Una ley que no da respuesta a los problemas y necesidades que la sociedad cántabra tiene, como son el despoblamiento del medio rural, el envejecimiento de su población, la mejora de la accesibilidad mediante el transporte público, la eficiencia energética de edificios e instalaciones o una bien entendida adaptación al cambio climático.

Con el anteproyecto de ley, no solo no se resuelven los problemas de urbanismo en Cantabria, sino que se siguen errando en los objetivos, y las propuestas, a base de medidas de desregulación y construcción indiscriminada en suelo rústico, con bajada de estándares dotacionales en los suelos urbanos y urbanizables y con el desorden territorial que provocan los Planes Singulares de Interés Regional (PSIR), sin atender a los valores medioambientales, paisajísticos, culturales y patrimoniales, lo que conlleva es a un claro retroceso en el ya triste devenir del urbanismo de nuestra región.

Porque es precisamente la rehabilitación y la consolidación de los espacios edificados que está en la legislación básica estatal, el Real Decreto 7/2015, e incluso en el Plan de Ordenación del Litoral (POL) vigente, la que incumbe a muchos de los pequeños asentamientos que tienen gran valor y se pueden destruir si se permite construir lo que se quiera a su alrededor siguiendo las pautas que marca la LOTUCA.

Con la LOTUCA se amplían los núcleos consolidados mediante la vivienda dispersa, se crean nuevos núcleos dispersos, los espacios protegidos se desprotegen, se situan almacenes, naves e industrias por cualquier parte, se transforma cualquier construcción existente en viviendas de segunda residencia, además de lo relativo a las construcciones propias del rústico: explotaciones agrícolas, con sus viviendas asociadas, talleres, almacenes, guarda de aperos, casetos, sin limitación ni control territorial, permitiendo que en un futuro, puedan también convertirse en usos residenciales, todo ello sin dotaciones ni servicios.

Cuando tenemos que crecer en las ciudades, tenemos que olvidarnos de los planes parciales en futuros suelos urbanizables que, estando salpicados de viviendas unifamiliares, ya solo queda actuar a través de planes especiales de reforma interior.

Cuando necesitemos suelos para el desarrollo industrial, los suelos sin protección, también salpicados de construcciones, tenemos que ocupar algún resto de suelo agrícola de alto interés agrológico. Mediante un PSIR, podremos hacer los polígonos industriales o logísticos, que acaben con el poco territorio natural, de valor y de futuro que nos quede.

En definitiva, lo que esta ley propicia es el desorden urbanístico y el deterioro irreversible del territorio de Cantabria, bajo una falta e inexistente visión a medio y largo plazo del modelo territorial.

Ecologistas en Acción.