El Partido Popular y Ciudadanos naturalizaron la aceptación del partido de extrema derecha Vox facilitando su entrada en las instituciones y en los órganos de gobierno para que impongan sus postulados regresivos. La ultraderecha ganó poder tanto en Andalucía como en Madrid gracias a los pactos de la derecha y el no tender un cordón sanitario para pararlos, como sí se ha hecho en Alemania, por ejemplo.

Sin embargo, estos partidos no se han quedado solos en la ayuda prestada al fascismo y están encontrando un inestimable apoyo por parte de los medios, que en los últimos tiempos otorgan un espectáculo impensable hace una década: el blaqueamiento de la extrema derecha en prime time.

La teatralización que nos ha traído el populismo de los ultras racistas, xenófobos u homóbofos, representa la realidad actual en la que los intolerantes quieren implantar sus tesis valiéndose de televisiones o periódicos; y estos medios, encantados con esta situación, quieren hacer su agosto sin importar el coste moral y ético.

Dos claros ejemplos:

El periódico El País publico este domingo un reportaje sobre el municipio de Griñón, al sur de Madrid, donde Vox ha vuelto a arrasar con el 32,6% de los votos, siete puntos más que en las elecciones de abril.

En el texto hablan con varios votantes. Entre ellos, destacada Noe García, quien trabaja en un salón de juego y cobra 1.200 euros al mes. “No soy racista ni nada de eso (…). A mí lo que no me gusta es que la gente se meta en las casas y que no se les pueda echar, por eso voto a Vox”.

El segundo ejemplo lo pone el Salvados también del domingo, el programa de La Sexta, donde Gonzo visitó la sede de Vox en Madrid durante la celebración del partido de extrema derecha tras el 10N. Allí habla con varios de sus votantes, quienes confiesan en este vídeo de Salvados su motivos para votar a Abascal.

Frases populistas, repetidas una y otra vez en los mítines de Vox, fueron dichas una vez más, aunque esta vez en horario de máxima audiencia. «No podemos traer los problemas de otros a España sin arreglar los nuestros», es una de las frases que se pudo escuchar. Otra, «No podemos traer todos los problemas de todos a España si no hemos arreglamos primero los nuestros», parecía sacada directamente de la boca de Abascal.

«No se puede aceptar la inmigración ilegal en este país. Y eso es de sentido común. Ilegal, no se puede. Es así de simple», relataba un chico en prime time. Muchos votantes del partido de extrema derecha argumentaron que votaban a Santiago Abascal para ‘proteger’ a las mujeres.

«La mayoría de manadas que acosan a las chicas son inmigrantes», es otra de las frases que más daño hacen, siendo mentira, y que más se pueden escuchar, tras repetirla Santiago Abascal en el debate previo a las elecciones del 10N.

Difundir la agenda fascista

El periodista Pedro Vallín, de La Vanguardia, daba hace un año su opinión en un hilo de Twitter que ahora mismo cobra actualidad: «La clave es NO DIFUNDIR LA AGENDA FASCISTA. Si nos pasamos el verano dando espacios sin fin a la llegada de inmigrantes, como si viviéramos una oleada que no existe, da igual que el tratamiento sea serio y riguroso, el público creerá que tenemos un problema de inmigración».

Vallín relataba que no lo estamos haciendo bien dando pábulo a sucesos escabrosos, magnificando la llegada de inmigrantes o relatando el debate territorial en términos de selección de bandera. El tiempo le ha dado la razón tras el 10N y el ascenso de la ultraderecha.

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