Estela Martín Martín
Miembro del FVID y de la Red EQUO Mujeres


Cualquier  persona para poder tomar el control de su vida necesita tener una serie de recursos y apoyos, como son: educación, empleo, red social en la que apoyarse,… Elementos y herramientas con las que sentir que puede dirigir su vida y decidir qué, cómo, dónde y con quién, sentirse libre e independiente.  

Pero si se le niega la educación, el empleo, o el disponer de una renta lo suficientemente digna para vivir, se le impide el poder ir a donde desea o vivir como quiere… Se le niegan las herramientas o apoyos que necesita. Esto es lo que les ocurre a las personas que son discriminadas por su diversidad funcional, por el simple hecho de tener unas determinadas características biológicas, se les niegan todos los derechos humanos y civiles que hacen posible que puedan controlar su vida. 

Escultura de mujer. Autora: Paula Verde Francisco

Al ser invisibilizadas las personas con diversidad funcional, no se piensa en sus necesidades a nivel político, económico y social y, lo que deberíamos considerar de forma natural como parte de nuestra vida, lo vemos como extraño o especial. De no ser así, se diseñaría para todas sin ninguna complejidad y la accesibilidad de nuestras calles estaría a la orden del día, conoceríamos la lengua de signos, el braille o la comunicación aumentativa sin ninguna dificultad. La normalización de la diversidad humana pone a las personas en situación de equidad y de no vulnerabilidad. 

La negación de sus derechos las discapacita como personas y como ciudadanas: son las que más probabilidades de sufrir abusos de todo tipo, desde el acoso escolar hasta la violencia sexual, de género, familiar, o malos tratos tanto en el entorno familiar como en las instituciones, que en el caso de las mujeres se agudiza.

Frente a un 0,3% de personas analfabetas sin discapacidad tenemos un 0,7% de personas analfabetas con discapacidad, según el INE. 

En cuanto a empleo, no sólo hay una diferencia importante entre personas con y sin discapacidad, sino que, al diferenciar por género, nos encontramos con una brecha salarial entre hombres y mujeres muy importante: frente al salario anual bruto de los hombres que es de un 21.079,2€, el de las mujeres es de 17.730,8€. 

Con estos pocos datos va quedando en evidencia que se condena a la pobreza y a la exclusión  a muchas personas con diversidad funcional, en el caso de las mujeres las pone en una situación de vulnerabilidad y dependencia absoluta. 

Según el CERMI el 31% de las mujeres con discapacidad sufren violencia de género, el doble que el resto, son datos recogidos de las mujeres que están en una menor situación de dependencia. Una gran mayoría de mujeres no dispone de los apoyos y recursos necesarios para poder contar o denunciar estos actos de violencia sufridos, con lo que el resultado sería aún más grave.  

La violencia que sufren las mujeres con diversidad funcional, en muchos casos es tan sutil que ni se identifica porque se les ha acostumbrado desde la más tierna infancia a que su cuerpo no sea respetado, con lo que no puede diferenciar un abuso de lo que no lo es, y si lo identifica seguramente es porque le causa dolor. Es probable que la persona causante de la violencia sea de quien depende para lo más básico de la vida diaria, por tanto, de quien depende para poder denunciar o comunicarse.

No se puede dejar de lado el tema de las esterilizaciones y abortos forzosos, que se ejecutan sin darles a estas mujeres la información necesaria para que den o no su consentimiento. Son otros los deciden por ellas, normalmente, las familias, dirigidas por médicos y/o jueces.

Existen distintas herramientas y recursos como la Asistencia Personal, la Accesibilidad Universal y el Diseño para todas, y otros tipos de apoyos como son los productos ortoprotésicos, que darían un giro a esta situación. Como deja bien claro la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, a la que ya vamos con once años de retraso en su cumplimiento. 

La Asistencia Personal,  junto con el disfrute de los derechos a la Educación y a la Libre Circulación, que permiten el  acceso al empleo o a la vivienda, es decir a tener una Vida Independiente, pueden contribuir a terminar con la situación de marginación y pobreza en la que se encuentra este colectivo. En mayor medida las mujeres con diversidad funcional, por ser ellas las que poseen una mayor interseccionalidad en discriminaciones.


Estela Martín Martín, Activista por los Derechos Humanos y por los Derechos de las Personas con Diversidad funcional. Miembro del Foro de Vida Independiente y Divertad, FVID. Miembro de la Red EQUO Mujeres.

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