Luis Víctor Moreno Barbieri
Vicepresidente de Pacma

Desde niño soñé con el mar. Me hechizaron las imágenes que los documentales del capitán Cousteau nos mostraban y me imaginaba recorriendo la cubierta del Calipso, rumbo a destinos lejanos y exóticos. Luego, la madurez, me mostró que el afamado capitán también tenía sus sombras. En fin…

No fue hasta años después cuando canalicé mi vocación y comencé a sacarme las titulaciones para bucear y conocer el fascinante mundo submarino. Como parte de ese aprendizaje, realicé también diversos cursos sobre biología marina y concretamente sobre cetáceos. Estos últimos, me rompieron los esquemas y el corazón.

Me rompieron los esquemas antropocéntricos su inteligencia, su capacidad de comunicación y lenguaje, sus roles e interrelaciones entre los diversos individuos de las manadas. ¿Sabes que los delfines tienen una comunicación tan rica que, cada mensaje que emite un sujeto viene precedido por su nombre y “apellido”, es decir, a la comunidad familiar a la que pertenece? De este modo, entre otros motivos, evitan la consanguinidad a la hora de establecer relaciones de pareja. Bien podrían aprender de esto ciertas Casas Reales europeas.

Y me rompió el corazón saber cómo les tratamos, cómo comerciamos con sus cuerpos, cómo los masacramos.

España ostenta el dudoso honor de ser el país de la UE con mayor número de cetáceos presos. Cada uno de los cerca de 100 individuos que malviven en las cárceles de cristal son un mazazo directo al corazón de aquellos que tenemos la mínima sensibilidad y empatía para ponernos en el lugar del otro.

No verás a un delfín en libertad aplaudir con sus aletas pectorales, saltar sobre aros de colores, ni jugar a baloncesto… Todos los números que interpretan es bajo la coacción de la comida que le dan tras cada sesión. Literalmente, actúan para poder comer. Y son tan inteligentes y sensibles que, para aguantar la soledad, la cautividad y el aburrimiento, necesitan ser medicados con ansiolíticos como los que usamos los humanos. Son tan inteligentes y sensibles que, al igual que hizo Kathy, la protagonista de la serie Flipper, los adiestradores deben velar para evitar que se suiciden, bien dejando de respirar voluntariamente, como hizo ella, bien golpeándose con fuerza contra las paredes de las piscinas.

Para capturarlos se les persigue, muchas veces matando al resto de la familia, tal como hacen en Taiji (Japón). Durante la cacería, los animales mueren por fallos cardíacos provocados por el estrés, ahogados en redes mientras tratan de huir o al acudir en auxilio de los suyos, por las heridas infligidas, o deprimidos y debilitados en los pequeños receptáculos donde son albergados tras la captura. A menudo, los pescadores capturan y hieren a uno, para que los gritos de auxilio atraigan al resto.

Dado el complejo sistema social que mantienen, el resto de la manada que consiga escapar se verá profundamente desestructurada, poniendo en riesgo su supervivencia, al romperse los roles cooperativos y defensivos que cada individuo mantenía en el grupo.

La Ley Cero, que PACMA presentó recientemente a los diputados en el Congreso, recoge la prohibición de los espectáculos con, entre otros, los cetáceos. Este paso nos hermanaría con países como Austria, Reino Unido, Francia, Finlandia, Luxemburgo, Grecia, Hungría, Croacia, Chipre, Eslovenia, Polonia, Noruega, Suiza, Islandia, Brasil, Chile…

Uruguay, estados de EE. UU. y Australia, que ya han dado este paso. De este modo, dejaríamos de ser el vergonzoso “Delfinario de Europa” y nos quitaríamos una piedra de la pesada mochila de crueldad hacia los animales que arrastramos.

Para los animales que actualmente padecen cautiverio, la salida sería su alojamiento en santuarios como el que está construyéndose en la isla griega de Lipsi, donde podrían disfrutar de algo parecido a la libertad, en aguas confinadas y bajo estudio y cuidado de fundaciones encargadas de su bienestar, y no de su explotación circense.

La próxima vez que te hablen de la sonrisa del delfín, piensa que, más que una sonrisa, quizás sea una mueca de asco hacia el ser humano.


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