Decidida a quebrar el círculo de poder que sostiene al enfermo Abdelaziz Bouteflika, la oposición y la parte del oficialismo que ha abandonado al mandatario maneja ya un puñado de nombres para liderar una hipotética transición en Argelia.

Todos están de acuerdo en que ese periodo debe ser breve, tener como objetivo único preparar nuevas elecciones presidenciales y estar en manos de una figura de consenso que no esté manchada por la corrupción sistémica que carcome el sistema.

Y en este último punto las disensiones en el seno de la oposición son aún agudas, y a ellas se agarra el círculo de poder -que aún conserva la firma del jefe de Estado en un régimen excesivamente presidencialista-, para tratar de sobrevivir a la ola de protestas populares.

Primero, accedió a que Bouteflika, gravemente enfermo desde que en 2013 sufriera un derrame cerebral, fuera reelegido para un quinto mandato consecutivo y después propuso la aplicación del artículo 102 de la Constitución, que permite inhabilitarle por razones de salud.

Ambas opciones, bendecidas por el jefe del Ejército, concederían a los fieles al presidente el control de la transición, algo que pretenden evitar a toda costa los grupos que desde hace más de un mes fomentan las protestas.

«Eran opciones que podrían haber funcionado hace tiempo. Pero ya no, la voluntad del pueblo es muy clara. No queremos nada de ellos, están fuera», explica a Efe Mustafa Bouchachi, abogado y reputado activista argelino pro derechos humanos.

En este contexto, los nombres que más suenan en los mentideros políticos son los de dos antiguos primer ministro, Abdelmadjid Tebboun y Ahmed Benbitour, y el del exministro de Comunicación y antiguo embajador en Madrid, Abdelaziz Rehabi.

Menos opciones se les conceden a otros políticos de relieve como el expresidente Liamin Zerual, descabalgado por el propio Bouteflika en 1999, el también ex primer ministro Mulud Hamruch -que se ha autodescartado- y el exministro Ahmed Taleb Ibrahimi, hijo de un reputado clérigo.

Nacido hace 74 años, Tebboun tiene a favor su breve mandato como primer ministro, cargo al que accedió en mayo de 2017 con la idea de iniciar una «limpieza general» en el gobierno aplicando la campaña «manos limpias»

Tebboun se enfrentó a la vieja oligarquía, donde comenzó a sacudir las alfombras donde se acumulaban sus privilegios, y abrió la puerta a una reforma económica que suponía el ocaso de las comerciantes que parasitan en torno al sello presidencial.

Apenas tres meses después fue destituido, un cese expedito que multiplicó su popularidad y le concedió en la calle el aura de héroe de la lucha contra corrupción y los intereses del clan político financiero.

«El programa de Tebboun, su equipo y propuesta de gobierno se adecúa a lo que la calle pide hoy. Pretendía eliminar las importaciones de productos que se podían fabricar aquí», explica a Efe un responsable político que prefirió no ser identificado.

«Tebboun está abierto a la inversión exterior y siempre ha estado en contra de recurrir al uso de la financiación no convencional. Además de eso es un hombre de terreno y conoce muy bien al pueblo y lo que este espera», agrega.

En la misma línea se mueve Ahmed Benbitour, quien también fue un efímero primer ministro y abandonó la jefatura de gobierno en agosto de 2000, apenas ocho meses después de que ser designado por una Bouteflika recién elegido.

A su favor juega su perfil técnico, alejado de la primera línea de la partida política de tahures que se ha desarrollado en Argelia durante las dos décadas de poder Bouteflika.

Originario de la ciudad central de Ghardaia y doctor en ciencias económicas, en 2012 amagó con concurrir a las presidenciales pero se retiró antes de la campaña tras denunciar que se iba a perpetrar «un fraude electoral».

Bouteflika ganó aquellos comicios de 2014 con un 81 por ciento de los votos pese a que meses antes sufrió el derrame cerebral y no participó en acto alguno de campaña.

Un perfil técnico y diplomático es también la baza que una parte esgrime para promover el nombre de Abdelaziz Rehabi, un hombre con una amplia experiencia internacional pero escaso peso y bagaje político.

Antiguo embajador de Argelia en México, Centroamérica y España, representante ante la Organización Internacional de Turismo, Rehabi fue portavoz del gobierno y ministro de Comunicación en el gabinete de Liamin Zerual entre 1998-1999, en los últimos años de la guerra civil (1992-2002).

«Existe un consenso total de que ha llegado el momento de acabar con el círculo de Bouteflika. Todos están de acuerdo en eso», explica a Efe un diplomático árabe destinado en Argelia.

«En lo que no están de acuerdo es quien debe sustituirle, y ese es a día de hoy el principal problema. Por eso la baraja de nombres», concluye.

Nacera Ouabou y Javier Martín