Luis Rico García-Amado
Coordinador de Ecologistas en Acción


“El que compra un coche no está comprando un trozo de espacio público. Si te compras una vaca no tienes derecho a aparcarla en la calle aunque sea tuya. No debemos olvidar eso”. Esta frase de Miguel Anxo Fernández Lores, alcalde de Pontevedra, zanja perfectamente la polémica que han levantado tanto PP como Ciudadanos con respecto a Madrid Central. Porque lo que está al final en juego ya no es solo la salud, que es un asunto vital, sino el reparto del espacio público y nuestra capacidad de reacción ante el cambio climático, que son también cruciales.

Madrid Central no es más que una zona de bajas emisiones, en el distrito Centro de la ciudad. Este tipo de zonas existen en varias ciudades y están recomendadas por la UE para mejorar la calidad del aire. A estas alturas está más que demostrado que los coches son la principal causa de la pobre calidad del aire que se respira en Madrid y que la única solución pasa por restringir su uso. El tráfico es responsable del 74,4% de la contaminación por NO2 en Madrid (la famosa boina de Madrid) y es también una de las fuentes principales de otros contaminantes, como el ozono troposférico o las partículas (PM10 y PM2.5). Y esa contaminación es responsable de más de 400.000 muertes prematuras en Europa, 28.000 de ellas en España, y entorno a 3.000 en Madrid, ya que es la ciudad ibérica que experimenta más contaminación persistente y más días de picos de contaminación. Se trata por lo tanto de un asunto de salud pública notorio. La Asociación Madrileña de Salud Pública lo deja claro en su comunicado de apoyo a Madrid Central.

Cabe recordar al respecto de la salud que la Unión Europea ha advertido al Gobierno central de las multas que puede imponerle por superar durante 9 años seguidos los límites de polución. Multas que podrían alcanzar 200 millones de € (pagados por contribuyentes) por año de incumplimiento y que si no se han ejecutado ha sido precisamente por los planes de calidad del aire de Madrid y Barcelona. Por lo tanto, eliminar Madrid Central, y sin entrar en el gasto sanitario derivado de los problemas de calidad del aire, podría salirnos muy caro.

Tampoco hace falta incidir en la gravedad del cambio climático. El último informe del IPCC advertía de la necesidad de evitar un aumento de la temperatura media planetaria mayor de 1,5º. Para alcanzarlo habría que reducir emisiones a un ritmo de un 7% anual. El transporte por carretera y las ciudades tienen una alta responsabilidad también, lo que obliga a hacer cambios profundos.

El asunto del espacio público es menos conocido pero las cifras son escandalosas. De media, el espacio destinado al coche en ciudades (carreteras, calles, aparcamientos) supone entre el 20 y el 40% del total de la superficie de la ciudad, y más del 60% si se considera solo el espacio público. Espacio que se sustrae a aceras amplias, a parques, a carriles bici. El coche compite irremediablemente con otros usos, principalmente el uso peatonal. Una ciudad con menos coches es una ciudad más segura, sana y agradable, que facilita las relaciones sociales. La mayoría de las personas somos, o podemos ser, peatones. Es lo más barato y sano. No es por eso razonable seguir orientando la ciudad hacia esa minoría que va en coche, que se ha apropiado del espacio público.

Por estas razones, la resistencia a Madrid Central demostrada por el Partido Popular y Ciudadanos, es como mínimo temeraria (por usar un adjetivo suave). Está basada en Fake News, como que la contaminación se desplaza hacia otros lugares, algo que no se corresponde con los hechos (puesto que lo que normalmente ocurre es que se reduce de manera importante el uso del coche) o en alarmismo social, al decir que la infancia no va a poder acudir al colegio. Además de ignorar la existencia del transporte público, se obvia que a edades tempranas los efectos de la contaminación son muy graves. Si hay un sector al que beneficia la medida es el de la infancia. Por eso es necesario un Madrid Central libre de tráfico, sin excepciones para los colegios. Cuando en partes de Europa se están planteando cómo aislar los colegios del tráfico es irresponsable reclamar “el derecho de dejar a la prole en la puerta del cole en coche”. Es una frivolización similar a la que hacen quienes defienden el derecho a albergar armas de fuego en sus casas. O algo tan surrealista como “el derecho a atar mi vaca en la vía pública”.

En el caso del Partido Popular el ataque a Madrid Central es además oportunista, ya que presentó un plan similar siendo Gallardón alcalde y lo que es más grave, de un chantajismo casi mafioso al amenazar con denunciar el plan ante la justicia. Esa estrategia recurrente del PP de llevar ante el poder judicial, que por desgracia controla, toda medida que no salga de sus filas daría para otro artículo, porque es de las mayores amenazas a la democracia a la que nos enfrentamos.

Sería ingenuo pensar que el plan no va a trastocar la vida de las personas. Pero la gravedad del momento nos obliga a realizar tales cambios. Es nuestro principal reto como sociedad del s. XXI y de este tipo de transformaciones depende nuestro futuro. Además, Madrid Central obliga a aplicar más medidas. La primera es mejorar y hacer más accesible (con medidas como el abono social) la red de transporte público, algo que por desgracia depende en cierta medida del PP y de Ciudadanos, que están poco interesados en que este plan funcione. La segunda es ir reduciendo el espacio al vehículo privado en el resto de la ciudad, que también sufre esa contaminación, aunque ya solo el efecto de las restricciones al coche en el centro supone mejoras en otros barrios por la disminución de los viajes. Una tercera es fomentar los trayectos a pie, haciéndolos más agradables, seguros e integradores mediante la eliminación de barreras arquitectónicas, la instalación de bancos y fuentes, la ampliación de las aceras o la existencia de zonas de sombra. La cuarta sería la promoción de otros medios de locomoción como la bicicleta, que es un medio barato, rápido, ecológico y sano. Por último, habría que promover barrios activos para que todas las necesidades -ocio, vivienda, educación, cultura, trabajo, alimentación, etc.- se puedan cubrir con trayectos cercanos. El teletrabajo, limitar el alquiler turístico, apoyar el comercio de barrio, facilitar el acceso de bicicletas al transporte público, las duchas en los lugares de trabajo (para poder ir al trabajo en bici o corriendo) o asegurar plazas escolares a todas las familias en sus barrios son ejemplos de las muchas medidas que se pueden realizar.

Los cambios siempre resultan difíciles, pero esto no implica que vaya a empeorar la vida de la ciudadanía, sino todo lo contrario. Volviendo a Pontevedra, desde que empezó su transformación en 1999, la cuidad lleva años sin accidentes mortales, sin multas de tráfico, con un espacio público en el que las personas han ganado protagonismo y donde las emisiones de CO2 se han reducido un 70%. Al narrar la historia de cómo se produjo la transformación, el alcalde suele decir que hubo muchas resistencias, y por supuesto el PP denunció el plan (sin resultado alguno). Sin embargo, mucho tiempo después la ciudad ha obtenido premios nacionales e internacionales, nadie se plantea dar marcha atrás al plan, y las familias, comerciantes o visitantes han descubierto que se vive mejor sin tanto coche.

Este artículo está dedicado a Mariano González, que tanto me enseñó de movilidad.

9 Comentarios

  1. Qué asco da este tío.

    El otro día fui al hospital en Pontevedra y ya han puesto una rotonda más con otros dos pasos elevados donde antes no había nada.

    Es perfecto para las ambulancias.

    Y este tío es médico, con un par.

    Por cierto ¿Y las bicis tampoco tienen derecho? Joder con el totalitarismo.

    • El impuesto de circulación es por circular no por tener aparcado el coche en la calle. Yo tengo plaza de garaje privado y pago el impuesto de circulación y ademas un vado.
      Que me quiten el impuesto de circulación entonces ya que no aparco en la calle.

      • y cuando vas a algún lado no aparcas , dejad el coche dando vueltas con el piloto automático y luego lo llamas para q te recoja montándote en marcha.

        Es para que te hagas idea de la tontería que has dicho.

      • El impuesto sobre vehículos de tracción mecánica (IVTM) es un impuesto que grava la titularidad de vehículos a motor aptos para circular por la vía pública. No está relacionado ni con la circulación del vehículo ni con el aparcamiento.

        El vado la zona de la vía pública que se destina a permitir la entrada y salida de vehículos del interior de inmuebles. Lo más habitual es que permita el paso de vehículos por una acera peatonal, sobre la que no podrían circular normalmente.

  2. Aunque Comparto plenamente, que algo hay que hacer, y de manera urgente; en nada acuerdo con poner el uso privado de los coches tras un prisma de egoismo, insalubridad, asocialidad… por contraposición, si, pero se hace en el artículo.

    Usamos los coches , porque tal como se ha configurado la sociedad, y atendemos al hacerlo (o pretendemos atender) a las demandas que cada uno debemos afrontar )sociales, familiares, laborales…) .

    Es ciero que hay medidas que se pueden tomar, para adaptar nuestra vida, pero ni una sola de esas medidas está en general en el exclusivo (ni de forma mayoritaria, diria incluso) en manos de los que tenemos que hacer los ajustes, sino que necesitan del acuerdo de partes organicas de la sociedad )mercado laboral, escuelas, administraciones) que no controlamos.

    Así que sí, hay que hacer algo, y reducir los coches es necesario, pero , perdóneme, joder, siempre pagamos los mismos, con nuestra salud y nuestro dinero.
    Y encima, si te escuece, te daña o te desepera, pasas al bando del mal y la oscuridad…ese tan comodo.

    No, hombre, no.

    Saludos.

    • No veo que en este artículose haga una presunción de maldad en los que se mueven en coche, muy al revés se les pinta como víctimas de como usted muy bien indica una sociedad que desde los 70 nos llevó indiscriminadamente al uso del coche como una necesidad inherente al ser humano de ciudad. En su día era un símbolo de estatus ir en coche a todas partes, tener 2 o 3 era lo habitual y en muchas ciudades dormitorio de la zona noroeste de Madrid sigue siendo el modelo preeminente, ciudadanos que a su vez se jactan del aire tan puro que respiran en sus pueblos mientras se rasgan las vestiduras porque Madrid quiera tener un aire parecido, dejo al lector que juzgue el clasismo que hay en esta conducta.
      Es obvio que como sociedad no podemos seguir manteniendo que el bien de un porcentaje por muy adinerado que este sea o por mucho poder de influencia en la opinión pública que tengan marque la agenda de un país.
      El uso del coche privado de forma individual es insostenible, de momento se ha centrado en la contaminación pero como bien aborda este artículo hay que tener también en cuenta el espacio que restan al resto de actividades los coches, esto entiendo que el autor lo dice porque al final la solución no puede ser que los que tienen dinero tengan una cuadriga de coches electricos .

      saludos a todos y bonito debate

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