectivo. Malaui planea extender estas pruebas a 230 centros de salud en 2020 y se están lanzando programas piloto para introducir la prueba en Lesoto y Nigeria. Recientemente se completó otro piloto en Kenia antes de un posible lanzamiento nacional.

Solo un tercio de los países analizados recomienda usar la prueba rápida para la meningitis criptocócica (que representa entre el 15 y el 20% de todas las muertes relacionadas con el VIH avanzado) para pacientes con sistemas inmunes muy débiles (Kenia, Mozambique, Sudáfrica, Sudán del Sur, Uganda y Zimbabue), pero la mayoría de estos países aún no ha implementado esa recomendación sobre el terreno.

Actualmente, en los países que cubre el informe, en atención primaria, las pruebas TB-LAM y CrAG solo están disponibles en los centros de salud que apoyamos.

Los objetivos globales 90-90-90 de ONUSIDA (lograr que el 90% de las personas que viven con la enfermedad conozcan su estado, que el 90% de las personas con VIH reciban tratamiento y que el 90% de las personas en tratamiento tengan niveles de virus indetectables en su cuerpo) asumen una sucesión de etapas de forma lineal, pero la realidad es que el modelo es circular para muchas personas que necesitan volver a hacerse las pruebas y repetir etapas por las que ya habían pasado.

“Todos debemos aceptar que el trabajo no termina una vez que las personas están en tratamiento y se encuentran bien. Tenemos que estar allí para ellas durante todo el viaje de tratamiento, lo que significa durante toda su vida», dice Florence Anam, nuestra coordinadora de Incidencia Política sobre el VIH y la TB y autora principal del informe. “No terminaremos con los estragos del VIH cavando más tumbas, sino haciendo todo lo posible para mantener a las personas sanas, sin importar dónde vivan y cuáles sean sus circunstancias personales. Deben recibir apoyo mental y médico lo más cerca posible del lugar donde viven».

Algunos países como Lesoto, Malaui, Kenia y Uganda, han logrado progresos iniciales con la implementación de guías para la atención al VIH avanzado, pero necesitarán apoyo financiero. Los donantes deben priorizar los enfoques que reducen la mortalidad relacionada con el sida.

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